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Ai Weiwei se pone ante las cámaras 24 horas al día… y es desconectado

El artista y disidente había instalado cuatro cámaras dentro de su vivienda conectadas a Internet las 24 horas del día en respuesta a la vigilancia de la policía

Una captura de pantalla de la web que Ai Weiwei dispuso para transmitir su vida 24 horas al día. La página ha sido cerrada por el Gobierno chino. Ampliar foto
Una captura de pantalla de la web que Ai Weiwei dispuso para transmitir su vida 24 horas al día. La página ha sido cerrada por el Gobierno chino.

Ai Weiwei ha dado una nueva muestra de cómo aprovechar los embates del enemigo en su propia ventaja, en la más pura tradición de los maestros de artes marciales. Y Pekín ha reaccionado con celeridad, en lo que ha tomado aires del juego del ratón y el gato entre el artista disidente y las autoridades chinas.

Ai instaló ayer cuatro cámaras en el interior de su casa-estudio en las afueras de Pekín, que transmitían imágenes de su vida en tiempo real las 24 horas del día, en respuesta a la vigilancia a la que es sometido desde que fue detenido y acusado de evasión de impuestos hace un año. La policía tiene montadas varias cámaras en la calle alrededor de su vivienda para controlar en todo momento sus movimientos y quién le visita, y el artista ha querido ir más allá, hasta el punto de anular el valor de las imágenes que registraban las autoridades con otras aún más personales desde dentro de su casa, que difundía al mundo.

Poco ha durado su última genialidad artística. Ai ha revelado a última hora de la tarde en su cuenta de Twitter que la página web en la que mostraba su vida, ha sido clausurada. “Hace cuatro minutos las cámaras han sido desconectadas. Bye bye a todos los voyeurs”, ha escrito.

Ai había situado dos de las cámaras web orientadas a su ordenador –una de frente y otra hacia abajo desde el techo-, una tercera sobre su cama y una cuarta en el patio ajardinado que une su vivienda con el estudio. Antes de que fuera cerrada la página web, este corresponsal pudo ver al artista en su estudio delante de la pantalla con uno de sus gatos. Otra de las cámaras mostraba las sábanas blancas de su cama vacía.

Ai Weiwei, de 54 años, instaló el dispositivo de autovigilancia coincidiendo con el aniversario de su detención el 3 de abril del año pasado a manos de la policía secreta, que lo mantuvo en paradero desconocido durante 81 días hasta que fue liberado a finales de junio en medio de la presión internacional. Su desaparición se produjo en el marco de la dura campaña de represión puesta en marcha por el Gobierno contra activistas y disidentes, ante el miedo de que se extendieran a China las revueltas populares ocurridas en el norte de África y los países árabes.

“En mi vida, hay tanta vigilancia y supervisión. Mi teléfono, mi ordenador. Nuestra oficina ha sido registrada, yo he sido registrado, soy seguido cada día, hay cámaras de vigilancia delante de mi casa. Así que me dije por qué no pongo algunas dentro para que la gente pueda ver todas mis actividades. Yo puedo hacerlo y espero que la otra parte [las autoridades] puedan mostrar la misma transparencia”, dijo el martes a la agencia France Presse.

El artista fue liberado el 22 de junio del año pasado y desde entonces está en libertad condicional durante un año, periodo en el que tiene prohibido salir de Pekín. “Se supone que [a partir del próximo 22 de junio] soy un hombre libre, salvo que me acusen de nuevo y me encarcelen. Pero no sé, nunca está realmente claro”, ha dicho.

Ai fue acusado de evadir impuestos en relación con la compañía Fake Cultural Development, fundada por él y con la que realiza sus proyectos artísticos, pero que es propiedad de su esposa. El ha negado cualquier irregularidad y afirma que los cargos son tan solo un intento de desprestigiarle y silenciarle por sus continuas críticas al Gobierno y sus reivindicaciones a favor de mayores libertades y democracia.

El artista, conocido entre otros por su contribución al diseño del estadio de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, dijo la semana pasada que las autoridades fiscales han rechazado la apelación que presentó contra la multa que le fue impuesta por evasión de impuestos. Anteriormente, le habían comunicado que la revisión del caso no sería realizada en una audiencia pública sino mediante una notificación escrita, una medida que él calificó de “inconcebible”. Las autoridades le reclaman 15 millones de yuanes (1,81 millones de euros al cambio actual) en impuestos no pagados, retrasos y multa. Ai ha dicho que planea apelar contra la decisión de la oficina de impuestos en el tribunal local del distrito.

La factura fiscal generó un movimiento de apoyo al artista, que seguramente no esperaban las autoridades y tuvo amplio eco en la prensa internacional. Alrededor de 30.000 simpatizantes enviaron donaciones para ayudarle a pagar la garantía de 8,45 millones de yuanes (1,02 millones de euros) que le fue impuesta para poder pedir que fuera revisado el caso. Sumaron un total de 8,7 millones de yuanes (1,05 millones), que él dijo que consideraba un préstamo y devolvería puntualmente. Algunas de las contribuciones fueron plegadas en forma de aviones o envueltas en fruta y fueron arrojadas por encima del portón de su jardín. El artista, uno de los más cotizados en China, está preparando una exposición para el próximo otoño en Washington.