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C. Tangana: “Hemos hecho un curso intensivo de feminismo en los últimos años. Éramos unos machitos que no entendían lo que pasaba”

Antón Álvarez ya estaba en el camino al éxito pero su nuevo disco, ‘El madrileño’, puede ser el definitivo. Hablamos con él en uno de los momentos clave de su vida: uno en el que está cambiando de prioridades y deja atrás la chulería trapera para pasar a ser alguien trascendental

C. Tangana cumplió 30 el 16 de julio. A Antón Álvarez, Pucho para los amigos, C. Tangana para el público, ese salto le dio tanto vértigo que se planteó un cambio de vida. “Empecé a tener miedo de los 30 y a pensar que debería hacer una búsqueda más profunda y convertirme en un artista relevante y trascendente o dejar la música”. No es la primera vez que se plantea dejarlo. Nunca se ha creído del todo que es músico. “Entré en el rap porque era un tipo creativo y los impulsos que venían a mi alrededor eran esos. Pero yo en el fondo me veo escritor. O eso me creo yo”, dice. “Pensé que para ser relevante lo mejor que puedes hacer es tener una perspectiva única”, continúa. “Algo que nadie te pueda copiar porque solo te pertenece a ti. Ese me parece el reto. Esa es la búsqueda. Pensar qué eres tú y solo tú y avanzar”, cuenta mientras picotea algo después de la sesión de fotos en el comedor desierto del mismo estudio de Madrid donde le han retratado.

La sesión ha ido suave. C. Tangana presume de que va a todas partes con su equipo, (“en las listas de invitados soy Pucho más 12”, suele decir) y su cohorte ha cumplido con tanta profesionalidad que de las seis horas previstas han sobrado la mitad. “Yo no contrato a los mejores profesionales del sector ni a los que me salen más baratos. Yo contrato a la gente que creo que se lo merece y, a ser posible, a mis amigos. Creo en la comunidad. No soy muy individualista, sino bastante comunitario”, explica.

Es curioso escucharle decir eso, porque le acusan de potenciar el ideal neoliberal. “Lo que pasa es que también hablo de dinero y les da miedo. El dinero es el kaláshnikov de hoy en día. Si quieres ir a la guerra sin armas, de puta madre, es un gesto precioso. Pero vas a perder y te van a matar y se van a olvidar de ti. No hace falta que tu vida sea generar constantemente dinero para ti, eso es de lo peor que puede hacer un ser humano. Pero tener claro que necesitas recursos... Eso lo sabe hasta un perro. Un perro sabe que necesita ff para vivir”.

Si Tangana está a la búsqueda de su auténtico yo, ¿quién es C. Tangana? Hasta ahora, una serie de personajes. Empezó como Crema, un rapero adolescente del barrio de Puerta del Ángel. Cuando en España surge el trap, un cajón de sastre que sirvió para meter dentro a un grupo de chavales que, olvidando el rap que se había hecho en España hasta entonces, construyeron un estilo distinto, callejero, agresivo y muy generacional, se mete dentro, siempre negando formar parte de ello.

“Éramos una generación rupturista y criticona. Que yo ahora, ya ves tú, pero de joven soltaba unas pestes de los anteriores que flipas”. Luego fue El Ídolo, un conato de estrella vestido de Loewe, y Avida Dollars, un tipo forrado de bajón tras salir de un after. Uniéndolo todo, alguien definió su estilo como las tres F: Follar, fardar y farlopa. “De fiesta y drogas voy bien, pero hace ya un tiempo que soy más de casa con amigos y una guitarrita”, replica. Ahora es El Madrileño, su nick en redes y el título de su próximo disco, que publicará en febrero y del que se resiste a contar gran cosa hasta que se anuncie la fecha exacta de lanzamiento. “El madrileño es un cantante de coplas y boleros que nació en los noventa. Tiene la ambición de hacer una música que trascienda a su tiempo y a los tiempos anteriores. Este quizás sea el retrato más espontáneo de mi carrera”.

Hablando de retratos, C. Tangana tiende a mostrarse en fotos como el más chulo del barrio, pero en persona es un educado treintañero que parece más joven, quizás por el un plumífero blanco que viste. Habla como un universitario, y lo es, cursó Filosofía. La única concesión a la chulería es el hablar sentencioso del que lo tiene todo muy claro.

“En realidad no lo tengo todo tan claro. Mira, en 2014 tuve un parón en el que no hice nada de música y cuando la música me nació otra vez pensé: ‘Estás haciendo canciones. O no las mueves o las mueves con todas las consecuencias’. Tenía ese runrún. Entonces Drake publicó If you’re reading this it’s too late. Ahí lo vi. Hasta entonces Drake era un actorcillo canadiense blandito que cantaba y consiguió cambiar y rapear para todos los negros. Incluso para la gente más dura de Atlanta, que solo habla de delincuencia. Él consiguió hacer ese trasvase. Era una estrella mainstream que podía hacer eso. Yo venía de mi grupo, Agorazein, que era rap súper estricto y pensé que ese camino se podía hacer a la inversa. Veía que había artistas de música urbana internacionales, pero que en España no había nadie del lado de la tendencia. No había un J Balvin o un Drake. Tenía que intentarlo”.

Cinco años después, está a punto de conseguirlo. En noviembre, Tú me dejaste de querer, su última canción, trituró todos los récords de Spotify en España con 1.632.994 escuchas en 24 horas y se coló en el Top 50 mundial. Con la colaboración de La Húngara y El Niño de Elche, Pucho ha fabricado un himno. Parece estar haciendo por la música urbana española lo que Ketama hizo por el flamenco: convertir un sonido asociado a un sector muy determinado en algo para todos los públicos que podría sonar en clubes, en Los 40 y en Radio Olé. Y de hecho, lo hace. Casi podría sonar hasta en Radio María. La palabra “cabrón” es lo más agresivo de una canción en la que el protagonista, que daremos por hecho que es él, se muestra vulnerable. Malote, sí, pero con corazón. Nada de la habitual chulería rapera.

Es obvio que El madrileño va a ir por ahí. Tradición y música urbana. Conexión entre España y Latinoamérica. Una apuesta que, de momento, ha salido bien. “Yo sabía que Tú me dejaste de querer iba a ser importante en España, pero no que iba a pasar esto. En cuanto a números, pensaba que este disco iba a ser un pasito atrás”, explica. “Aunque parecía que estaba teniendo mucho éxito, si revisas los lanzamientos anteriores ves que no era para tanto. Una colaboración con Darell, que es un artista internacional, no fue para tanto. Otra con Natti Natasha, tampoco. A nivel artístico estoy muy contento con ambas, pero a nivel de público, de volumen, de expectación y de generar viralidad, no estaba en un momento muy a tope. Nunca estoy, de repente, cambió las tornas”.

Nunca estoy fue un cambio. Publicada en abril, es una canción en la que toma prestados versos de Rosario y de Alejandro Sanz. Cuenta que la editó, porque su mano derecha, Kigo, que está durante toda la entrevista sentado en la mesa escuchando en silencio, y que cuando interviene parece una prolongación de Tangana, se empeñó en que había que hacerlo. “Hasta entonces no estaba teniendo números uno. El primero en Spotify fue Nunca estoy, y después Demasiadas mujeres y Tú me dejaste de querer lo han hecho de forma consecutiva. Pero antes, no. Yo ya no existía. Llegué al millón de followers en Instagram hace un mes. La imagen esa de que estaba a tope no era real, no lo estaba. Estaba pasadete. La gente ya comentaba: ‘Tangana empieza a oler, ya está viejuno’. Nadie dura cuatro o cinco años a tope. Esas carreras ya no existen”.

El nombre de C. Tangana empezó a sonar fuera del circuito del rap en 2016, cuando colgó en Internet Antes de morirme, una canción en la que aparecía su novia de entonces, una desconocida llamada Rosalía. Entre ellos algunos medios quisieron ver polémica hace apenas tres semanas al resaltar un titular de una larga entrevista con Rockdelux donde él, hablando de sus referencias musicales actuales, decía: “La obsesión con Rosalía ahora mismo es tanta que citarla como referencia es aburridísimo”.

“Siempre vi en Rosalía lo que ahora es”, zanja sobre la cantante. “Recuerdo que estaba en el trabajo, mirando vídeos y de repente vi una bulería que tenía y me quedé flipando. Me metí en su Instagram y flipé aún más por el contraste. Tenía una estética urbana con un punto arty. Y yo pensaba: ‘Esto no existe en el mainstream en España’. Yo siempre confié en que iba a ser tan grande como Lola Flores”.


Antes de morirme lleva 83 millones de reproducciones en YouTube. Al año siguiente aquel chaval ya tiene un disco publicado con Sony, El Ídolo, Madrid empapelado con carteles tamaño fachada de edificio de cinco pisos con él vestido de Loewe, y un éxito irrefutable llamado Mala mujer, que hace que le lluevan acusaciones de machismo. “Todos nos hemos hecho un curso intensivo de feminismo en los últimos dos años”, reconoce hoy. “Éramos unos machitos que no entendíamos lo que pasaba alrededor. Creo que lo políticamente correcto es una imposición y lo odio. Pero el feminismo es otra cosa”.

Llega 2018 y la rueda de prensa inaugural del Primavera Sound, festival de festivales, se rinde al trap. Reúne a C. Tangana con Bad Gyal y Yung Beef, algo así como él no va más en credibilidad callejera, que después de salir rebotado de Sony ha fundado su propio sello, La Vendición.

Tangana y Beef se enzarzan muy educadamente en una discusión sobre dinero. El granadino abandera su posición underground. El madrileño le corrige de una forma hasta paternalista. “Te hacen creer que estás fuera del sistema y realmente lo que estás es debajo”, cantará poco después. “Eso sucede mucho en el mundo de la cultura con lo alternativo”, recuerda hoy. “Lo bueno y lo malo del capitalismo es que es capaz de absorber todo. Se supone que Che Guevara era un elemento disruptivo y es el ejemplo de cómo hacer el mejor merchandising de la historia. El capital se lo come todo. Así que tú puedes decirte lo que quieras delante del espejo, pero si tienes un poco de perspectiva sabes que les perteneces. El discurso de Yung Beef lo único que ha hecho es llevar al traste a un grupo de gente creativa. Tenían talento real, pero no lo han enfocado. Me gusta que retomemos el tema ahora después de todo lo que ha pasado. ¿Qué tipo de artistas han superado la pandemia? Los que pensaban en su carrera como algo a medio o largo plazo. Hay que contarles a los chavales la verdad. Me parece mucho más honrado y útil decirles: ‘Piensa en tu futuro’. Aunque igual no es tan cool”.

Mientras, descubre Latinoamérica. “Hubo un viaje natural, mi música empieza a expandirse y de repente puedo hacer conciertos en Argentina, Chile, Colombia y, sobre todo, México. El trabajo te lleva a empaparte de cosas. Luego me encuentro a Santos en Los Ángeles, que es un tipo increíble que para mí significa una musa y una revolución, que me ayuda a ordenar muchas cosas que tenía en la cabeza”.

Santos Bacana es un cineasta español asentado en Hollywood con el que Tangana ha montado Little Spain, una productora y consultora que es uno de sus proyectos a largo plazo. “Estás mucho tiempo fuera de España y te entra la nostalgia. Santos la tiene superdefinida, porque lleva siete años viviendo en L.A. Se fue buscando el gran sueño de Hollywood y resulta que su casa está llena de latas viejas de Cuétara y de figuritas de sevillanas. Con Santos descubro Cuba, que me amplía la perspectiva. Se convierte en un puente entre las cosas que me gustan de España y las que me gustan de Latinoamérica. Es el origen de la salsa, del bolero, es África con letras españolas...”.

De ahí sale El Madrileño, una visión de los tópicos españoles con un pie fuera y un pie dentro. Tangana reivindica el pasado centrado en lo latino una vez exprimido Estados Unidos, la Meca del rap. “Me impresionó mucho EE UU, pero ese viaje que he hecho como artista para encontrar el punto que me define, también lo he hecho como persona y hay otros muchos sitios que me gustan más para vivir. Los Ángeles es una película y es un lugar en el que tengo un pie y lo seguiré teniendo. Nueva York es superinspirador. Miami es un polvo de una noche”.

Se resiste a dar la nómina de cantantes que colaboran en el álbum, pero parece que habrá nombres que irán de Brasil a México. Ya no ve ese continente como un hombre de negocios de visita. “Yo iba a México, me comía mis tacos y me daba igual, pero la siguiente vez voy con lo de Cuba y con la visión de lo tradicional, miro al corrido, y veo a chavales vestidos como Yung Beef haciendo corridos. Y ese viaje empieza a ser distinto. Empiezo a hacer conexiones, un veneno surge, y de ahí todo lo demás. América Latina está muy presente en todo lo que hago. El Madrileño salió de un pueblo de Castilla, luego emigró a Madrid y de allí cogió un avión y se fue hacia el resto del mundo”, concluye.

La pandemia le pilló en Cuba. Su largo y accidentado regreso a España dio para un relato contado en sus stories de Instagram y cambió sus planes. “Si no llega a ser por la pandemia, El madrileño hubiera empezado a hacerlo a finales de 2021. Tenía un disco grabado de música urbana, muchísimo rap, la superación del trap. Empezó la pandemia y me empecé a rallar, me pareció que no estaba a la altura de los tiempos. Este sí lo está”. En unas semanas se acabarán las dudas sobre si es el paso decisivo para la conquista mundial. Mientras, ¿qué tal van los temibles 30? “Muy bien, mejor que los 20”. Los 40 también están bien, le avanzo. “Lo apunto”, responde.

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