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Vinciane Despret: “Quien sueña con nadar con delfines lo hace desde un prisma imperialista”

La filósofa belga es una de las voces más prominentes del giro animal, el movimiento que apuesta por convivir sin jerarquías con el ecosistema

La filosofa belga Vinciane Despret el 13 de octubre en Barcelona.
La filosofa belga Vinciane Despret el 13 de octubre en Barcelona.JUAN BARBOSA

La investigadora Marta Segarra escribe en Fils (Arcadia, 2020) que fue Vinciane Despret quien la ayudó a entender el concepto de propiedad mejor que todos los marxistas que había leído. Fue gracias a un ensayo en el que la filósofa belga teorizaba sobre las formas que los pájaros tienen de habitar el territorio. Despret (Anderlecht, 61 años) lo confirmó hace unas semanas al pasar por Barcelona para la Bienal de Pensament. Allí, antes de ponerse a charlar animadamente vía Zoom con la pensadora Donna Haraway sobre la importancia del silencio y quién tiene el privilegio de la palabra en una pandemia, citó un estudio que probaba que en Barcelona las aves “cantaron más y en periodos más largos” en el confinamiento más severo. Las calles se vaciarían de humanos, pero no estaban tan muertas ni desiertas como aquellas imágenes hipnóticas nos hicieron creer: ahí fue cuando los pájaros alzaron la voz y reconquistaron espacios.

Profesora de Filosofía de la Ciencia y Antropología de la Psicología en la Universidad de Lieja (Bélgica), Despret es una de las voces más prominentes del giro animal, el movimiento de estudios que apuesta por desterrar la visión antropocéntrica de la cultura para conectarnos sin jerarquías con todos los seres que habitan en nuestro entorno. Autora de ¿Qué dirían los animales… si les hiciéramos las preguntas correctas? (Cactus, 2018), esta apasionada de la etología [estudio del comportamiento de los animales] confirma que ella, poco dada a las muestras de cariño entre humanos, ha llegado a comprender lo que es la ternura gracias a la convivencia con su perra Alba, reacia, como ella, a ese tipo de afectos.

PREGUNTA. La pensadora Barbara Cassin dijo que el papel de la mujer filósofa era sembrar la inquietud en la noción de lo universal. Usted dice que quiere abrazar eso mismo, pero aplicándolo entre humanos y animales, ¿por qué?

RESPUESTA. Porque no puedo entender por qué llevamos tanto tiempo creyendo que los humanos somos más inteligentes o únicos. Ese es el tema: nos creemos únicos, pero creemos que los animales no. Me parece totalmente irreal. Es ese discurso que admite que sí, que los animales son listos porque el tigre corre muy rápido y el murciélago sabe cómo moverse estratégicamente, y que después también afirma: “Pero nosotros sabemos que vamos a morir y ellos no”. Ajá. ¿Cómo sabes eso? Y si es cierto que lo sabes, ¿cómo puedes confirmar que eres el único? Es un atajo fácil, y no sólo eso, es establecer prematuramente lo universal. No todos los humanos, ese nosotros, somos iguales. Hay muchas maneras de serlo. Ser mujer no es lo mismo que ser hombre. Ser un habitante del Amazonas no es lo mismo que ser un nativo australiano. Esta habilidad de construir el nosotros, además, la mayoría de veces se alinea con el hombre blanco de clase media o clase alta.

P. Entonces, ¿saben los animales lo que es la muerte? Cada cierto tiempo se viralizan vídeos donde supuestamente asistimos al duelo de un elefante o un chimpancé por la pérdida de un ser querido.

R. Lo he pensado mucho a raíz de aquella historia viral sobre el funeral silencioso de National Geographic, que ahondaba en la idea de que los chimpancés estaban callados porque habían perdido a una hembra que todos querían mucho en el santuario. Empecé a investigar y me he topado con muchos estudios de los setenta sobre el proceso del duelo de los chimpancés. Es muy interesante, porque estas imágenes nos llevan a ideas en las que proyectamos antropomórficamente el duelo, pero también puede ser que ese silencio que nosotros aplicamos al velar a los muertos venga de nuestros ancestros, que son ellos. Yo creo que sí, que están tristes por haber perdido a su vieja amiga, y también creo que no tienen por qué saber lo que es la muerte. La tristeza, al fin y al cabo, es muy contagiosa. También han podido sentir un ambiente de acontecimiento especial en el santuario por esa pérdida. Probablemente sientan el duelo; los humanos tampoco sabemos lo que es el duelo en sí ni lo experimentamos todos igual.

P. Con la filósofa Isabelle Stengers editó un tomo coral junto a académicas belgas donde valoraban el papel femenino en el discurso científico. ¿Se equivocan las académicas al perpetuar patrones masculinos para ser validadas?

R. Depende del campo. Tomaré como ejemplo el mío, el estudio de animales. Allí el dilema era el siguiente: cuando Donna Haraway y otras estudiosas de los primates empezaron a investigar, rompieron con la teoría anterior a los setenta establecida por científicos hombres, que afirmaba que los babuinos eran competitivos por selección y que había jerarquías en el grupo. La experiencia de estas investigadoras fue distinta: vieron dinámicas más sociales, percibieron que los machos buscaban la amistad con las hembras y no tanto la dominación. ¿Por qué fue tan distinta la teoría observada por mujeres? Muchas académicas creen que sí, que se debe cambiar la forma en la que hacemos ciencia, que nuestros datos y teorías son más interesantes. Otras opinan que no, que no por el hecho de ser mujer y hacer esta observación sobre los babuinos ya soy mejor científica. Existe esta visión de que, si la ciencia tiene esa mirada femenina, se considerará como ciencia más barata y que serás, automáticamente, desacreditada en la academia y perjudicarás a todo tu equipo. Ambas posturas tienen sus propios costes y beneficios.

P. ¿Cómo valora la normalización del veganismo y el activismo animalista en la cultura occidental?

R. Es positiva, pero no creo que sea perfecta. Seguimos en ese discurso de nosotros como ciudadanos frente al resto y se obvia que los humanos han convivido con animales durante siglos. También comprendo las críticas a la deriva de la mascotización de la sociedad. Esa relación de jerarquías que establecemos es la más fácil de todas. La gente que sueña con nadar con delfines lo hace desde un prisma imperialista, y esa es una forma paternalista de conocer a los animales. Esperamos que actúen de una forma exótica, la que hemos idealizado y que responde a nuestros deseos.

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