A Monti se le agota el crédito

Los grandes partidos cuestionan al primer ministro y surgen quejas contra sus reformas

El primer ministro italiano, Mario Monti, en el palacio Chigi de Roma, el pasado miércoles.
El primer ministro italiano, Mario Monti, en el palacio Chigi de Roma, el pasado miércoles. ETTORE FERRARI (EFE)

Al doctor Mario Monti se le está despertando el enfermo en medio de la operación. Las dosis de anestesia que le otorgaron partidos y sindicatos a su llegada al Gobierno de Italia para que ejecutara una operación a vida o muerte, están acabándose un centenar de días después. No solo porque sus reformas ya ejecutadas o en trámite —de pensiones, contra los privilegios, laboral…— están empezando ya a dañar los bolsillos sin que se vislumbren todavía los resultados. También porque han surgido al menos tres complicaciones imprevistas. La primera es que los dos principales partidos que, más o menos a regañadientes, le otorgaron un voto de confianza —el PDL de Silvio Berlusconi y el PD de Pier Luigi Bersani— empiezan a intuir con preocupación que ese apoyo puede volvérseles en contra en las próximas elecciones. La segunda —que hoy se podrá contemplar en las calles de Roma— es una movilización especialmente virulenta de rechazo a la construcción del tren de alta velocidad entre Turín y Lyon. La tercera es que el enfermo, una vez abierto, presenta un estado todavía peor de lo esperado. Bajo el ejemplo de Berlusconi, la corrupción política y social se extendió como un cáncer por toda Italia.

Los partidos políticos, todos, son el exponente más claro. Ni la derecha ni la izquierda se salvan de la corrupción. Mucho menos la Liga Norte del xenófobo Umberto Bossi, sostén de los últimos gobiernos de Berlusconi. Ahora, sin el tranquilizante del poder y el dinero, Bossi ya no solo insulta a los extranjeros o a los italianos del sur —para él, la misma cosa— sino que se atreve a amenazar de muerte al primer ministro. Hace unos días, preguntado por la posibilidad de que Mario Monti prorrogase su mandato más allá de 2013, el líder de la Liga Norte advirtió: “Monti arriesga su vida, el Norte lo eliminará…”. Sus palabras no son más que la guinda amarga de un panorama político también enrarecido para el centro derecha del Pueblo de la Libertad (PDL) y el centro izquierda del Partido Democrático (PD).

Las protestas por

El partido de Berlusconi tiene un gran problema: Berlusconi. El anterior primer ministro —aún bajo la espada de varios juicios pendientes— no soporta vivir sin los focos y su incontinencia verbal hace que un día apoye a su delfín, Angelino Alfano, y al siguiente lo desautorice. Por su parte, Pier Luigi Bersani, el líder de la izquierda, intenta que su perfil de hombre de Estado siga caminando entre dos fuegos cada vez más vivos. Por un lado, las primarias que está celebrando su partido en toda Italia le acarrean un disgusto tras otro al resultar derrotados los candidatos oficialistas. Por otro, su inicial predisposición a apoyar la reforma laboral de Monti —que debe salir adelante antes de fin de marzo— le empieza a pasar factura entre las bases. Si los sindicatos próximos a su partido están contra el gobierno tecnócrata —y hoy también lo estarán en las calles de Roma—, no se entendería que Bersani aspirara a ganar unas elecciones sin toda la izquierda unida a su favor. Y todo esto, ¿cómo afecta a Monti?

Hasta el momento, el primer ministro ha logrado sacar adelante sus reformas con el apoyo de todo el arco político, a excepción de la Liga Norte. Ahora, los problemas internos de los partidos —sin norte el PDL, sin un norte definido el PD— pueden resquebrajar esos apoyos. Hay quienes, desde dentro de esas formaciones, empiezan a ver a Monti como a un competidor político en vez de como a un tecnócrata que vino a hacer el trabajo sucio para luego marcharse. Por si fuera poco, el conflicto de la alta velocidad adquiere por días tintes más violentos. “La guerra del TAV”, que ya ha dejado en el camino vehículos ardiendo, periodistas atacados y un manifestante herido grave al caerse de un poste de la luz, llega hoy a Roma. Mario Monti y también el presidente de la República, Giorgio Napolitano, han dejado muy clara su disposición a seguir adelante con la obra para conectar Italia con Francia mediante un tren de alta velocidad. Pero, en las últimas horas, ya no solo es el medio ambiente lo que está en juego. Un reportaje en el diario La Repubblica de Roberto Saviano —autor de Gomorra— ha llamado la atención, con datos, sobre una nueva perspectiva: las obras del TAV se pueden estar convirtiendo ya en un poderoso mecanismo de financiación para la Mafia.

A Monti, que sigue paseándose con éxito por Europa y los mercados, cada vez le resulta más complicado pasearse por Italia.

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