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Convención Nacional Demócrata

Los demócratas buscan el impulso latino

El alcalde de San Antonio, Julián Castro, abre la convención de Charlotte

El partido confía en que el apoyo hispano lleve a Obama a la victoria en noviembre

El alcalde de San Antonio, Julián Castro, durante su discurso en la Convención demócrata.
El alcalde de San Antonio, Julián Castro, durante su discurso en la Convención demócrata. AFP

Latinos y mujeres. Julián Castro y Michelle Obama. O lo que es lo mismo, artillería pesada para abrir la convención demócrata que ayer comenzaba en Charlotte (Carolina del Norte) y dar en el blanco de dos de los grupos electorales de población más importantes para el Partido Demócrata de cara a las elecciones presidenciales del 6 de noviembre, grupos que además, según cuentan las encuestas, se empecinan en dar la espalda al Partido Republicano.

Barack Obama pelea hoy por cada voto porque los números le dicen que esta elección no la tiene en absoluto ganada, que cuando llegue mañana a Charlotte, notará la diferencia que marca el peso del poder y el gobierno. Charlotte no es Denver. En Denver —sede de la convención demócrata de 2008—, el sueño estaba por realizar y el ambiente era de rabiosa efervescencia. Cuatro años después, con casi tres millones de estadounidenses más en las listas del paro, con la vergüenza que significa Guantánamo sin cerrar y una reforma migratoria por diseñar, la pregunta que enfrentaba ayer los asistentes a la convención era si ahora vivían mejor.

Ni todo el entusiasmo del mundo era capaz de poner en boca de Doretha Parkins un sí rotundo. Ni tampoco en la de Ramiro Sandoval, por más chapas de Obama que lleve prendidas en la ropa. Sandoval se queja de que el presidente no ha hecho lo suficiente “por los suyos” —aunque él haya nacido en California y hable un pésimo español—, siendo estos los cerca de 12 millones de inmigrantes sin papeles que residen en EE UU.

Con más de 20 millones de votos por cortejar en el campo latino —y siendo el presidente de la convención un hispano, el alcalde de Los Ángeles, Antonio Villarraigosa—, los responsables de la campaña de Obama sumaron dos y dos y el resultado fue que el honor de pronunciar el keynote speech —como se denomina al discurso más importante de la convención— recayó en Julián Castro, el alcalde de San Antonio (Tejas). Es la importancia de llamarse Julián, con ‘j’ bien sonora y tilde en la ‘a’, y haber nacido en un país que antes o después dará un presidente latino. Casi todas las cadenas informativas practicaban ayer su español, algunas como CNN imprimían la transcripción fonética en sus pantallas para comenzar a educar al ciudadano.

Julián Castro es, como fue Barack Obama, una estrella emergente en un firmamento escaso de astros. A Castro le faltan dos semanas para cumplir 38 años y ya hay quien dice que dejará sin trabajo a Rick Perry, el gobernador de Tejas amante de las armas y la pena de muerte. De la casa del gobernador a la carrera por la presidencia están los libros de historia llenos.

Pero Castro no tiene prisa. Al menos eso es lo que dice educadamente a la prensa. “Mi objetivo es hacer un buen trabajo como alcalde de San Antonio”, explica. “Estoy seguro de que si lo hago bien surgirán otras oportunidades”, señala Castro, que tiene firmado un contrato con los ciudadanos de la séptima ciudad más grande de EE UU hasta finales de 2016. Perfecto calendario, dicen los más sagaces.

Como Obama, Castro fue criado por su madre y por su abuela —aunque en la fotografía familiar todavía existe un padre, aunque divorciado de la madre cuando él tenía ocho años—. Como Obama, Castro daba el discurso más importante de su vida en la convención demócrata: Obama en 2004 en Boston, el que fue el primero de muchos y todavía más importantes, como quizá los de Castro.

Castro se presentaba anoche como el resultado del sueño americano anhelado por los inmigrantes. Su historia es la historia que comienza con una niña huérfana que se llamaba Victoria Castro y que llegó a EE UU a comienzos del siglo XX. Esa niña era su abuela y salió adelante cocinando, limpiando y cuidando los hijos de otros. La siguiente generación enseñó a los Castro, porque Julián tiene un hermano gemelo llamado Joaquín —otra ‘j’ sonora y otra tilde—, la importancia del activismo político. La madre de Julián y Joaquín, Rosie Castro, hoy de 65 años, perteneció en los años setenta a la Raza Unida, un partido que luchaba por los derechos de los chicanos —ciudadanos norteamericanos de orígenes mexicanos— y que se enfrentó con fuerza a la clase blanca establecida en el poder.

“Mi madre es probablemente la mayor razón por la que mi hermano y yo trabajamos en la Administración pública”, declara Castro —Joaquín es miembro del Congreso estatal de Tejas y aspira a dar el salto a Washington—. Ahora todo parece tener sentido, pero largas se les hicieron las tardes y las noches a los gemelos cuando su madre les llevaba a interminables mítines y reuniones debido a su activismo.

Dicen los tozudos números que más de dos terceras partes de los latinos (casi el 70%) votará por Obama. Sólo uno de cada tres lo hizo por John McCain en 2008. En el día de ayer circulaba por la convención un borrador en el que los demócratas se manifestaban a favor de una reforma migratoria integral y la aprobación de un proyecto de ley que acabe con las deportaciones. EE UU “necesita urgentemente una reforma migratoria integral que saque a los inmigrantes indocumentados de las sombras y les exija ajustarse a derecho, aprender inglés y pagar impuestos para obtener una senda a la naturalización”, se leía en el documento.

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