Rusia promete no aplicar más sanciones si la UE renuncia a las nuevas medidas

Moscú cree peligroso para su seguridad un futuro ingreso de Ucrania en la OTAN

El presidente ruso, Vladímir Putin, despacha el lunes con el primer ministro, Dmitri Medvédev.
El presidente ruso, Vladímir Putin, despacha el lunes con el primer ministro, Dmitri Medvédev.DMITRY ASTAKHOV / AFP

Las amenazas vertidas por Rusia de restringir el sobrevuelo de su espacio aéreo a las aerolíneas europeas y de dejar de comprar automóviles comunitarios quedarán en nada si la Unión Europea renuncia a aplicar nuevas sanciones sobre Moscú. El guiño que Bruselas lanzó el lunes al aprobar una dura ronda de castigos, pero al mismo tiempo aplazar su entrada en vigor, ha surtido efecto en el Kremlin, que no adoptará ninguna de esas medidas sugeridas por el primer ministro ruso, Dimitri Medvédev, según explican fuentes diplomáticas rusas ante la UE.

“Las medidas restrictivas han sido en todo momento una opción equivocada. Estamos dispuestos a retirar las restricciones que hemos aprobado sobre productos europeos en el momento en que la UE retire las suyas y no aplicaremos ninguna más si la UE no lo hace”, explican esas fuentes diplomáticas. Bruselas decidió el lunes suspender la aplicación, que se preveía inmediata, de una lista de sanciones que afectaban por primera vez al sector petrolero ruso —cerrando el grifo de la financiación europea— y ampliaban medidas similares ya en vigor para la banca y las empresas. Medvédev respondió anunciando otras represalias, que de momento quedan también congeladas.

Los dirigentes rusos tienen la certeza de estar viviendo la situación más tensa en sus siempre complejas relaciones con la Unión Europea. Las sanciones perjudican enormemente a ambos bloques —algunas estimaciones comunitarias hablaban de un impacto equivalente a tres décimas del PIB europeo para este año y de cuatro en 2015—, pero el nivel que ha alcanzado el conflicto en la común vecina Ucrania ha impulsado a Bruselas a adoptarlas, tras meses de dudas.

En paralelo a esa ofensiva diplomática, los canales de negociación siguen abiertos. Este mismo viernes se reúnen en Bruselas responsables de la UE, de Rusia y de Ucrania para intentar limar los aspectos del desencadenante de todo el conflicto: el acuerdo de asociación que Europa planeaba firmar con Ucrania y que el anterior presidente, Víctor Yanukóvich, rehusó ratificar a última hora. Finalmente el texto, que Rusia considera lesivo para sus intereses, fue ratificado el pasado mes de junio.

Los técnicos de esa negociación intentan encontrar vías para que la aplicación de ese acuerdo, que establece una zona de libre comercio entre la UE y Ucrania, no dañe a Moscú. De entrada, Rusia avisa: no podrá seguir ofreciendo a los productos ucranios el régimen preferencial de comercio que mantenía hasta la fecha, por considerarlo incompatible con la opción comunitaria de Kiev. Más allá de los aspectos técnicos, la decisión encierra una batalla política por la órbita en que se sitúa Ucrania, la europea o la rusa.

Moscú, en todo caso, puede acabar aceptando ese marco de relaciones entre Bruselas y Kiev. Lo que no admitirá —por juzgarlo peligroso para la seguridad rusa— es la pertenencia de Ucrania a la OTAN, una idea lanzada hace apenas unos días por el Gobierno ucranio, que tramita un cambio legal para acabar con el estatus de no alineamiento de su país. La Alianza Atlántica también ha querido dejar la puerta abierta a esa candidatura, aunque en la práctica no es previsible que se incorpore a esta organización en muchos años.

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