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El populista Orbán aspira a una nueva mayoría en Hungría

Los sondeos electorales sitúan como tercera fuerza a la extrema derecha

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, pronuncia un discurso en marzo pasado. Ampliar foto
El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, pronuncia un discurso en marzo pasado. REUTERS

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y su partido, Fidesz, encabezan todos los sondeos para ganar las legislativas del domingo en Hungría, con entre el 47% y el 51% de los votos. Después de cuatro años de intensos conflictos con la UE por erosionar la democracia húngara, y de recibir también las críticas de Estados Unidos y de varias organizaciones internacionales, el populista de derechas, de 50 años, se dispone a lograr su segundo mandato consecutivo.

Con cierto desánimo, Bálint, de 21 años y estudiante de Derecho resume la sensación que tienen muchos ante esta campaña electoral: “La única duda es con qué mayoría ganará Fidesz” comenta en la cafetería de su facultad, en la Universidad Eötvös Loránd de Budapest. En las anteriores elecciones de 2010, Orbán logró una enorme mayoría que le permitió controlar dos tercios del Parlamento. Con esa fuerza, el Ejecutivo emprendió una catarata de rápidas reformas en todos los ámbitos, desde la prensa al Banco Central o la judicatura, y empezando por la Constitución, que ha reescrito, y la ha enmendado cinco veces desde 2012. Bruselas ha vigilado con creciente inquietud la deriva autoritaria que iba tomando el país y ha presionado a Budapest para que garantice los mínimos equilibrios de poder en su afán por acapararlo. “Ya tenían el respaldo para hacer todas las reformas con los dos tercios, pero si repitieran esa mayoría aún se legitimarían más”, afirma Bálint, que votará por los verdes del LMP (La Política puede ser diferente).

Uno de esos cambios echará a andar el domingo. La nueva ley electoral —muy criticada por quienes creen que Fidesz, entre otras cosas, ha rediseñado las circunscripciones a su favor— reduce el número de diputados —de 386 a 199—, elimina la segunda vuelta y permite, por primera vez, que voten las minorías húngaras que quedaron en países vecinos tras el Tratado de Trianon de 1920, por el que Hungría perdió gran parte de su población (ahora tiene 10 millones) y dos tercios de su territorio. Desde 2011 se han naturalizado como húngaros medio millón de personas. “Fidesz prometió que les daría la nacionalidad, pero no dijo nada del derecho a voto hasta 2011”, explica Robért Laszló, un analista electoral del think tank Political Capital de Budapest. “Unos 200.000, de ese medio millón, se han registrado para votar. De ahí saldrán unos 120.000 votos válidos, y el 90% serán para Fidesz”, pronostica Laszló.

En las calles de la capital apenas se ven carteles electorales, y los que hay no son de lo más elaborado.

En las calles de la capital apenas se ven carteles electorales, y los que hay no son de lo más elaborado. Uno del partido del Gobierno consiste en una enorme cara de Orbán con media sonrisa donde se lee: “El primer ministro de Hungría”. Y ya está. Tampoco la oposición de izquierdas ha sido capaz de plantar cara a Orbán. Fragmentada —es una coalición de cinco partidos llamada Unión, entre los que el mayor es el Socialista—, con un liderazgo poco claro, con las mismas caras de siempre —hay dos antiguos primeros ministros en sus filas, uno de ellos particularmente rechazado—, y a la que le han salpicado varios casos de corrupción en las últimas semanas.

Solo la extrema derecha de Jobbik, el partido antigitano, antisemita y antisistema que es la tercera fuerza política en Hungría desde 2010, parece que va a consolidarse en su nicho de votantes e incluso, según dos sondeos, de Tarki y Medián, puede llegar a rozar el apoyo que tiene la coalición de izquierdas, segunda fuerza. Aunque en su programa mantienen medidas racistas hacia los gitanos, en los folletos que meten en los buzones no hablan de ellos, han colocado motivos florales y salen caras sonrientes. “Se ha presentado como un partido más moderado, joven, moderno, para tratar de recoger votos de los indecisos y de desencantados con Fidesz”, explica el analista y experto en extrema derecha Peter Krekó, de Political Capital. “Seguramente pueden conseguir más que en 2010 [cuando tuvieron casi un 17%], algo alrededor del 20% de los sufragios".