“Los humanos estamos en peligro de extinción”

El paleoantropólogo José María Bermúdez de Castro, codirector del yacimiento de Atapuerca (Burgos), recoge en su nuevo ensayo, ‘Dioses y mendigos’, todo su conocimiento sobre la evolución de la humanidad. “Podíamos haber desaparecido como los neandertales”, sostiene

El paleoantropólogo José María Bermúdez de Castro en el Museo de la Evolución Humana, en Burgos, el pasado 16 de marzo.
El paleoantropólogo José María Bermúdez de Castro en el Museo de la Evolución Humana, en Burgos, el pasado 16 de marzo.Ricardo Ordóñez

El paleoantropólogo José María Bermúdez de Castro, de 68 años, codirector del yacimiento de Atapuerca (Burgos) y primer director del Centro Nacional de Investigación de la Evolución Humana, ha vertido décadas de investigación y reflexiones sobre el origen de la humanidad en su nuevo libro, Dioses y mendigos (Crítica), que sale a la venta el miércoles 24. Este investigador, con una amplia experiencia arqueológica, se sale muchas veces de los caminos trillados en un ensayo que, como ocurre siempre que se habla del pasado remoto de la humanidad, deja más preguntas que respuestas. Su objetivo es recorrer todas las teorías sobre la evolución. El resultado, como confiesa el propio Bermúdez de Castro, acaba siendo “una reflexión sobre nuestra existencia”. La entrevista se realizó por videoconferencia.

Pregunta. En su libro, hay un momento en que defiende que la única certeza sobre la evolución humana es que sobrevivimos, que estamos aquí, porque relata que hubo muchos momentos en que estuvimos al borde de la extinción. ¿Realmente es tan extraordinaria nuestra presencia en la tierra?

Respuesta. La única certeza que tenemos sobre nuestra evolución es que existe la humanidad. Existe, pero podría no existir. Podíamos haber desaparecido como los neandertales. Todo es muy azaroso. Hemos pasado por crisis tremendas. Podíamos haber desaparecido por cualquier razón, la que sea, una erupción volcánica o la endogamia. Sin embargo, estamos aquí. Hay una cosa muy importante: somos los últimos de una genealogía, de una filogenia, una única especie. Hemos tenido una filogenia muy floreciente y ha habido muchas especies humanas que han convivido o coexistido al mismo tiempo en África, en Eurasia, especies que se están descubriendo ahora. De ese grupo quedamos solamente nosotros. Los neandertales probablemente se extinguieron por culpa del cambio climático, por una glaciación brutal y tuvieron un imperio. Como decía un amigo científico ya retirado, no solamente estuvieron en Europa o en Oriente Próximo, sino que se bañaron en el Pacífico. Y sin embargo desaparecieron. La glaciación que empieza hace 70.000 años y termina hace unos 29.000 fue terrible. Acabó con ellos y acabó con los cromañones.

P. ¿Eso quiere decir que acabó también con nuestra especie en Europa?

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P. Sí, lo mismo que los neandertales. Es decir, nosotros nos expandimos fuera de África hace 120.000 años. Llegamos al sur de China, a lugares tropicales, alcanzamos el sudoeste de Asia y Australia. Llegamos a Europa hace unos 40.000 años. Y desaparecimos, fuimos sustituidos por otros sapiens y estos por otros. Es decir, nosotros somos descendientes de una población bastante reciente de Homo sapiens, que llegó en el neolítico.

Unos turistas observan las pinturas rupestres en la réplica de las Cuevas de Altamira.
Unos turistas observan las pinturas rupestres en la réplica de las Cuevas de Altamira. EFE

P. ¿Entonces no somos descendientes de los humanos que pintaron las cuevas de Altamira, Chauvet o Lascaux?

R. Los humanos que pintaron Altamira ya no están. Aunque siempre hay mestizaje, posibilidad de hibridación. Las poblaciones no tienen por qué desaparecer del todo. Los genes están ahí. Pero la mayor parte de los genes que nosotros tenemos en este momento proceden del neolítico.

P. Defiende en su libro que no hay un único origen de la humanidad, sino que aboga por la llamada hipótesis asiática. ¿Por qué sigue siendo una teoría tan polémica?

R. Es una hipótesis que no está aceptada por la comunidad científica, aunque sí la defienden algunos colegas. No se sabe exactamente cuándo ocurrió la divergencia entre neandertales y Homo sapiens, aunque la genética indica que hace entre 550.000 y 800.000 años. Estoy convencido de que esa divergencia no ocurre en África, ni en Europa, sino en un lugar intermedio, en el suroeste de Asia, formado por estos países que conocemos en la actualidad como Israel, Líbano, Siria, Irak, toda esta zona. El origen del Homo sapiens está ahí. ¿Dónde aparecemos como especie? En África. De ahí se deduce que el origen de todo es África y que todo sale de África. Algunos estamos intentando salir de ese impasse. Pero resulta muy difícil que un nuevo paradigma entre en la comunidad científica.

P. Usted sostiene que el momento más importante de la evolución humana es el bipedismo, algo tan sencillo como comenzar a caminar erguidos sobre dos patas. Sin embargo, asegura que no está nada claro por qué lo hicimos, qué ventaja nos proporcionaba para sobrevivir esa nueva postura. ¿Es ese el mayor misterio de nuestro pasado?

R. Hay muy poca información, quedan cuatro o cinco yacimientos con fósiles muy fragmentarios que demuestran que éramos bípedos, pero nada más. Se empezó diciendo que nos pusimos de pie porque salimos del bosque a la sabana y teníamos que mirar por encima de las hierbas para ver si venía algún depredador. Pero ¡si éramos muy bajitos! Medíamos un metro y la vegetación puede llegar a eso. Además, la postura bípeda apareció en zonas de bosque. Sabemos que surgió hace unos siete millones de años y que ocurrió cuando todavía vivíamos en el bosque, cuando estábamos cerca del linaje de los chimpancés. El problema fundamental es que, desde el punto de vista de la física, no puedes imaginarte a un ser que pudiera moverse a medias, entre ser cuadrúpedo y ser bípedo. Eso físicamente no es posible. Pero es una cuestión que seguirá abierta hasta que no aparezcan fósiles, y eso es muy difícil.

P. De todos los misterios sobre la evolución humana, ¿cuál es el que más le inquieta o más le interesa? ¿Cómo llegamos a Australia hace 70.000 años, cómo poblamos América? ¿Cree que la genética resolverá ese tipo de asuntos en un tiempo razonable?

R. La genética y la paleoproteómica (el estudio de las proteínas) van a aclarar mucho las cosas. La navegación me parece un tema apasionante, me sorprende muchísimo. Pero las evidencias son las evidencias, si hay un yacimiento en Australia que tiene arpones y acumulaciones de restos de atunes, pues no queda más remedio que pensar que hace 20.000 o 30.000 años estábamos navegando. Y tuvimos que navegar para llegar a Australia, donde estamos hace 40.000 o 70.000 años. ¿Cómo saltamosv a Australia? ¿Cómo atravesamos esos mares que tienen una profundidad de 3.000 metros en algunos sitios? No pudimos hacerlo a nado ni en una travesía corta. Es increíble la capacidad de nuestra especie de ir para allá, de hacer estas navegaciones tan increíbles. Todo eso es sorprendente.

P. Esta conversación por Zoom y las primeras piedras talladas por nuestros antepasados remotos hace 2,5 millones de años ¿forman parte del mismo impulso para cambiar el mundo con la tecnología?

R. Sin duda. Pertenecen a una misma inquietud de nuestra especie: la capacidad de crear. Hay un momento inicial, que es cuando empieza a manipularse la materia prima. Y a partir de ahí todo ha sido una cadena consecutiva hasta llegar a la actualidad, donde ese fenómeno se produce de forma exponencial. Eso es la cultura. Y ese nicho ecológico es lo que nos define fundamentalmente como primates. Lo más significativo del ser humano es la cultura, que lo abarca todo, la política, los deportes...

P. ¿Qué es más importante, la idea de varias especies humanas compartiendo el planeta o la idea de que ya solo quede una, nosotros?

R. Hay a la vez una unidad y una diversidad increíble en nuestra especie. Lo dramático de la situación es que somos los últimos de esta filogenia. Somos muchos, 7.500 millones de humanos, pero somos los últimos y estamos en peligro de extinción por el cambio climático o la superpoblación.

Fe de errores

José María Bermúdez de Castro fue el primer director del Centro Nacional de Investigación de la Evolución Humana y no del Museo de la Evolución Humana, como se afirmaba por error en una primera versión de la entrevista. Ambos están situados en Burgos.

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Sobre la firma

Guillermo Altares

Es redactor jefe de Cultura en EL PAÍS. Ha pasado por las secciones de Internacional, Reportajes e Ideas, viajado como enviado especial a numerosos países –entre ellos Afganistán, Irak y Líbano– y formado parte del equipo de editorialistas. Es autor de ‘Una lección olvidada’, que recibió el premio al mejor ensayo de las librerías de Madrid.

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