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La disputa marítima entre Perú y Chile llega al tribunal de la ONU

Preguntas y respuestas sobre el contencioso que enfrenta a ambos países acerca de sus fronteras oceánicas

La canciller peruana, junto a otras autoridades en la ciudad sureña de Tacna.
La canciller peruana, junto a otras autoridades en la ciudad sureña de Tacna. EFE

En el año 2008, el Gobierno de Perú interpuso una demanda contra Chile ante el Tribunal Internacional de Justicia de Naciones Unidas (TIJ) pidiendo que delimitara su frontera marítima en el Océano Pacífico. La disputa ha enrarecido las relaciones entre ambos países con el trasfondo comercial de unas aguas ricas en anchovetas, una especie que vive frente a sus costas. Lima es el primer fabricante mundial de su harina, seguida de Santiago. La decisión de los jueces se hará pública el próximo 27 de enero, y los dos Gobiernos han hecho votos por acatarla. Invocan para ello la resolución pacífica de los conflictos estipulada por el Pacto de Bogotá, de 1948, que les somete a la jurisdicción de la ONU. Es decir, al uso del derecho internacional para despolitizar problemas regionales sin que ninguna de las partes vea mermado su prestigio.

Para Perú, y de acuerdo con el Tratado de Lima de 1929, el final de la frontera terrestre con Chile se encuentra en un lugar de la costa denominado Punto Concordia. Para Chile, por el contrario, aparece a 182,3 metros tierra adentro y es una señal, o mojón, llamada Hito1.

Estas son las claves del litigio posterior.

 ¿Dónde está la actual frontera marítima?

El Gobierno peruano sostiene que no está fijada por ningún tratado, y en 2005, aprobó un proyecto de ley que modificaba la definición de sus dominios en el Océano Pacífico. Incorporó entonces una zona (pesquera) de unos 38.000 kilómetros cuadrados, reclamada como propia por el Ejecutivo chileno. Santiago rechaza el plan porque “ignora la frontera chileno-peruana fijada en los tratados internacionales de 1952 y 1954”. Según Perú, dichos acuerdos son declaraciones políticas destinadas a extender sus soberanías, y la de Ecuador, hasta las 200 millas marítimas, amén de regular las capturas. En especial las de los pescadores artesanales, que mantendrían así sus tradiciones. Su Constitución le faculta, además, para “trazar líneas esenciales en el mar”.

¿Qué pide Perú en su demanda?

Que el límite por mar entre los dos países no sea la línea paralela que marca hoy el mar territorial, y la zona económica exclusiva. En su lugar, solicita una línea equidistante que divida en dos partes iguales la frontera marítima con Chile. Ello crea un triángulo de aguas (los 38.000 kilómetros cuadrados) considerado por los chilenos parte de su dominio desde hace más de medio siglo. Lima pide también al Tribunal de la ONU que le reconozca derechos exclusivos sobre el área que rebasa las 200 millas marinas del territorio chileno, consideradas ahora internacionales.

¿Cuál es la postura chilena?

Santiago recuerda que Lima respetó hasta 2005 los límites disputados. Ha mostrado asimismo que la delimitación marítima original ha sido reconocida durante décadas para otorgar permisos de pesca, autorizar el paso de aviones o bien detener y extraditar a pescadores que la vulneraran. Actos, todos ellos, de un Estado con soberanía en el lugar y que espera conservar sus derechos.

¿Cómo afectará la decisión al sector pesquero?

Las empresas chilenas que faenan en caladeros reclamados por Perú muestran cautela. Para algunas, como Corpesca, del grupo Angelini y la segunda productora mundial de harina de pescado, un fallo adverso puede complicar sus labores. Según ha dicho su presidente, Roberto Angelini, “podría afectar casi a un 80% del volumen de capturas” en la zona situada dentro del triángulo en litigio. Por su parte, la Confederación chilena de la Producción y el Comercio, que agrupa al empresariado, espera “tranquila” la decisión judicial.

¿Pueden romperse las relaciones diplomáticas entre Perú y Chile?

El Tribunal Internacional de Justicia de la ONU fue establecido en 1945 para resolver de forma pacífica litigios entre Estados. Sus resoluciones, en especial cuando se trata de diferendos fronterizos, suelen tener cierto carácter salomónico. Una de las más recientes, sin embargo, provocó la salida de Colombia -que perdió parte de su soberanía marítima a favor de Nicaragua- del Pacto de Bogotá. Perú y Chile han hecho votos por acatar la decisión de los jueces, que es vinculante. Sus respectivos presidentes, Ollanta Humala, y el saliente Sebastián Piñera, se han esforzado asimismo por dar una imagen de unidad. La presión es inevitable, pero también lo es la necesidad de cerrar de una vez los contenciosos limítrofes y abrir el capítulo “post La Haya”, sede del TIJ.

¿Cómo afecta el caso a Bolivia, el otro vecino?

La Paz se quedó sin salida al mar en la Guerra del Pacífico (1879-1883), que libró, junto con Perú, contra Chile. Perdió entonces 400 kilómetros de costa y 120.000 kilómetros cuadrados de territorio en la zona del desierto de Atacama. El presidente Evo Morales aspira a recuperar un acceso marítimo y demandó a Chile ante el propio TIJ en abril de 2013. Tiene de plazo hasta el 17 de abril de 2014 para presentar su memoria. Chile dispone hasta el 18 de febrero de 2015 para entregar su contra memoria. Santiago podría ofrecerle a Bolivia un corredor de siete kilómetros de ancho que discurre a lo largo de su frontera con Perú, pero sin ceder soberanía. Como el pasillo sale al Pacífico por la línea paralela contestada, el fallo de los jueces internacionales puede repercutir en las aspiraciones bolivianas.