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El jefe de seguridad del ‘after’ dice que los desaparecidos del DF fueron raptados

El encargado de seguridad del local afirma que sus jefes facilitaron el secuestro de los clientes

Protesta por el caso de los desaparecidos ante la fiscalía de México.
Protesta por el caso de los desaparecidos ante la fiscalía de México. EFE

La novela negra de los 12 desaparecidos de México DF tiene un nuevo capítulo y un nuevo personaje: Gabriel Carrasco, apodado El Diablo. Es el jefe de seguridad de la discoteca After-Heavens, un local abierto hasta el amanecer (y mucho más allá) en el que desapareció hace 11 días un grupo de jóvenes por cuyo paradero se pregunta todo el país. El Diablo ha sido detenido y ha declarado que los dueños del after-hours, dos hermanos y un socio, facilitaron el secuestro de los clientes, pero que se sepa no ha explicado quiénes lo llevaron a cabo.

En la declaración que hizo ante la fiscalía del DF, el guardián de la discoteca dice que sus jefes planearon el secuestro y que su tarea durante la operación era cuidar de uno de sus patrones, Mario Ledezma, y "estar al pendiente" de cómo evolucionase el rapto por si tenía que echar una mano. Mario Ledezma se ha entregado a la fiscalía este jueves por la noche. Su hermano y el otro socio siguen sin ser localizados.

Al parecer El Diablo no dijo quiénes secuestraron a los jóvenes, ni tampoco el motivo que pudiese haber detrás del secuestro, pero precisó que el principal objetivo de esta acción criminal fue uno de los 12 desaparecidos, Jerzy Ortiz Ponce, de 16 años.

Durante los últimos días, una de las hipótesis que más cuerpo han tenido es que el rapto colectivo tiene que ver con que Ortiz Ponce es hijo de Jorge Ortiz Reyes, encarcelado desde hace diez años por extorsión. Ortiz Reyes, conocido como El Tanque, fue supuestamente un peso pesado del crimen en Tepito, un barrio bronco del centro de la ciudad del que son la mayoría de los desaparecidos.

De acuerdo con esa conjetura, Jerzy Ortiz tendría alguna clase de vínculo con el mundo del hampa derivado de los tiempos de su padre, y el rapto en el que desapareció habria sido una venganza por el asesinato dos días antes de un narcomenudista en una discoteca del barrio de La Condesa, que con la Zona Rosa (en la que está el After-Heavens) y el barrio de La Roma forma el triángulo de oro del negocio, legal e ilegal, del ocio nocturno en México DF.

Hasta el momento, sin embargo, la teoría del nexo de Jerzy Ortiz con posibles cuentas pendientes de narcotraficantes no ha sido confirmada por la fiscalía. Al contrario: lo que ha reiterado el fiscal ante los medios de comunicación es que no se debe deducir nada de la filiación de los detenidos o del ecosistema en el que se moviesen.

Pero la novela negra siempre tiene (al menos) dos caras, y el goteo de filtraciones, que obviamente proviene de las autoridades –la última, sin ir más lejos, la declaración de El Diablo–, ha ido decantando las especulaciones hacia las raíces familiares del único menor de edad de los 12 desaparecidos. La familia de Jerzy Ortiz ha defendido ante este diario la inocencia del joven.

La próxima reunión de la fiscalía con los familiares de las víctimas será este viernes. En esa cita es de suponer que el fiscal, Rodolfo Ríos, les dará información de lo que hayan declarado los cuatro supuestos testigos que han arrestado: el jefe de seguridad, el chófer de Mario Ledezma, la novia de este y desde este jueves potr la noche el propio Mario Ledezma.

Otros dos testigos clave de esta desaparición colectiva están ilocalizables. Uno de ellos es un joven que supuestamente pudo evitar el secuestro huyendo por la azotea de la discoteca. Este testigo prestó declaración ante la fiscalía en los primeros días posteriores al caso y luego se evaporó. La fiscalía dice que no lo encuentra porque les dio un nombre falso y una dirección de domicilio falsa. El otro testigo del que no se sabe nada es Ernesto Espinoza Lobo, otro de los dueños del infausto After-Heavens.

México se mantiene pendiente de la resolución del caso. Una crisis de seguridad que está poniendo en jaque la estabilidad y el crédito del Gobierno del DF, aparte de la imagen de un país en el que la capital era de lo poco que se consideraba a resguardo de los desbarres del crimen organizado.

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