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La recuperación de los socialdemócratas obliga a Merkel a movilizar a sus filas

El SPD repunta en las encuestas desde el debate de la semana pasada, hasta el 28% según un sondeo del diario sensacionalista Bild

Protestas contra El Assad y una intervención militar en Siria en Berlín.
Protestas contra El Assad y una intervención militar en Siria en Berlín. AFP

En su multitudinario mitin en Düsseldorf, la Unión Demócrata Cristiana (CDU) volvió a festejar el domingo con coros y carteles bisílabos a su jefa: “¡Angie!”. La canciller Angela Merkel advirtió ante 7.000 simpatizantes de que no todo está ganado y agitó, de nuevo, el espantajo del tripartito de izquierdas y del “mal despertar” que podría esperar a los centristas que voten por su rival socialdemócrata Peer Steinbrück (SPD). Merkel y los democristianos intentan movilizar a los muchos que han dado las elecciones por resueltas en las dos semanas de recta final para las elecciones del 22 de septiembre.

Mientras, el SPD repunta en las encuestas desde el debate de la semana pasada, hasta el 28% según un sondeo del diario Bild. Los democristianos (CDU/CSU) siguen estancados en el 39% de intención de voto, pero sus socios liberales del FDP han vuelto a caer por debajo del umbral del 5%. Se quedarían fuera del parlamento (Bundestag). Los Verdes bajan al 11% de los votos según el sondeo, que deja al partido euroescéptico AFD el 3%. Es un resultado inquietante para la actual coalición de Merkel.

Quien tiene más razones de preocupación ante la debilidad del FDP: si se quedan fuera del Bundestag, será el final del actual Gobierno. Pero si logran entrar, sería gracias a votantes que desvían su voto desde la CDU con la esperanza de conservar el actual equilibrio de fuerzas.

Como ya sucedió este año en las elecciones regionales de Baja Sajonia, una transfusión de votos demasiado generosa podría costarle muchos votos a la CDU y la mayoría parlamentaria al centroderecha. La opción más factible en ambos casos sería una nueva gran coalición entre CDU y SPD. Tanto los socialdemócratas como Los Verdes insistieron este lunes en que no pactarán un tripartito con los izquierdistas de Die Linke para desbancar a la canciller.

La calma chicha que impuso Merkel en lo que va de campaña encierra el riesgo de que se imponga un tema inesperado. Este fin de semana ha entrado en la campaña electoral la guerra siria, después de que Merkel cambiara de parecer en un solo día y apoyara, el sábado, la declaración conjunta de Europa y Estados Unidos pidiendo una “respuesta firme” al uso de armas químicas por parte de régimen de Damasco. La víspera, la jefa del Gobierno se había descolgado de un texto análogo de apoyo a Estados Unidos que firmaron Italia, Francia, Reino Unido, España y otros seis países que participaron en la cumbre del G20 en San Petersburgo. La democristiana y su ministro de Exteriores, el liberal Guido Westerwelle (FDP), explicaron que el viraje se debió a la decisión de esperar “una posición conjunta europea”.

Sin embargo, el cambio dejó perplejos a muchos analistas políticos, que el lunes se peguntaban por las razones de Merkel. El domingo por la noche, ella dijo en Dusseldorf que “no está bien que cinco países europeos firmen una declaración conjunta a sabiendas de que 24 horas después se reunirán los 28” socios de la Unión Europea.

Cancillería rechaza que haya un cálculo electoralista detrás de esta política. Pero los democristianos alemanes tienen presente la derrota electoral de 2002, cuando el canciller socialdemócrata Gerhard Schröder (SPD) se opuso a la invasión de Irak y ganó unas elecciones en las que parecía tenerlo todo en contra. Ahora, la posibilidad de un ataque a Siria también encuentra muy pocas simpatías entre los votantes.

Merkel trató este fin de semana de mantener su lealtad a los aliados sin enfrentarse a los ciudadanos. Sus críticos y la oposición de centroizquierda consideran que falló en ambos intentos.

Aunque la canciller pide una respuesta “conjunta” y “firme” al uso de armas químicas, ya ha dejado claro que ningún soldado alemán participará en el hipotético ataque al régimen de Bachar el Asad. En caso de que Estados Unidos se decida por una intervención militar, Berlín siempre podrá decir que hizo todo lo que pudo por encontrar otra vía. La cuestión es qué quedará en la retina de los votantes en caso de un ataque: ¿la negativa inicial a apoyar la declaración junto a Estados Unidos o el casi inmediato cambio de parecer? También queda la duda de si Merkel fue ignorada por sus socios o, sencillamente, se dio cuenta tarde de una equivocación que trató de enmendar al día siguiente.