ORIENTE PRÓXIMO

Kerry convierte la paz entre israelíes y palestinos en su cruzada

Acude de nuevo a Jerusalén y Ramala en su décima visita en 11 meses Presentará a ambas partes un acuerdo marco para la firma de la paz

John Kerry en la Casa Blanca en octubre.
John Kerry en la Casa Blanca en octubre.Andrew Harrer / Bloomberg

Ni los primeros días de año nuevo se ha dado el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, para descansar de sus esfuerzos por lograr un acuerdo de paz definitivo entre israelíes y palestinos. Ha aterrizado en Tel Aviv para su décima visita a la zona, donde mantendrá reuniones con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el presidente palestino, Mahmud Abbas. En sus 11 meses como jefe de la diplomacia norteamericana, Kerry ha convertido el proceso de paz, del que muchos de sus predecesores se retrajeron por hastío, en su cruzada personal. Es un intento que algunos tildan de titánico y otros de quijotesco, en el que el veterano político ha confeccionado un acuerdo marco que, según fuentes conocedoras del proceso, pide a Israel que reconozca, sobre la base levemente modificada de las fronteras previas a la guerra de 1967, a Palestina y a esta que admita la existencia de un Estado judío con derecho a defender sus fronteras con la garantía del fin declarado del conflicto.

Kerry se ha marcado como objetivo que haya un acuerdo final con una firma histórica al nivel de la de Yasir Arafat y Isaac Rabin en la Casa Blanca, junto a Bill Clinton, en 1993. Tales han sido sus esfuerzos y tantas sus conversaciones con líderes israelíes y palestinos que ambos bandos admiten en voz baja que el propio mediador parece querer un acuerdo más que las propias partes en conflicto. De momento ha logrado grandes concesiones. El gobierno israelí está liberando en tandas a 104 prisioneros palestinos, en su inmensa mayoría condenados por ataques con víctimas antes de la firma de los acuerdos de Oslo en 1993. La Autoridad Palestina ha aceptado no acudir unilateralmente a las instituciones internacionales —entre ellas el Tribunal Penal de La Haya— hasta que expire el plazo para negociar, el 29 de abril. Hay sin embargo gran resistencia a asumir más cesiones. Netanyahu, reelegido hace un año, se enfrenta a la resistencia de los sectores más derechistas de su coalición.

“Si en 2013 hubo algo que marcó una diferencia, fueron los esfuerzos de John Kerry, su inquebrantable compromiso con la paz. Ya he dejado de contar las veces que se ha reunido con el presidente Abbas y a cuántos lugares nos ha pedido acudir para mantener reuniones”, admitía recientemente en una conversación con periodistas el negociador palestino Saeb Erekat. En la Organización para la Liberación de Palestina, sin embargo, se ve a Kerry muy solo en ese cometido, con la resistencia de una gran parte de los gobernantes israelíes. Algunos ministros y legisladores, sobre todo los del partido ultraderechista Casa Judía (Habait Hayehudi), han circulado propuestas para expandir las colonias en zona palestina e incluso para anexionarse el valle del Jordán, en la frontera con Jordania, algo que enclaustraría a un Estado Palestino en un anillo israelí. En su balance de final de año, la OLP estima que en 2013 murieron 56 palestinos en operaciones israelíes y 85 casas fueron demolidas.

Entre los colonos las frecuentes visitas de Kerry han causado un gran resquemor. El lunes unos desconocidos incendiaron coches palestinos en la villa de Dura al Qaira, cerca de la colonia de Beit El, tras pintar sobre unas paredes “recuerdos a John Kerry, habrá más” y “se derramará sangre por Judea y Samaria”, empleando el nombre bíblico de Cisjordania. Tras las cesión de liberar a los presos palestinos, Netanyahu parece haberse visto obligado a tomar otras medidas menos conciliatorias, como el inminente anuncio de aprobar 1.400 nuevas viviendas en asentamientos en Jerusalén oriental y Cisjordania. Según informó ayer el diario Haaretz se licitarán tras la marcha de Kerry, para evitar el oprobio que ya se vivió en 2010 cuando se autorizaron 1.600 hogares en zona ocupada durante una visita del vicepresidente norteamericano Joe Biden.

Kerry quiere ahora sentar las bases para un acuerdo definitivo logrando una prórroga del plazo para negociar. Su objetivo es que haya paz antes del fin del segundo mandato de Barack Obama y si no la hay, que no sea por una falta de empeño norteamericano. Para ello ha sopesado varias opciones, incluso la de que la Casa Blanca ofrezca unilateralmente un acuerdo propio que suscriban o rechacen —a su cuenta y riesgo— israelíes y palestinos. Su acuerdo marco incluye todos los puntos de fricción. Sobre todo, la modificación de las fronteras de 1967 con intercambios de territorio. Israel se anexionaría los bloques de asentamientos y la futura Palestina recibiría zonas de mayoría árabe. También pide a los palestinos que acepten una presencia militar israelí en el valle del Jordán durante un considerable periodo de tiempo después de la posible firma de la paz. Son puntos donde hay más desacuerdo que consenso. Pero Kerry ha demostrado que no se amedrenta ante tamaño desafío.

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