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Fútbol contra la exclusión indígena

Un equipo de la Primera División de Ecuador busca reivindicar el peso de la comunidad quechua frente a la apatía de la sociedad

Luis Chango, presidente del club de fútbol ecuatoriano Mushuc Runa.
Luis Chango, presidente del club de fútbol ecuatoriano Mushuc Runa.

El fútbol “era cosa de vagos” para los adultos de la comunidad indígena de Pilahuin (en la provincia ecuatoriana de Tungurahua). Allí nació Luis Chango hace 45 años y tuvo que ser muy ingenioso para jugar al fútbol a escondidas. Con sus amigos invadía los campos trillados de cebada e improvisaban un par de porterías. Jugaban con una pelota de trapo que a veces rodaba y otras se enganchaba en los alambres de púas que cercaban estos terrenos. Luis explica que los adultos no querían que los niños se distrajeran de las labores habituales en el campo como cuidar del ganado y de sus hermanos menores, cultivar la tierra o salir a la ciudades a vender sus productos. Pero tras convertirse en un próspero empresario, él desafió el destino y decidió invertir en esa “cosa de vagos” llamada fútbol.

Chango es el presidente vitalicio del Mushuc Runa Sporting Club, el equipo indígena que debutó en ligas barriales en 2003 y que este año participa en Primera División del fútbol de Ecuador. El único antecedente es el equipo indígena de Los Imbayas, que nació de la década del 40, pero no pasó de la liga local de la provincia de Imbabura.

Mushuc Runa significa Hombre Nuevo en quechua y debe su nombre a la Cooperativa de Ahorro y Crédito que también lidera el indígena de Pilahuin que se negó a ser solo un comerciante de ajo. Este fue su negocio inicial, empezó hace 16 años, con 38 socios que aportaron un poco de dinero, seis sillas, un escritorio y una máquina de escribir Brother. “Yo miraba que en la ciudad nos discriminaban, nos nos recibían en los bancos, nos sentíamos acomplejados”, cuenta Chango.

Sobre la discriminación a los indígenas ni siquiera hay estudios actualizados, la última encuesta fue hecha en 2004, por la Secretaría Técnica del Frente Social y el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos. En ella el 65% de los ecuatorianos admite que hay racismo en el país, y un 10% se considera abiertamente racista. Los afroecuatorianos dicen ser las mayores víctimas de esa discriminación (88%), seguidos de los indígenas (71%).

Los esfuerzos gubernamentales para frenar la exclusión social se han limitado a un plan puesto en marcha en 2009 de cuya eficacia no hay datos. Por este programa el Consejo de Desarrollo de las Nacionalidades y Pueblos del Ecuador (CONDENPE) recibe 12 millones de dólares al año (8,68 millones de euros) para combatir la discriminación.

Mushuc Runa es un buen ejemplo de un colectivo que lucha por su inserción, según el antropólogo Fernando García, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. “Me parece muy bien que un equipo gestionado por indígenas se haya atrevido a meterse en un ámbito mestizo”, señala. “Es una democratización de la sociedad, pues en la década de los 70 y 80 un indígena con poncho no podía ni entrar en una plaza o un parque, y si alguno pasaba cerca le obligaban a barrer el lugar”.

El equipo del “ponchito”, como se conoce al Mushuc Runa, además ofrece una nueva ocupación o profesión de los indígenas, en palabras de su fundador. “Por qué no soñar con que un indígena llegue a la selección de fútbol del Ecuador, tener un narrador de deportes indígena, un periodista indígena, un fabricante de camisetas indígena… No queremos competir con hispanos, solo queremos incluir al indígena”.

No se puede calcular cuánto tiempo hará falta para alcanzar esas aspiraciones, de momento el equipo indígena está en la cola del campeonato y su mayor logro ha sido un empate a cero con un equipo de Quito. Solo dos de sus jugadores son indígenas y el resto son afroecuatorianos. Chango cuenta que el mantenimiento anual del Mushuc Runa, con 180 empleados, cuesta 2,3 millones de dólares (1,66 millones de euros). “No hemos ganado nada, pero hemos dejado historia porque ser el primer equipo quechua que llega a Primera División”.

El propietario del Mushuc Runa ya es un modelo a seguir dentro de las comunidades del centro del país. Muchos, siguiendo su ejemplo, se han lanzado a la aventura de ser “cooperativistas” o “empresarios sociales”, como se define el propio Chango. Algunos de los emprendimientos incluso se han hecho con préstamos de la cooperativa Mushuc Runa. Las cifras de la Superintendencia de la Economía Popular y Solidaria dan cuenta de que en Tungurahua, Cotopaxi y Chimborazo (provincias de la sierra centro) han germinado más de 900 cooperativas de ahorro y crédito en la última década.

La comunidad indígena parece buscar por la actividad empresarial la presencia que ha perdido en la escena política. En los noventa, el movimiento indígena demostró su fuerza de organización en las calles y consolidó su poder político con el partido Pachakutik en 2002, cuando llegó al poder aliado con el coronel Lucio Gutiérrez.

Pachakutik constituyó un bloque legislativo con 11 diputados de un total de 100 y alcanzó también cuatro jefaturas provinciales de un total de 22 y 32 alcaldías de un total de 215, incluyendo aquéllas conseguidas en alianza con otras fuerzas sociales o políticas afines. Pero, desde aquella alianza de seis meses con Gutiérrez, no ha podido reeditar su tirón electoral. El partido se fracturó profundamente y prueba de ello es que en las elecciones presidenciales de 2006, cuando Rafael Correa subió al poder, el candidato indígena Luis Macas solo obtuvo 119.000 votos. Tampoco les resultó favorable la alianza con la izquierda encabezada por Alberto Acosta para las presidenciales de 2013.

Alianza País, el partido de Rafael Correa, ha contribuido a la división del movimiento indígena. Actualmente cuenta con el apoyo de históricos del movimiento como Miguel Lluco y Ricardo Ulcuango (a quien le dio la embajada de Bolivia) y en cada elección capta a más referentes indígenas para presumir del apoyo de esa parte de la población. Pero el Gobierno también tiene fuertes enemigos en la comunidad, sobre todo aquellos que se oponen a la explotación petrolera en la Amazonía, donde Pachakutik se ha fortalecido últimamente.

Los 'ponchitos'

• El equipo Mushuc Runa significa ‘Hombre Nuevo’ en quechua y fue fundado el 2 de enero de 2003 por Luis Alfonso Chango en Ambato, provincia de Tungurahua.

• El Estadio Bellavista fue fundado en 1945 y puede albergar a 18.000 personas.

• Es el equipo indígena que más lejos ha llegado en la historia del fútbol de Ecuador. Los Imbayas, en los años cuarenta, no pasaron de la liga de Imbabura.