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El sushi, el MP3 y los viajes, al alcance de la mayoría de los brasileños

Dos nuevos integrantes de la clase media presentan sus pequeñas conquistas, unos pasos gigantescos para Brasil, donde la distribución de renta es de las peores en el mundo

Por primera vez en la historia, la mayoría de los brasileños pertenece a la clase media. El periodista Guilherme Becker ignora el número (51,9%), hecho público esta semana, pero sí que nota el fenómeno en su propia piel. Hace un año, dobló un sueldo mensual que solía ser de 600 reales (255 euros). Ingresó formalmente a la clase media brasileña, la franja de los que ganan entre 1.064 y 4.591 reales (452 a 1.954 euros). "El sábado pasado finalmente pude comprar un MP3. Era un sueño que solamente ahora he podido conseguir", cuenta Becker, de 25 años, desde la sureña Novo Hamburgo, una de las ciudades de colonización alemana en el Estado de Rio Grande do Sul.

Hay otras pequeñas conquistas, además del MP3 de 25 euros. Hartarse de sushi en un restaurante, por ejemplo, le resultaba imposible cuando dejó la facultad de Comunicación Social hace tres años. "Me encanta la comida japonesa, se me hacía imposible. Vivía para pagar el alquiler y comer. No tenía ni siquiera con qué comprar unas zapatillas", añade. Pero lo que realmente celebra de esta repentina ascensión social es poder ver en el estadio al Inter de Porto Alegre, equipo de fútbol ubicado hoy en décimo lugar en la liga brasileña. "Soy adicto al fútbol. Antes, no podía ni pensar en ir a todos los partidos".

"Después de años de aumento de la desigualdad y la miseria, florece una nueva clase media, que se está comprando coches y portátiles", explica a ELPAÍS.com el coordinador de la investigación de la Fundación Getulio Vargas, Marcelo Neri. Según el experto, hoy es mucho más probable que Becker ascienda a las clases más ricas que baje a la miseria. Desde 2004, la renta media de la familia brasileña ha aumentado un 25%. Con eso, las ganancias antes dedicadas exclusivamente al pago del alquiler, de la alimentación y transporte, acaban invertidas en entretenimiento y ocio.

Licenciado en Ciencias Actuariales (un estudios similares a contabilidad) en el segundo semestre de 2006, otro joven brasileño, Lúcio Sartori, "vivía para pagar los estudios y la habitación". Hasta julio de 2002, su sueldo era de 600 reales (255 euros). Ascendido en la oficina, con un sueldo de 2.500 reales (1.039 euros) pudo viajar a España, Francia, Holanda, Alemania, Suiza e Italia el año pasado. La próxima meta es un nuevo viaje en abril, esta vez a Dinamarca, República Checa y Austria. Sartori, como Becker, también se se ha hecho adicto a lo que es un símbolo para esta nueva clase media brasileña, la comida oriental: "Siempre me gustó la comida japonesa, pero no podía darme al lujo. Ahora voy con frecuencia a japoneses y tailandeses". En Porto Alegre, la capital de Rio Grande do Sul, con 1,4 millón de habitantes, el restaurante especializado en comida japonesa de bufet libre (una institución en Brasil) más barato, cobra 35 reales por persona (unos 14 euros). Un menu básico, semejante al español, puede costar 2 euros.

Los ricos, más ricos

Otra investigación publicada esta semana, del Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA, en sus siglas en portugués), revela que el número de ricos también ha crecido en Brasil. Actualmente 476.000 personas pertenecen a la clase A, o sea, ganan más de 16.000 reales (6.917 euros). En 2002, eran 448.000.

Según el IPEA, esto revela un problema del que Brasil no ha logrado librarse: los ricos se benefician de la mayor productividad, que no se traslada a los sueldos de los trabajadores. La investigación gubernamental señala que entre 2001 y 2008 la productividad de los trabajadores ha tenido un alza del 22,6%. El sueldo del operario, en cambio, ha crecido tan solo un 10,5%.

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