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El perfil social de la protesta libra a la acampada saharaui de la represión marroquí

Rabat dice que se trata de una reivindicación "meramente social" y defiende que el Ejército actuó en legitima defensa en el tiroteo que costó la vida a un joven de 14 años.- Los acampados evitan hablar abiertamente de autodeterminación, aunque sí denuncian la "ocupación"

Los saharauis que residen en la antigua colonia española gozan de un nivel de vida mejor que los refugiados de los campamentos de Tinduf (suroeste de Argelia) e incluso que muchos súbditos marroquíes. Aún así reivindican y, al cabo de dos semanas, su protesta se cobró ayer un muerto y otros tres heridos de bala. Están hospitalizados, uno de ellos en estado muy grave.

Nayem el Gareh, de 14 años, cayó abatido a balazos por la Gendarmería marroquí a las puertas del campamento de Agdaym Izik cuando el todoterreno en el que circulaba se saltó, junto con otro vehículo, un control. El portavoz del Gobierno, Khaled Naciri, ha asegurado que Ahmed Daudi, un delincuente común, disparó desde el todoterreno contra las fuerzas de seguridad que, en legítima defensa, hicieron uso de sus armas. A bordo del vehículo se encontró "un arsenal de armas".

Daudí, que tiene antecedentes penales, había sido expulsado días atrás desde del campamento de jaimas (tiendas nómadas), pero aún sus moradores rechazan la versión oficial del incidente. Reconocen que los automóviles no se detuvieron en el control, "pero en ningún momento se abrió fuego desde ellos", afirma al teléfono un joven que dice haber sido testigo ocular. "En lugar de disparar a las ruedas se les tiró a dar", concluye.

El incidente se produjo cuando Christopher Ross, el enviado personal del secretario general de la ONU para el Sáhara, empezaba con una cena su visita oficial a Rabat, última etapa de una gira por la región previa a la reanudación, a principios de noviembre en Nueva York, de la negociación entre Marruecos y el Frente Polisario.

El Sáhara le cuesta caro al Estado marroquí y no solo porque mantiene allí a unos 150.000 soldados sino porque construye infraestructuras y otorga a sus habitantes generosas ayudas sociales. Hasta les contrata como funcionarios para que cobren un sueldo sin apenas acudir a su puesto de trabajo. El economista marroquí Fuad Abdelmouni considera que el Sáhara es un lastre para Marruecos. Si no le dedicase el 3% de su PIB, el reino habría alcanzado el nivel de desarrollo de Colombia, pero, a causa del Sahara, debe conformarse con la renta per cápita más baja del pequeño Magreb.

La protesta saharaui que empezó el 9 de octubre erigiendo un puñado de jaimas a las afueras de El Aaiún reivindica, aparentemente, solo mejoras sociales. La acampada espontánea de Agdaym Izik, en la que participan entre 10.000 y 15.000 saharauis, ha evitado cuidadosamente lanzar proclamas independentistas. Los que abogan por la independencia han quedado relegados. Son jóvenes desconocidos los que llevan la voz cantante.

Gracias a ese perfil discreto, los allí congregados se han librado de la represión marroquí. Incluso hoy mismo el Gobierno de Rabat ha resaltado, por boca de su portavoz, que se trata de una protesta "meramente social" sin relación alguna con el conflicto con el Polisario al que acusa de querer capitalizarla. Lo que sucede es, según él, algo "normal en una democracia" como la marroquí.

Detrás del barniz social aflora, no obstante, una reivindicación que lo trasciende. Aquellos que desde el campamento se expresan ante las cámaras que graban los vídeos que luego se cuelgan en Youtube denuncian el "expolio de las riquezas del Sáhara", empezando por la pesca, "por parte del Estado" marroquí. Incluso algunos hablan de la "ocupación" marroquí, pero nadie se atreve a pedir la autodeterminación.

A juzgar por las conversaciones telefónicas mantenidas con algunos de los acampados esa es, sin embargo, la aspiración que subyace ampliamente tras la protesta. "Pero si queremos arrancar algo no podemos decirlo abiertamente", afirma un joven que asegura formó parte del comité que se reunió con tres altos funcionarios enviados desde Rabat para dialogar con los acampados.