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Montebourg se erige en juez del duelo Aubry-Hollande

El éxito de las primarias convierte al agitador de la 'desglobalización' en el hacedor de reyes que puede decidir el candidato socialista al Elíseo

François Hollande, tras la primera vuelta de las primarias socialistas.
François Hollande, tras la primera vuelta de las primarias socialistas. AFP

El sábado advirtió que la sorpresa era “perfectamente posible”. Y el domingo el vaticinio de Arnaud Montebourg se cumplió de sobra: más de 370.000 votos (un 17%), con cuotas del 22% en 19 departamentos del país, y tercer favorito para los más de 2,.5 millones de votantes que convirtieron las primeras “primarias ciudadanas” del Partido Socialista en un éxito histórico, y a la vez en un sudoku de incierta solución.

Montebourg, de 48 años, mide casi dos metros de estatura, ejerce de portavoz y aliento de los indignados, se define como neoproteccionista y reformador ecologista, lleva años promoviendo una VI República más democrática y limpia, es azote de los bancos y del librecambio, y fue el principal promotor de las primarias abiertas dentro del PS.

 Ahora, tras el duelo a seis, no ha tardado ni un cuarto de hora en erigirse en el árbitro de la abierta final que el próximo domingo disputarán el ex secretario general, François Hollande (que parte con el 39% de los votos), y la actual líder del partido, Martine Aubry (30,5%).

La irrupción de Montebourg, un populista moderno y dinámico que gusta por igual a la extrema izquierda y a la derecha, que mezcla olfato y empuje, y cuyas ideas destilan un antieuropeísmo visceral apenas cubierto por una oratoria florida, ha revolucionado el anquilosado panorama político francés.

El tercer puesto obtenido por Montebourg premia su larga cruzada personal contra el descrédito de la política

Su tercer puesto premia la larga cruzada personal contra el descrédito de la política, los aparatos que toleran la corrupción y fomentan el clientelismo, y sobre todo el ilimitado poder del sistema financiero, que a su juicio “ha llevado a la ruina a los trabajadores y las empresas europeas”.

Es un populista moderno y dinámico que gusta por igual a la extrema izquierda y a la derecha

Montebourg tenía previsto anunciar en el telediario de la noche del lunes su “preferencia” para la segunda vuelta, pero ayer un miembro de su equipo dijo que antes de tomar su decisión quiere plantear cuatro puntos de su programa a los dos aspirantes que lucharán por optar al Elíseo. “No vemos diferencias entre uno y otro, no nos creemos eso de que uno es más de derechas y el otro más de izquierdas y por tanto de momento no podemos tomar partido por ninguno”, dijo Thierry Mandon.

Los asuntos que el diputado por Saône-et-Loire quiere aclarar con Aubry y Hollande son “la nueva regulación del comercio internacional y la adopción de medidas proteccionistas para Europa”, “su actitud hacia los bancos”, su visión sobre la “fundación de la VI República” y sus ideas “sobre el capitalismo cooperador”, afirmó su portavoz.

Su postura solo se conocerá tras el debate televisado que Aubry y Hollande mantendrán el miércoles. Ayer, el que fuera portavoz de Ségolène Royal en las presidenciales de 2007 se reunió con la gran derrotada de las primarias que ambos impulsaron en 2010. Royal lloró ante las cámaras el domingo al saber que solo quedó cuarta con un 7% de los votos. Y Montebourg, que según dice se emocionó al verla, corrió a consolarla, y quizá a coordinar una posición común ante la segunda vuelta.

 Entre ambos suman casi el 25% de los votos emitidos en el primer turno, cifra más que suficiente para inclinar la balanza y aspirar a las cotas más altas si el PS gana por fin unas presidenciales tras 17 años sin oler el perfume del Elíseo.

Esa fragmentación, que revela la tradicional dificultad del partido de Rue Solférino para encontrar un líder sólido, parece ser la mala noticia de unas primarias elogiadas por todos como un espléndido ejercicio de democracia. Ahora, la gimnasia de guante blanco empieza a parecerse mucho a una batalla fratricida.