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Siria se convierte en escenario de una guerra regional entre chiíes y suníes

Combatientes iraquíes luchan junto a fuerzas iraníes en defensa de El Asad

Miembros del Ejñército Libre de Siria luchan en Aleppo.
Miembros del Ejñército Libre de Siria luchan en Aleppo. (reuters)

El régimen sirio capturó el miércoles la localidad de Jeque Omar, al sur de Damasco, asestándole un importante golpe a los rebeldes que han tratado de disputarle durante meses el control del cinturón alrededor de la capital. Lo más revelador de esa victoria, sin embargo, no es la toma de ese punto crucial que se halla entre dos vías que discurren hacia sur del país, sino que quienes redujeron y expulsaron a los opositores armados fueron milicianos de la organización libanesa Hezbolá y de grupos chiíes iraquíes que luchan, bajo la guía de la Guardia Revolucionaria iraní, para defender al régimen de Bachar el Asad de una ofensiva rebelde cada vez más débil y agotada.

Siria se ha convertido en un campo de batalla de fuerzas extranjeras, en una encarnizada lucha motivada por intereses foráneos y definida por la ancestral división entre suníes y chiíes, que pugnan por la preponderancia en la región. De momento, han muerto más de 100.000 personas y seis millones han abandonado sus hogares. El presidente El Asad ha ganado terreno, notablemente reforzado en los pasados meses. Ahora busca legitimidad diplomática en Occidente, colaborando en la destrucción de sus arsenales químicos, una disposición que le han agradecido tanto la ONU como EE UU.

Siria se ha convertido en un campo de batalla de fuerzas extranjeras

Los rebeldes acusaron recientemente a Irán de entrenar a milicianos chiíes, procedentes sobre todo de Líbano e Irak, en Teherán, para luego enviarles a Siria. A este último país la Guardia Revolucionara iraní ha enviado a miembros de la Fuerza Quds, cuyo cometido es propagar la causa de la revolución islámica en el extranjero. A varios de ellos se les ve, vestidos con atuendo militar y hablando farsi, dando instrucciones en vídeos supuestamente grabados en Siria y difundidos en Internet por redes de opositores, que tratan de demostrar que el régimen sirio lucha no solo por su supervivencia, sino también por los intereses de Irán.

Los Comités de Coordinación Local, una red de observadores afiliados a la oposición, informó el miércoles de una nueva ofensiva en las afueras de Damasco, en la que una amalgama de soldados sirios y grupos foráneos chiíes tratan de ganarle terreno a los opositores que se han asomado a la capital. “Atacan las ciudades con armamento pesado, cubiertos por los aviones del régimen, en zonas que llevan sufriendo el bloqueo del régimen durante meses”, dijo esa organización en un correo electrónico. Entre los responsables de la ofensiva: la milicia libanesa Hezbolá y los combatientes iraquíes afiliados a diversas milicias como el grupo Al Nuyaba, experimentados en ofensivas contra suníes y EE UU en su país.

El presidente El Asad ha ganado terreno, notablemente reforzado en los pasados meses

Hezbolá, que recibe apoyo y armamento de Irán, fue decisiva en la captura de la estratégica localidad de Al Qusair por parte de El Asad hace cuatro meses. En un principio, envió a Siria combatientes de forma discreta, para pasar a enterrar luego en público a los que despide como sus mártires. Tiene ya a entre 2.000 y 4.000 milicianos luchando allí, con centenares fallecidos en combate. Su líder, Hasán Nasralá, llegó a vaticinar en abril que los opositores “no serán capaces de derrocar al régimen por métodos militares”.

“Hezbolá ha sido instrumental en la operación de terror y destrucción de El Asad contra el pueblo sirio”, opina Bayan Katib, portavoz de la Coalición Nacional Siria, grupo político opositor que se define como moderado. “Su injerencia en los asuntos de los sirios incrementa las divisiones sectarias, que no eran parte del levantamiento original de la ciudadanía siria”.

Son, según estima la inteligencia occidental, 60.000 los combatientes extranjeros que luchan junto a El Asad por devolverle el control de Siria. El régimen lo controlan los alauíes, una minoritaria secta del chiísmo, que se enfrenta a una oposición que en su gran mayoría es suní. El Gobierno de Damasco defiende que en la oposición, donde cada vez tienen más protagonismo los yihadistas y los grupos vinculados a Al Qaeda, hay unos 70.000 extranjeros de 80 países aunque otras estimaciones los rebajan a 30.000. A los rebeldes les apoyan con fondos las monarquías suníes del Golfo.