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Cuba busca inversores en Europa

España es uno de los principales socios comerciales de la isla caribeña

El presidente de Cuba, Raúl Castro, el 24 de mayo. Ampliar foto
El presidente de Cuba, Raúl Castro, el 24 de mayo. EFE

La nueva ley de inversión extranjera de Cuba entró en vigor el sábado con exenciones tributarias y otras concesiones para intentar captar los 2.000 millones de euros anuales necesarios para salir del estancamiento económico y el subdesarrollo. Las inversiones son fundamentales en un país sin apenas recursos financieros y con limitado acceso al crédito al no haber saldado todavía su deuda con los acreedores del Club de París, entre ellos Rusia, que recientemente renegoció con La Habana la multimillonaria deuda contraída por la isla caribeña durante sus años de dependencia de la desaparecida Unión Soviética. La venta de servicios médicos a Venezuela y Brasil, las remesas familiares de los nacionales en el exterior y el turismo son sus principales fuentes de ingresos.

Una delegación oficial cubana se reunió estos días en Madrid, y otras capitales europeas, con empresarios del Consejo Superior de Cámaras de Comercio y funcionarios gubernamentales, entre ellos el titular de Exteriores, José Manuel García-Margallo. Los cubanos prometieron protección, garantías jurídicas y la posibilidad de “pactos” con quienes inviertan en los nuevos espacios abiertos al capital foráneo, salvo educación, salud y Fuerzas Armadas. Imposible con la antigua ley, podrán invertir en su país de origen los cubanos residentes en Estados Unidos, España y otros países, “excepto la mafia terrorista de Miami”, según palabras del ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca.

España es uno de los principales socios comerciales de la isla caribeña, que desde hace tres años acomete una liberalización económica sin soltar las riendas del poder político, en manos del Gobierno de Raúl Castro y del Partido Comunista de Cuba (PCC) desde el triunfo de la revolución castrista, en enero de 1959.

La nueva Ley de Inversión Extranjera sustituye a la aprobada en 1995 tras el colapso la URSS, su aliado político durante más de tres decenios. A lo largo del denominado Periodo Especial, entre 1991 y 1994, el PIB isleño cayó en torno al 35% y las penurias padecidas por la población fueron de tal magnitud que el régimen se vio obligado a abrir partes de su economía al capital exterior.

Necesitamos captar recursos financieros y lograr inversiones en sectores estratégicos

Ileana Núñez, viceministra de Comercio Exterior e Inversión Extranjera

“Necesitamos captar recursos financieros y lograr inversiones en sectores estratégicos”, dijo en Madrid la viceministra de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Ileana Núñez, a quien acompañaron altos funcionarios de varios ministerios. La nueva ley de inversiones, aprobada el 29 de marzo, amplia los márgenes operativos de los inversores, aunque prohíbe a las empresas extranjeras contratar a sus trabajadores de forma directa y asociarse con los emprendedores privados de la isla, cerca de 450.000 tras las reformas aprobadas por el VI Congreso del PCC en abril de 2011. “La ley es todavía muy discrecional”, según el economista cubano residente en Colombia Pavel Vidal. La Habana estudia los primeros 23 proyectos de inversión, en la zona franca de Mariel, de empresas de España, Francia, Italia, Brasil, Rusia, China y Holanda. Para permitir una normalización inversora, Cuba deberá solucionar también la actual dualidad monetaria, la convivencia del depreciado peso nacional y el CUC convertible, equivalente al dólar.

Paralelamente, el régimen castrista intenta reordenar sus quebradas cuentas con el Club de París. Un eventual acuerdo, que probablemente incluiría quitas ante la imposibilidad de cobrarlas, permitiría a Cuba emitir nuevos títulos de deuda y mejorar su reputación, maltrecha por los incumplimientos. El grupo reúne a 19 acreedores: Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Gran Bretaña, Holanda, Irlanda, Italia, Japón, Noruega, Rusia, Suecia y Suiza. A finales del pasado año, una delegación del Club de París viajó discretamente a La Habana para abordar la posible reestructuración de la deuda, que ascendía a 35.500 millones de dólares (26.000 millones de euros) al cierre del año 2012, según la contabilidad oficial del club. No obstante, más de 20.000 millones de dólares corresponden a la contraída en rublos durante la dependencia soviética. El 90% de esa cantidad fue condonada por Rusia en 2013.

Cuba sólo puede pedir préstamos en el Banco Internacional de Inversiones, creado en 1970 por Moscú y sus aliados. Lo integran Bulgaria, Cuba, Eslovaquia, Rumanía, Mongolia, Vietnam, República Checa y Rusia. La isla ha reestructurado sus deudas comerciales con China, Japón, México y Rusia. Los acuerdos pasan por la condonación de parte de la deuda, según Richard Feinberg, analista del centro de investigación Brookings, en Washington. “Pero para que los acreedores del Club de París puedan tener un poco de confianza en la capacidad de pago de Cuba, deberían conocer más su balanza de pagos y sus reservas.