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Recuerdos de un tatuador asesinado

‘El Homie’ quería que al morir le grabasen ‘Game Over’ en los párpados cerrados

Esta es la historia de un emigrante que volvió de Estados Unidos a México

Josafat Ramírez, tatuado por su amigo 'El Homie'. Ver fotogalería
Josafat Ramírez, tatuado por su amigo 'El Homie'.

“Él me enseñó a ponerme mis Air Force”, dice Jorman Ramírez. “El pañuelo lo planchaba y lo doblaba como un triángulo para ponérselo en el bolsillo. No permitía que nadie le lavara la ropa. Él lavaba su ropa blanca en una cubeta con agua, jabón y cloro. Planchaba sus bóxers. Hasta planchaba las agujetas de los pinches tenis”, dice Eugenia Ponce. “Iba siempre a la línea, muy bien vestido, combinado, perfumado”, dice Miguel Hernández. “Siempre traía los pantalones impecablemente planchados”, añade Ponce. “Venía de San José, California”.

El cadáver de Carlos Ramírez Acosta, de 33 años, fue hallado el pasado lunes 14 de julio envuelto en bolsas de plástico en un parque de la colonia Moctezuma de México DF. Había salido de casa el viernes sobre las dos de la tarde. Su esposa le dijo que comiese antes de salir, pero él respondió que tenía prisa porque debía ir a tatuar a una gente. Se fue sin comer y sin cambiarse siquiera la ropa que llevaba del día anterior: polo Lacoste rosa, gorra rosa, pantalón de mezclilla, tenis grises con rosa, gafas de sol ahumadas. Cuando se iba, su esposa escuchó que le decía a alguien por teléfono cómo iba vestido y que aparecería en una moto roja. Una hora y media después, lo llamó para ver dónde estaba y su teléfono ya no daba señal. Tenía dos hijos pequeños de dos mujeres diferentes. La causa de la muerte fue un traumatismo craneoencefálico. No hay detenidos ni una hipótesis de por qué lo mataron. En Tepito, su barrio, un gueto urbano de mercado ambulante, era un tatuador popular. Te entregaba su tarjeta, lo llamabas e iba a tatuarte a domicilio o a donde le indicases. El día que lo asesinaron lo habían citado en un Wall-Mart. A Carlos Ramírez Acosta, que nunca llegó a quitarse el acento de hispano californiano ni algunas palabras del inglés, todo el mundo le llamaba El Homie.

'Homie' era el tatuador más popular del barrio de Tepito, en México DF. De momento no se sabe el motivo de su asesinato

Porque venía de San José, California.

Josafat Ramírez era uno de sus mejores amigos. En un edificio de Tepito habla de sus ocho años de amistad con Homie, que de niño se fue a Estados Unidos con una tía y hace diez regresó por su cuenta. Al empezar la entrevista, Ramírez se quita la malla negra que se pone en la cabeza para que su gorra de rapero no entre en contacto con el sudor. Alrededor del cráneo le queda la marca de la goma, que se va desvaneciendo poco a poco mientras cuenta cosas de su amigo. Dice que Homie era reservado sobre su pasado. Por lo que cuentan él y otras personas cercanas, no está claro por qué regresó a México. Saben que estuvo preso en San Francisco en San Quintín, esa histórica prisión donde un día dio un concierto el cantante de country Johnny Cash. Dicen que pertenecía a la pandilla latina de Los Norteños, y creen que cuando quedó libre, estuvo un tiempo más por San José y acabó yéndose de Estados Unidos porque tenía problemas con Los Sureños, la banda rival. Ramírez lo conoció un día que le pidió que le hiciese un tatuaje, y explica que luego su relación “se apretó por otras situaciones”.

–¿Qué situaciones?

–Ah, mmm, no sé, como esa hermandad en el barrio, como que… aquí se maneja mucho así como que, ayudar a alguien en cuestión de…, de…, de golpes, de conflicto, aquí se le llama hacerle un paro ¿no? Entonces, así se estrechó nuestra amistad, así se amarró, por ese medio, que mi carnal era muy…, bravo se le puede llamar, era muy bravo y en algún momento nos encontramos en una situación así y de ahí nos hicimos carnales.

El tatuador asesinado Carlos Ramírez Acosta, alias 'El Homie'. ampliar foto
El tatuador asesinado Carlos Ramírez Acosta, alias 'El Homie'.

Desde el hombro izquierdo hasta el codo tiene un retablo de tatuajes que le hizo El Homie. Arriba, una máscara que ríe y otra con las cejas tristes. “Malos tiempos y buenos tiempos”, dice. “Esto es lo que significan estas dos máscaras. Ríe ahora, llora después”. Josafat Ramírez es cantante del grupo de salsa Crazy Band. Más abajo de las máscaras tiene un payaso con un micrófono en una mano y en la otra un revólver. “Esto representa un poquito de mi vida, de la vida mía”. Sobre el payaso hay un ataúd, y al lado un martillo. “El martillo del Juez”. Por el interior del brazo tiene el tatuaje de un sicario disparando desde un coche con una pistola en cada mano. Los últimos trabajos que le hizo los tiene en el pecho. En el lado izquierdo, un payaso entre rejas con una leyenda por debajo, Bad Times.

–¿Por qué los payasos?

–Porque así es mi temperamento, sanguíneo, melancólico.

–¿Cómo sanguíneo y melancólico?

–Bueno, eso ya es meternos en otro asunto… Pero, para formar un carácter, el carácter de los seres humanos, hay cuatro temperamentos; eso lo puedes encontrar ahí en Google, en psicología temperamentos, y el mío es sanguíneo-melancólico, que es una persona que todo el tiempo está bromeando pero también pues tiendo mucho a…, a la melancolía. Y así es el temperamento nato de un payaso.

A su amigo Josafat Ramírez le tatuó un sicario disparando desde un coche con una pistola en cada mano

En el lado derecho del abdomen hay otro payaso que suelta una carcajada rodeado de un arma, de un demonio y de billetes. El Homie le estaba terminando este tatuaje. Le faltaba ponerle por abajo las palabras Good Times. Por encima de los payasos del pecho, en el esternón, lleva una frase tatuada. Sacarán a un hombre de la calle, pero no sacarán la calle de un hombre. Entre el antebrazo izquierdo pone, El cantante. Este no se lo hizo su amigo. Se lo puso por el título de una canción del mítico cantante de salsa Héctor Lavoe, que dice: Yo, soy el cantante / que hoy han venido a escuchar. / Lo mejor, del repertorio, a ustedes voy a brindar. / Y canto a la vida, de risas y penas, de momentos malos y de cosas buenas… En el antebrazo derecho lleva el nombre de uno de sus hijos y arriba, en el hombro, tiene una cicatriz que parece como si le hubiesen cortado con un cuchillo de sierra. Explica que es la marca de un balazo de “cuerno de chivo” (AK-47) que le entró por la clavícula y volvió a salir. “Dios sopló su aliento ahí, por que yo creo que iba pa la cabeza ese tiro”. Josafat Ramírez dice que antes de formar una familia y de dedicarse a la música, tuvo una vida “un poquito complicada”. La canción de salsa que más le gustaba a su amigo era Señora ley, de Tito Nieves. Él la cantó a capela el día de su funeral.

De Carlos Ramírez Acosta se cuentan más cosas en el barrio de Tepito. Dicen que hablaba “pocho, mexicamericano”, que siempre decía “oh sí” como si dijese “oh yeah”; que era serio pero le gustaba “cotorrear”. Una característica peculiar era que tenía algo de narcolepsia. En el momento menos esperado se quedaba dormido, aunque nunca soltaba lo que tuviese en la mano. Un cigarro, una cerveza. Dicen que en el armario de su casa siempre estaba “en perfecto orden”, y que tenía un sentido tan escénico de la vida que una vez alquiló una casa nueva y antes de tener los muebles o incluso la cama puso una mesa de billar. El Homie también tenía tatuajes. Todos se acuerdan de que encima del labio llevaba uno que parecía un bigote y que ponía Gangstas Need Love Too, Los pandilleros también necesitan amor. Dijo que cuando se muriese le habría gustado que alguien le hiciese el último de todos –Game Over– en los párpados cerrados.

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