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Obama pide al Congreso aprobar por mayoría simple la reforma sanitaria

El procedimiento, por la vía de urgencia, puede disgustar a la opinión pública

En un desesperado y arriesgado movimiento político, Barack Obama pidió este miércoles al Congreso aprobar la reforma sanitaria por mayoría simple, un instrumento reservado para los proyectos más urgentes y que puede ser interpretado por la opinión pública como una burla del procedimiento legislativo. "No sé qué consecuencias políticas tendrá, pero sé que es lo justo", admitió el presidente estadounidense en su último y tal vez definitivo intento de sacar adelante la iniciativa más ambiciosa de su programa.

"Todo lo que podía decirse sobre la reforma sanitaria ya se ha dicho y todo el que tenía que decir algo ya lo ha dicho. Así es que ya ha llegado el momento de tomar una decisión. Creo que el Congreso le debe al pueblo estadounidense un voto final sobre esta reforma", declaró el presidente en una intervención en la Casa Blanca junto a varios profesionales de la medicina.

El pueblo merece ese voto, según explicó Obama, aunque sea por mayoría simple, porque ha quedado demostrado que republicanos y demócratas tienen visiones ideológicas contrapuestas sobre el modelo sanitario y no vale la pena seguir discutiendo un año más sobre un asunto sobre el que jamás habrá un acuerdo.

El líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, pronosticó que la aprobación de una ley de tanta trascendencia por mayoría simple desatará "una ola de ira" entre la población. Las primeras reacciones demócratas indican, no obstante, que una mayoría del partido del Gobierno está a favor de la utilización de ese procedimiento.

Éste es un asunto muy delicado en un sistema político concebido para dificultar la acción legislativa y buscar amplias mayorías; es decir, para que los políticos hagan pocas leyes y buenas. Por eso existe el recurso al filibusterismo, que permite a un senador bloquear la aprobación de cualquier proyecto a menos que los promotores de la ley consigan 60 de los 100 escaños del Senado. A fin de que ese derecho no obstaculice iniciativas vitales, el reglamento incluye un procedimiento, llamado "de reconciliación", que impide el filibusterismo y autoriza la aprobación por mayoría simple de aquellas leyes que tengan un impacto determinante en los presupuestos. Es decir, es un procedimiento de urgencia.

Como la vida política se ha ido haciendo en los últimos años más áspera y la actividad legislativa más complicada, los partidos han ido recurriendo cada vez más a ese método, especialmente los republicanos. Eso no evita que consideren lo que ahora quiere hacer Obama obligado por el hecho de que los demócratas sólo cuentan con 59 asientos en el Senado como un atropello por el que pagará un alto precio en las urnas.

"Lo que está en juego aquí", dijo ayer, "ya no es sólo nuestra capacidad de resolver el problema de la sanidad, sino nuestra capacidad de resolver cualquier problema. El pueblo estadounidense quiere saber si todavía es posible que Washington se preocupe por sus intereses y su futuro".

La fuerza del pulso político que se libra ha ocultado en los últimos meses la trascendencia de la reforma sanitaria. Pero, en última instancia, los primeros beneficiados de esta ley serían los 31 millones de personas que ahora no tienen seguro de salud y las decenas de millones más que, aún estando aseguradas, tienen que soportar las condiciones leoninas de las aseguradoras y los precios insostenibles de sus pólizas. "No creo que podamos dejar decisiones de vida y muerte para nosotros en manos únicamente de los ejecutivos de las compañías de seguros", declaró Obama.

El presidente aseguró que esta última propuesta para la que ahora pide el voto "ha sido corregida y mejorada durante todo un año e incorpora las mejores ideas tanto de demócratas como de republicanos, incluyendo alguna de las ideas que los republicanos expusieron durante la reciente cumbre sobre la salud".

Obama manifestó que el proyecto contiene tres ámbitos principales de reforma: la eliminación de las prácticas abusivas de las compañías, la extensión a todos los ciudadanos de las mismas opciones de las que ahora disfrutan los miembros del Congreso y la reducción de los costes globales del sistema sanitario. La reforma costará unos 100.000 millones de dólares (unos 73.000 millones de euros) anuales durante 10 años, que saldrán fundamentalmente, según Obama, de la reducción de los dos billones de dólares anuales que los estadounidenses gastan en salud.