Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El tesorero de la campaña de Hollande invirtió en las Islas Caimán

Tras la confesión de un exministro sobre su cuenta suiza, Jean-Jacques Augier admite que creó dos sociedades opacas en paraísos fiscales

François Hollande se dispone a pronunciar un discurso en Rabat.
François Hollande se dispone a pronunciar un discurso en Rabat. AFP

La crisis moral y política creada por la confesión pública de Jérôme Cahuzac, el exministro de Presupuestos y Hacienda que mantuvo durante años una cuenta secreta en Suiza luego trasladada a Singapur, ha puesto a François Hollande contra las cuerdas. Las aguas que mezclan la mala política y los buenos negocios brotan por las alcantarillas, y mientras la derecha pide una remodelación del Gobierno, la izquierda de la izquierda y los ecologistas vuelven a emplear la vieja expresión “socialismo caviar”. La excandidata de los verdes a las presidenciales Eva Joly dijo hace dos semanas que Francia debe acometer su propia experiencia Manos Limpias —el proceso anticorrupción que acabó con los partidos tradicionales italianos en 1993—, y el tiempo parece darle la razón. Tras las revelaciones del portal Mediapart sobre Cahuzac, el diario Le Monde se sumó este jueves al clima de denuncia al publicar que el tesorero de la campaña electoral de François Hollande, su viejo amigo Jean-Jacques Augier, tiene desde 2008 dos sociedades opacas en las Islas Caimán.

La noticia estrecha aun más el cerco sobre el jefe de Estado, que ha pasado de ser la esperanza del cambio a mostrarse como un presidente débil, impotente ante la crisis, cada vez más a la defensiva y más hundido en las encuestas. Las últimas —realizadas antes de la dimisión de Cahuzac— estiman que Hollande solo tiene el apoyo de entre el 27% y el 29% de los franceses, todo un récord desde 1981. Y solo puede aferrarse a la división de una derecha igualmente acosada por los escándalos.

La investigación de Le Monde sobre las empresas secretas del tesorero de Hollande parece apuntar hacia una traslación a Francia —limitada y menor— del caso Bárcenas: el editor y empresario Jean-Jacques Augier manejó los donativos que financiaron las campaña electorales de Hollande en 2011 (primarias) y 2012 (presidenciales), pero nunca ha sido el responsable de las cuentas del Partido Socialista.

La revelación se inscribe dentro de una investigación sobre los paraísos fiscales lanzada por el Consorcio Independiente de Periodistas de Investigación (ICIJ), en la que aparecen los nombres de 130 evasores franceses. Le Monde cuenta que Augier, un discreto hombre de negocios, de 59 años, compañero de Hollande en la Escuela Nacional de Administración (ENA), abrió entre 2005 y 2009 dos sociedades en las Islas Caimán asociadas a las actividades que su grupo financiero, Eurane, realiza en China. Antiguo inspector de Hacienda y hoy editor de la revista gay Têtu —que compró en enero por un euro a Pierre Bergé, accionista de Le Monde—, Augier ha confirmado a Le Monde que cofundó en 2005 el grupo International Bookstores Limited, a petición de un socio chino llamado Xi Shu, dueño de una cadena de 600 librerías en China, del que más tarde se desvinculó. El empresario acepta también que en 2008 creó una segunda sociedad opaca para canalizar inversiones de operadores turísticos en China, entre ellos algunos europeos. Aunque Augier afirma que no tiene “ni cuenta bancaria en las Islas Caimán ni inversión personal en ese territorio”, reconoce que su holding participa en las sociedades.

De visita oficial en Marruecos, Hollande afirmó este jueves en un discurso que no conocía las actividades de Augier en paraísos fiscales, y recordó que las cuentas de su campaña habían sido aprobadas por las autoridades competentes. Pero el problema es otro. Durante las elecciones de 2012, el hoy presidente enfatizó que su gran enemigo eran las finanzas, y una vez llegó al poder hizo de las subidas de impuestos la principal agenda de sus primeros meses de mandato. Ahora, Hollande se ha visto salpicado por dos escándalos semejantes: uno protagonizado por un amigo íntimo, y el otro por un ministro clave en los recortes y la lucha contra el fraude fiscal. Y los votantes de izquierda no se lo perdonarán fácilmente.

Jean-Luc Melénchon, copresidente del Partido de Izquierda, exige “toda la verdad”, pide “limpiar la casa a fondo” y truena contra Pierre Moscovici, el ministro de Economía, al que muchos acusan de haber protegido a Cahuzac y que ya ha admitido haber sido utilizado por este y haber “pecado de exceso de confianza”. La madeja tiene mala salida. Si, como han dicho Hollande y Moscovici sobre Cahuzac, fueron engañados, quedan como ingenuos. Si sabían, peor.

El líder de la Unión por un Movimiento Popular (UM, derecha), Jean-François Copé, no dudó en decir ayer que Hollande “se está convirtiendo en el jefe de una banda”. Pero la dividida oposición tiene poca credibilidad en la materia. Tras la imputación de Sarkozy en el caso Bettencourt, cobra fuerza el escándalo de los sondeos del Elíseo. La policía registró ayer el despacho y el domicilio del periodista ultraderechista Patrick Buisson, autor de las encuestas y los discursos favoritos de Sarkozy, dando a la política francesa un aire muy italiano — “todos culpables, ningún culpable”—, que no parece digno del presidente que prometió una República ejemplar.

Más información