Los alemanes: ¿como son y qué quieren?

Las dos Europas vuelcan sus opiniones sobre Alemania en una encuesta digital

Eficientes, organizados, triunfadores. O arrogantes, dominantes, autoritarios. Salvadores del proyecto europeo. O despiadados torturadores de todos los que están al sur de “la frontera de los olivos”.

Al hablar de Alemania y los alemanes, Europa parece sumida en un conflicto. Para algunos, la eurozona habría desaparecido sin el liderazgo germano. Para otros, decenas de millones de meridionales estarían mejor sin él. En vísperas de las elecciones alemanas, que tendrán repercusiones cruciales en el resto del continente, The Guardian y sus socios periodísticos en los otros tres mayores países de Europa occidental han preguntado a los lectores qué opinan sobre la actuación de Alemania en la crisis del euro y sobre las propias elecciones.

La encuesta ha tenido un volumen asombroso de respuestas, con miles de personas deseosas de airear unos sentimientos callados durante tres años. Más de 7.000 lectores respondieron en cuestón de horas, uno de los diálogos más prolíficos que hemos mantenido jamás con nuestros lectores.

Estos sondeos nunca pueden tener importancia estadística, debido a su carácter autoselectivo. No obstante, entre los chistes y la hostilidad, además de los inevitables gamberros que dicen llamarse cosas como Ernst Stavro Blofeld y Philip Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg [el nombre completo de Felipe de Edimburgo, esposo de la reina Isabel], es imposible no advertir ciertas tendencias.

En la encuesta realizada en España, el tono fue abrumadoramente negativo. “Alemania quiere aumentar su poder, imponer soluciones que le convienen a ella”, escribe Alejandro Giménez. “Está tratando de convertir los países del sur en mano de obra barata, sin derechos legales ni seguridad laboral. Cree que el euro es una moneda única cuando le viene bien y una confederación de monedas cuando le interesa más”.

Karen González dice que Alemania no solo se ha beneficiado de la crisis y ha abandonado los principios fundamentales de la UE, sino que “ha preferido poner parches que emprender una verdadera solución de los problemas que están asfixiando a países como España, y puede salirle el tiro por la culata”.

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La insistencia alemana en el rigor fiscal a cambio de los fondos de rescate de la UE ha empeorado las cosas en países que ansían algo de crecimiento que disminuya el sufrimiento, en opinión de muchos lectores. En los últimos meses, la crisis de la eurozona ha entrado en una de sus remisiones periódicas, porque los costes de endeudamiento han bajado y el continente muestra sutiles indicios de recuperación económica.

Sin embargo, para muchos griegos, como Ioannis Pelegrinis, lo peor esta aún por llegar. “Es evidente que los dirigentes alemanes defienden sus propios intereses económicos, como debería hacer cualquier gobierno soberano. Por desgracia, los defienden a costa de otros miembros de la UE y la eurozona. Esa actitud acabará provocando la disolución de la Unión Europea”.

En Italia ha habido respuestas de todo tipo, numerosas críticas contrarrestadas por algún que otro voto de confianza. “Deberíamos estar agradecidos a Alemania por los cambios estructurales que hemos visto en Europa”, escribe Lorenzo Iorio. Ezio Dallocchio insta a sus compatriotas a ser más comprensivos. “Son un modelo económico y político que otros deberían copiar, y no aborrecer como estúpidamente hacemos muchos italianos”.

Los europeos del norte tienden más a otorgar a Alemania el beneficio de la duda, aunque muchos de los que han respondido dicen que Berlín solo actúa en función de sus propios intereses y no por motivos más amplios como correspondería al hecho de ser casi los líderes de Europa. El británico Darren Mills dice: “La canciller y su país han prestado un apoyo firme a sus vecinos y socios de la UE. Eso, a pesar de que la vía escogida por Alemania no le va a granjear aplausos ni tal vez provecho. El liderazgo no es forzosamente el arte de tener siempre razón, sino de demostrar que se es fuerte y se está en primera línea. Alemania ha demostrado dotes de liderazgo y, sobre todo, ha pensado en el liderazgo”.

Sobre este tema del liderazgo, algunos encuestados responden que Alemania ha exhibido demasiada arrogancia, mientras que otros perciben una resistencia --nacida de los antecedentes históricos-- a asumir el control. Todo eso lleva a un lector anónimo a irnonizar: “Cuando a uno le critican por todas partes, quiere decir que seguramente ha encontrado el justo medio”. Ese justo medio ha permitido a Alemania convertirse en el país más importante de Europa, según algunos. “Alemania ha conseguido dar un golpe de mano en el BCE y lo controla casi por completo. Hasta Francia, que posee una economía inmensa y una gran influencia en el mundo, ha perdido todo poder auténtico”, señala el británico Robert Lowe.

Con las elecciones previstas para el 22 de septiembre, pocos esperan que vayan a producirse grandes cambios de estrategia en Berlín. Casi todos predicen que Merkel será reelegida, y el italiano Mattia Tognoni dice: “Por desgracia, la victoria de Merkel no ayudará a los países en dificultades. En cualquier caso, no creo que la población alemana quiera ayudar a quienes tienen problemas en otros países, de modo que, gane quien gane, lo tendrá en cuenta”.

No todos dan por derrotado al candidato del SPD, Peer Steinbrück. Willy Tinner, que vive en Suiza, cree que las elecciones “tendrán repercusiones para la política europea. Si gana la izquierda, podremos dejar atrás las desastrosas políticas de austeridad”.

En cuanto a Merkel, algunos opinan que es una persona terca y obsesionada por el poder que actúa en función de los intereses de su país, mientras que otros son más comprensivos y la consideran una pragmática, capaz de tener un visión más amplia. La holandesa Anouk van den Waal afirma que “si existiera una máquina capaz de construir ‘líderes para una crisis’, seguramente habríamos programado a alguien como la señora Merkel. Los europeos piensan que no tiene ideología, es pragmática, y me parece que muchos no saben si es de izquierdas o derechas. No corre riesgos, tiene una fuerza discreta y busca siempre el consenso”.

Algunos dicen que Merkel ha hecho bien en insistir en las reformas como condición para los rescates, pero se quejan de su forma de hacer las cosas, sin “vender” bien sus políticas a sus socios europeos. Y, cuanto más al sur vamos, más secas suelen ser las opiniones sobre ella.

“Merkel no ha pensado más que en la economía alemana y, por extensión, en sus votos”, escribe David Revilla Velasco, español. “Otro canciller, incluso del mismo partido, habría tenido una visión menos localista y cerrada, e incluso se habría sacrificado para hacer más por la moneda única y por Europa. La receta de Merkel es pan hoy para mí, hambre mañana para todos”.

Una metáfora gastronómica de un español, y un resumen típicamente filosófico de un francés, Jacques Lecucq. “Ya sea el marco o el euro, Alemania quiere una divisa fuerte, y no siempre es así con todos sus vecinos. Ha conseguido sus objetivos y Angela está cobrando los dividendos. ¿Se equivocaron siendo fuertes, hicimos bien nosotros en ser débiles?...”

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