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Próximo castigo a Irán: el petróleo

La UE compró en 2010 un 5,7% de su petróleo en Irán, esto es, un 18% de la producción del país

El embargo a las importaciones de petróleo iraní siempre ha estado en el horizonte de las sanciones para conminar a la República Islámica a renunciar a su programa nuclear. Los dirigentes iraníes desestimaban ese riesgo con el argumento de que una decisión así “causaría más perdidas a la UE que a la República Islámica”. Sin embargo, su encastillamiento y el creciente hartazgo internacional con la actitud de sus gobernantes acercan esa posibilidad.

El proceso ha sido gradual. El año pasado, después de que el Consejo de Seguridad aprobara la última resolución contra Irán, los Gobiernos europeos acordaron medidas para bloquear las inversiones en los sectores del gas y el petróleo, y limitar su capacidad de refino. Fue un golpe ya que el país, el cuarto exportador mundial de petróleo, tenía un déficit de refinerías que le obligaba a importar al menos un 40% de sus necesidades de gasolina.

No está claro que, como aseguraron los dirigentes iraníes, lograran la autosuficiencia transformando algunas plantas petroquímicas para obtener una gasolina de muy mala calidad. Sin embargo, sirvió para acelerar una largamente retrasada reducción de las subvenciones a los carburantes. Pero un embargo a sus ventas de petróleo supondría un salto cualitativo, que iría más lejos de lo estipulado por la ONU.

La UE, que el año pasado compró un 5,7% de su petróleo en Irán, 450.000 barriles que suponen un 18% de la producción, se espera sin duda que los países árabes cubran ese déficit (que en el caso español alcanza el 14%). Del lado iraní, se cuenta con el hambre de combustibles de India y China. De hecho, esa necesidad energética de China está en la base de su negativa a ir más lejos en las sanciones fijadas por el Consejo de Seguridad. En consecuencia, ese país ha sido el más beneficiado por el hueco que han ido dejando en Irán las empresas europeas.

Pero han sido sobre todo las sanciones financieras impulsadas por Washington las que más daño han causado a la economía iraní. EE UU, que desde hace tres décadas no mantiene relaciones con Irán y castiga a las empresas que invierten en su sector de hidrocarburos, ha reforzado su presión en los últimos años. Representantes del Tesoro han logrado que los bancos europeos y muchos árabes corten sus transacciones con la República Islámica, haciendo casi imposible la obtención de cartas de crédito y cerrando en la práctica la puerta a los intercambios comerciales.

A pesar de sus declaraciones grandilocuentes, algunos responsables han dejado escapar las dificultades que afrontan. Hace dos años el entonces ministro de Petróleo Masud Mirkazemi admitió que tenían paralizadas inversiones por importe de 80.000 millones de dólares. Incluso si los chinos disponen del interés y el dinero para acudir en su ayuda, no cuentan con la tecnología.

Mientras tanto, la necesidad de sortear esas dificultades recurriendo a vías alternativas está creando una clase de nuevos ricos y agrandado la distancia entre esa élite y los iraníes de a pie.