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"Se han llevado hasta las camas y las puertas del hospital"

Los testimonios de Gao reflejan la violencia y los pillajes en la crisis del norte de Malí

Un soldado maliense hace guardia en una rueda de prensa de los golpistas. Ampliar foto
Un soldado maliense hace guardia en una rueda de prensa de los golpistas. AFP

Los pillajes hacen estragos en el norte de Malí. En la ciudad de Gao, tomada por los rebeldes el 31 de marzo, escasean los alimentos y “los edificios públicos, las oficinas y los bancos de alimentos han sido saqueados”, ha asegurado un cooperante local.

“Ya no quedan coches (…) se han llevado hasta las camas y las puertas del hospital. Es un desastre”, ha dicho este empleado de una ONG bajo condición de anonimato. El cooperante ha añadido que “había más de 2.000 toneladas de cereales y aceite vegetal” en un almacén estatal, donde “ya no queda nada”.

Según fuentes locales, tres grupos se dividen el poder en Gao (a unos 1.200 kilómetros de la capital, Bamako): los rebeldes del Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA), un grupo disidente de Al Qaeda y los salafistas de Ansar el Din. A ellos se han unido traficantes de la zona. “Esos bandidos y vagabundos se aprovechan de la situación”, ha asegurado un empresario. “Roban los vehículos (…). Los habitantes de Gao están obligados a huir a pie”, añade. Sin embargo, varios testigos han señalado que los rebeldes impidieron ayer la partida de varios civiles.

Por su parte, la Junta Militar en Bamako ha denunciado “graves violaciones de los derechos humanos” en el norte de Malí, y en particular en Gao. “Mujeres y niñas son raptadas y violadas por los rebeldes”, reza un comunicado de los golpistas.

En Tombuctú, los salafistas de Ansar el Din, con el apoyo de miembros de Al Qaeda, han puesto fin a los saqueos y han anunciado la imposición de la sharía, la ley islámica. Varios bares y establecimientos que venden alcohol han sido saqueados y muchas mujeres han comenzado a llevar velo, según testigos locales. Los tuaregs del MNLA, partidarios de una “república laica", que aseguran, por contra, que son ellos quienes controlan Tombuctú.

Debido a la desbandada del Ejército y el golpe de Estado del pasado 22 de marzo, los rebeldes tuaregs han tomado en menos de una semana las principales ciudades del norte de Malí –Tombuctú, Kidal y Gao-, por lo que el país se encuentra de facto dividido en dos. A la presión del Consejo de Seguridad de la ONU, que ha instado este miércoles a los rebeldes a detener sus ataques en el norte de Malí y ha alertado la amenaza que supone la presencia de Al Qaeda en el territorio, los tuaregs del MNLA han respondido anunciando el cese unilateral de la violencia a partir de la noche del jueves, tras, según ellos, haber conseguido "la completa liberación de Azawad (norte de Malí).

El Consejo ha emitido una declaración presidencial en la que expresa “su respaldo a los esfuerzos” de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) para restablecer el orden constitucional y ha reiterado su condena al golpe de Estado. La CEDEAO impone, desde el lunes, un duro embargo económico y financiero para asfixiar a Malí y forzar la rendición de la Junta Militar. Mientras, en la capital, los partidos políticos han rechazado la “convención nacional” fijada este jueves por los golpistas para debatir el futuro de Malí.

 

El norte de Malí se encuentra totalmente aislado, inaccesible a la prensa y a las organizaciones internacionales. La región sufre, además, una crisis alimentaria que azota toda la franja del Sahel, debido a las malas cosechas y el alto precio de los cereales. Más de 200.000 personas, según la ONU, han tenido que abandonar sus hogares en Malí por el hambre y la violencia desde el comienzo de la rebelión tuareg el pasado 17 de marzo.