La aprobación de la reforma energética fulmina el Pacto por México

“El pacto está muerto”, dice el PRD, uno de los tres partidos que firmaron hace un año el acuerdo de prioridades nacionales

El presidente del PRD, Jesús Zambrano (tercero por la izquierda) junto a miembros del partido.
El presidente del PRD, Jesús Zambrano (tercero por la izquierda) junto a miembros del partido.Bloomberg

La carta de presentación del Partido Revolucionario Institucional (PRI) hace un año cuando llegó al gobierno fue el Pacto por México: un acuerdo nacional firmado por el PRI con los otros dos partidos mexicanos mayoritarios (el conservador PAN y el izquierdista PRD) para abordar de forma consensuada cuestiones prioritarias para el desarrollo socio-económico. El trato a tres bandas supuso un hecho inédito en la enconada política mexicana. Un año después, la solidez del Pacto se ha resquebrajado por el lado más delicado: el petróleo, tótem del nacionalismo político en México. El PRI y el PAN han sumado fuerzas para aprobar en el Senado una reforma energética que rompe con el modelo estatalista de producción y gestión del crudo y abre este sector a la inversión privada y extranjera, pero el tercer compañero del acuerdo nacional, el PRD, se ha descolgado en este punto oponiéndose a la reforma.

Este jueves, el presidente del partido izquierdista, Jesús Zambrano, ha dado por finiquitado el consenso básico con el que el PRI arrancó su mandato: “El Pacto está muerto. De ninguna manera regresaremos”.

Si se acepta la metáfora de la muerte, la del Pacto sería una muerte natural. Una de las banderas del PRD ha sido defender la propiedad estatal del petróleo –de hecho, el padre de este partido, Cuauhtémoc Cárdenas, es hijo del presidente que expropió en 1938 el crudo, Lázaro Cárdenas– y lo natural era que llegados al punto de tramitar la reforma energética el lazo que unía al PRD al Pacto por México se tensase en extremo. Así ha ocurrido: este martes de madrugada, de forma apresurada y con la expresiva resistencia del PRD, cuyos representante escenificaron su rechazo ocupando la tribuna del Senado, la Cámara Alta, después de 20 horas de debate, aprobó la reforma que abre el sector petrolero a la iniciativa privada.

La decisión implica modificar tres artículos constitucionales, y PRI y PAN argumentan que era imprescindible hacerlo, pues sostienen que la maquinaria estatal no se bastaba para optimizar la explotación de las reservas energéticas con las que cuenta México. Pero el PRD no quiso dar el paso de apoyar la reforma constitucional para liberalizar la gestión del crudo.

La defunción del Pacto anunciada por Zambrano deja atrás logros relevantes fundamentados en ese consenso entre partidos, como la reforma educativa, la fiscal y la de telecomunicaciones. Si bien el pacto ya había pasado por momentos de fragilidad, como cuando se revelaron irregularidades del PRI en el Estado de Veracruz para favorecer electoralmente a sus candidatos locales, no ha sido hasta ahora, hasta afrontar el test del crudo, que el consenso se ha descosido.

Zambrano ha recalcado que su partido nunca pretendió acatar una reforma en estos términos: "El PRD jamás pactó ni acordó ni firmó nada que tenga que ver con la privatización de la industria petrolera". Según Zambrano, ellos propusieron “modernizar, no privatizar” la administración del petróleo, tarea de la compañía estatal Petróleos Mexicanos (Pemex). Durante estos meses de espera por la crucial reforma energética, Zambrano había mantenido esa línea: que no había que tocar la Constitución, que lo debido era quitarle a Pemex cargas fiscales para que pudiese desarrollarse y compensar esa pérdida de ingresos públicos con una reforma hacendaria que incrementase la recaudación, por ejemplo, con una subida de impuestos a los grupos corporativos.

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Ahora, una vez que la reforma ha salido adelante, al PRD, que entró al Pacto por México, según reconoció el propio Zambrano, para no mantener a la izquierda en su papel tradicional de “oposición por sistema fuera del sistema”, le toca de nuevo replegarse al perímetro del poder: “Vamos a impulsar la consulta popular para revertir estas reformas privatizadoras”, ha dicho Zambrano, marcando como objetivo de su partido que en 2015 se lleve a cabo una votación ciudadana sobre la conveniencia de la reforma energética.

La repercusión del fin del acuerdo nacional entre los tres partidos mayoritarios es una incógnita. En abril, cinco meses después de que se hubiese firmado, Zambrano respondió en una entrevista a EL PAÍS cómo vería el panorama si el Pacto fracasaba: “Si fracasa”, dijo el líder del PRD, “habrá una involución política y estancamiento en el desarrollo del país”.

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