Enrique Ponce

La nueva vida de Paloma Cuevas comienza a los 48

Licenciada en Empresariales, gestora de la explotación de aceite de la finca familiar y cofundadora de una tienda de ropa y decoración infantil, la expareja del torero Enrique Ponce remonta el vuelo tras su separación

Paloma Cuevas en el estreno del musical de Antonio Banderas en Málaga en 15 de noviembre de 2019.
Paloma Cuevas en el estreno del musical de Antonio Banderas en Málaga en 15 de noviembre de 2019.KMJ/KMA / GTRES

El 48º cumpleaños que celebra este jueves Paloma Cuevas poco tendrá que ver con esas reuniones exclusivas con el grupo de amigos que había creado junto al torero Enrique Ponce durante sus casi 25 años de matrimonio. Entre los miembros de su pandilla se cuentan personajes como Genoveva Casanova, Fiona Ferrer, Lydia Bosch, el presentador Ramón García y su esposa Patricia Cerezo, el exfutbolista Pedja Mijatovic y Aneta, Konstantin de Bulgaria y María García de la Rasilla, Estrella Morente y el torero Javier Conde o el cantante Luis Miguel.

Ni la pandemia ni su reciente separación de Ponce parecen invitar a uno de esos encuentros a los que el grupo solía celebrar y en los que Paloma Cuevas siempre destacó por su elegancia y discreción. Tanta que, a ojos de un espectador novato, la pareja intachable a veces se aproximaba a esa perfección que provocaba cierto rechazo y pereza. Quizá también por eso se ha escudriñado hasta la exageración la nueva relación del torero de 48 años con Ana Soria, una joven almeriense aficionada a los toros y estudiante de Derecho que acaba de cumplir 22 años. La sorpresa de la separación provocó el interés por la nueva pareja, pero el terreno también lo abonaron ellos mismos a lo largo del verano por su exposición en las redes sociales dedicándose todo tipo de requiebros y dedicatorias en un afán de reivindicar su relación.

Frente a esa rebosante alegría, Paloma Cuevas eligió el silencio y desde que se conoció a principios de julio que se separaba de su marido ha aparecido como víctima callada y elegante de una historia que no termina de concretarse cuando empezó a hacer aguas. Poco importa ahora el cuándo, cómo y por qué, el caso es que la ya expareja parece dispuesta a divorciarse de mutuo acuerdo, a llevarse bien por el bien de las dos hijas que tienen en común, Paloma, de 12 años, y Bianca, de ocho, y que ambos comienzan una nueva vida que para el torero seguirá girando en torno a los ruedos y que ya está proporcionando una nueva imagen de Cuevas más allá de su papel de esposa perfecta.

Fue el mismo Enrique Ponce quien —a través de un comunicado que envió al programa Viva la vida—, reivindicó a su esposa más allá de la imagen de acompañante discreta de una figura del toreo, molesto con el perfil de mujer mantenida que entendió habían transmitido muchos medios con sus informaciones: "Paloma Cuevas es una mujer independiente económicamente y tiene sus estudios por la Universidad de Boston en Económicas y un máster”.

Su sin duda dolorosa ruptura también puede entenderse como el primer paso de una nueva vida para Paloma Cuevas, más acorde con las capacidades y proyectos empresariales que ha emprendido y han permanecido a la sombra de los triunfos de Ponce en los ruedos. El padre de Paloma, Victoriano Cuevas Roger, más conocido como Victoriano Valencia, fue uno de los primeros toreros que pudo presumir de título universitario. Licenciado en Derecho para satisfacer los deseos de su padre, terminó siendo torero por vocación, pero su preparación le sirvió después de su retiro a los 40 años para iniciar una carrera en los negocios.

En ese ambiente, entre el campo y la empresa, se crio Paloma Cuevas, quien tras crecer en la finca familiar se trasladó a la ciudad cuando llegó el momento de iniciar Ciencias Empresariales. Completó sus estudios en Boston, pero desde los 19 años era la novia de Ponce, a quien su padre ayudó desde su papel de apoderado y a quien el joven torero le dijo pronto que iba en serio con su hija y que quería que fuera la madre de sus hijos.

Se casaron en 1996 en la Catedral de Valencia, viajaron a Bora Bora y ella comenzó a destacar por su elegancia pero también por saber rentabilizar esa fama como imagen de firmas cuando todavía el mundo influencer estaba por descubrir. Llegó a sustituir a Isabel Preysler en los míticos anuncios de los bombones Ferrero Rocher y también ha gestionado la producción de aceite que sale de la finca La Cetrina, en Jaén, que es propiedad de Ponce.

Los hijos tardaron más en llegar de lo que esperaba la pareja. En 2008 nació Paloma y en 2012 Bianca. El nacimiento de sus hijas y su inmersión en el mundo infantil llevó a Cuevas a lanzar un negocio y en 2011 abrió la tienda de mobiliario y ropa infantil Piccolo Mondo junto a su amiga Susana Gil, un local ubicado en el barrio de Salamanca por el que han pasado muchos personajes conocidos de la sociedad madrileña en la que ella misma se ha movido con tanta soltura. En 2016 también se asoció con la joyería Yanes para crear una colección de ocho pulseras, cuyos beneficios se destinaron a la Fundación Aladina, que se centra en iniciativas que persiguen mejorar la vida de los niños enfermos de cáncer. Una colaboración que no era la primera que realizaba con la firma, ya que ha ayudado en el diseño de otras piezas que incluso ha lucido la reina Letizia.

Después de su verano más complicado, de las palabras de apoyo de sus amigos y de los mensajes que ellos mismos han enviado sobre su dolor, su saber estar y la complicidad que existe entre el todavía matrimonio para llegar a una separación de mutuo acuerdo con el bienestar de sus hijas siempre en primer plano, Paloma Cuevas sigue en silencio. Las últimas noticias apuntan a que, aunque sus hijas han comenzado el curso en Madrid, el nuevo año podría comenzar para ellas en otro país todavía indeterminado para huir de la presión mediática. Los papeleos de un divorcio que aún traerá cola están en marcha y la vida de Paloma Cuevas tampoco parece que vaya a quedar paralizada por un traspié sentimental, si la crisis del coronavirus lo permite.

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