EXTRA ELIGE TU CARRERA

Test vocacional para descubrir el rumbo profesional

Los expertos recomiendan inclinarse por aquello que se nos da bien, nos apasiona y con lo que podemos aportar valor a la sociedad

Maskot / Getty Images/Maskot

Del latín vocāre, que significa “llamar”, la vocación es la inclinación que alguien tiene hacia un determinado trabajo o forma de vida. En ella van implícitos los gustos e interés personales, el talento y la capacidad, y la realización personal a través de esa tarea. La elección de los estudios superiores es la primera gran decisión que una persona toma a lo largo de su vida porque con ella comenzará a construir su futuro laboral. Por eso, los expertos recomiendan escoger según la vocación.

Sin embargo, la vocación o “la llamada de esa profesión que nos gusta” no siempre aparece en un momento determinado o puede estar condicionada por factores externos a la persona. Hay diferentes formas de descubrir qué se nos da bien y nos apasiona: los test vocacionales pueden ayudar en esa búsqueda, también los profesionales de la orientación educativa y laboral, las familias y, sobre todo, el conocimiento de uno mismo.

El primer paso para descubrir la vocación es la reflexión sobre las habilidades personales, los gustos y los intereses. Este análisis es un proceso largo en el que también influyen las competencias que se han ido ganando durante la escolarización, los conocimientos, las capacidades innatas, los valores y la personalidad.

Como explica la psicóloga Elena Montero, está bien pararse a pensar si alguna de nuestras experiencias está relacionada con la motivación interna de querer aportar algo a la sociedad. “Quizás he hecho algo parecido a lo que me podría dedicar: he cuidado de algún familiar enfermo y sé que mi vocación tiene que ver con la salud; o a lo mejor he dado clases particulares, he visto que se me ha dado bien y he disfrutado haciéndolo, entonces estará relacionado con la educación”, pone de ejemplo Montero y añade: “La vocación es la suma de nuestro autoconocimiento y la visión de nosotros mismos desde fuera”.

Buena herramienta

Una buena herramienta para descubrir la vocación es el test vocacional. Hay diferentes tipos, algunos permiten obtener una primera aproximación del perfil de la persona relacionado directamente con el ámbito laboral, y otros están más enfocados a la elección de carreras universitarias. “Pueden ser útiles para reparar en aspectos que de otra forma no tendríamos en cuenta”, explica Yolanda Palomino, creadora de la plataforma Encuentra tu Vocación, “pero suelen dar resultados muy amplios, dentro de cada rama laboral existen muchas profesiones, por eso no se puede fiar todo a lo que digan los test”.

La plataforma digital de orientación educativa Educaweb ha elaborado su propio test vocacional en el que las preguntas se dividen en cinco bloques: grupos vocacionales (qué te gusta), materias escolares (qué te gusta hacer), valores ocupacionales (qué valoras en el trabajo), aptitudes y habilidades (qué sabes hacer) e inventario de intereses (cómo eres). Este cuestionario está pensado para personas de todas las edades a partir de 16 años y de cualquier nivel formativo.

Como explica Montserrat Oliveras, cofundadora y directora de contenidos de Educaweb, “el test te pone en situación para poder empezar a esclarecer quién eres y hacia dónde podría ir tu elección de estudios, pero también es importante contar con otras herramientas como los orientadores de los institutos o los propios tutores. Ellos te van a poder dar pistas interesantes sobre centros formativos, universidades, especializaciones, idiomas, estancias en el extranjero…”.

Tras el primer paso de identificar talentos y pasiones, llega el momento de conocer la oferta educativa y la situación del mercado laboral. Como dice Oliveras, los profesionales de la orientación educativa y laboral son unos grandes aliados para aquellos jóvenes que se encuentren en el momento de decidir qué quieren estudiar.

La orientación ha cambiado mucho en los últimos años, como explica María de las Olas Rodríguez, presidenta de la Asociación de Orientación Educativa de Castilla y León (AOECYL). “Antiguamente se animaba a elegir según las salidas profesionales, las mejores notas se iban a las carreras y profesiones con más estatus social. También había menos oferta educativa y el mundo era más estable”, cuenta Rodríguez. “Nos dimos cuenta de que la orientación no podía ir por ahí y de que había que potenciar las capacidades y los talentos de los alumnos, ayudarlos a escoger con vocación”, añade.

Hoy, existen muchas más opciones de estudios que antes, no solo universitarias, también de formación profesional (FP). “La FP actual no tiene que ver con la de hace 20 años, se le ha dado un gran impulso con una gran variedad de formación y de gran calidad”, explica Palomino. De ello son conscientes los propios alumnos y sus familias. “Hay muchos que valoran la FP como primera opción porque se han dado cuenta de las posibilidades que tiene, mejores en algunos casos que las de las titulaciones universitarias”, añade Rodríguez.

Búsquedas específicas

Como explica Benito Echevarría, catedrático emérito en Orientación y Formación Profesional de la Universidad de Barcelona, hoy en día algunos sectores están buscando específicamente técnicos superiores. Según el último informe Infoempleo de Adecco, los titulados en FP fueron requeridos en más de un 40% de las ofertas de empleo el año pasado, un porcentaje muy superior al de la demanda de titulados universitarios.

“La formación profesional es un buen aterrizaje para aquel que no tiene claro qué estudiar en un momento determinado. Puede que uno tenga cierta inclinación por estudiar Farmacia, pero no está seguro. Si hace un ciclo superior de técnico de laboratorio en dos años tiene el título y, si quiere, puede continuar con los estudios universitarios después”, pone de ejemplo el catedrático.

Al finalizar el bachillerato, el sistema vigente de educación terciaria separa a los alumnos en carreras universitarias y grados de FP superior, dos modalidades que solo confluyen con la convalidación de asignaturas si se quiere pasar de un tipo de enseñanza a otra. Esta separación podría desaparecer con el anteproyecto de ley en el que trabaja el Gobierno y con el que los alumnos de FP superiores podrían cursar materias optativas en facultades universitarias, y alumnos universitarios podrían desplazarse a institutos de formación donde se ofrece una mejor preparación práctica.

Hay veces que, pese a todo el trabajo realizado previamente para escoger una formación, la persona no tiene claro todavía dónde se ve trabajando. Yolanda Palomino recomienda llevar ese proceso de búsqueda a otro nivel, preguntando a profesionales o incluso acompañándolos en su jornada laboral. “Podemos recurrir a algún familiar o conocido que trabaje en aquello que nos interesa, que nos cuente cómo es esa profesión por dentro, o que nos la muestre”, dice Palomino. “Si no conocemos a nadie cercano, podemos intentar encontrar a alguien por las redes sociales”.

La familia también es un buen apoyo en la toma de decisiones, pero hay que tener en cuenta que el mundo laboral no es el mismo que hace tiempo. “Suelen existir creencias equivocadas sobre las salidas de ciertas profesiones, sobre todo por parte de las familias”, explica Palomino. “En el pasado, el que estudiaba Matemáticas casi siempre se dedicaba a la enseñanza. Actualmente, esta carrera tiene muchas otras salidas, sobre todo en sectores relacionados con el big data y la inteligencia artificial”, añade.

Otro condicionante familiar que puede afectar en la elección de estudios es que los padres quieran que sus hijos sigan sus mismos pasos. Los expertos recomiendan que solo sea así si los propios jóvenes tienen esas aptitudes y les motiva continuar con el negocio o la profesión familiar.

Apoyo familiar

Para evitar que casos así se den frecuentemente, los centros educativos y los orientadores trabajan conjuntamente con las familias. “A veces nos toca sentarnos con padres y alumnos porque quizás estos últimos no saben cómo explicarles que se quieren dedicar a algo en concreto”, cuenta Montserrat Oliveras. “También es importante que las familias los ayuden a tomar su propia decisión, no siempre se es suficientemente maduro a los 18 años. Además, los estudios pueden ser una gran inversión económica y la propia familia tiene que valorar si se lo puede permitir”, añade.

Después de haber realizado un análisis personal y con las diferentes opciones formativas sobre la mesa, los expertos animan a reflexionar sobre cómo sería ese hipotético futuro. “¿Me veo trabajando en esto cada día o formándome para llegar a ello? ¿Me haría ilusión? ¿Quiero saber más?”, son las preguntas que Yolanda Palomino recomienda hacerse.

También puede que la vocación descubierta no parezca tener unas salidas laborales muy prósperas; en ese caso, Palomino cree que hay que valorar otros aspectos como la situación económica, “pero también se puede intentar si eso es lo que de verdad nos apasiona”. “Tenemos que sacarle el máximo partido a nuestra formación y generar nosotros mismos nuevas oportunidades laborales”, dice.

En esta línea, Montero considera que la persona tiene que creer en sus habilidades y en lo que puede aportar. “Debemos ser emprendedores, pero no solo desde lo típico de montar nuestro propio negocio y ser autónomos, sino en presentarnos ante una empresa y explicar qué servicios podemos ofrecerles y por qué creemos que les serían útiles. Las empresas están cada vez más preparadas para contratar talento y crear nuevos puestos de trabajo”, explica la psicóloga.

La vida laboral de una persona ronda de media los 40 años, por eso es mejor dedicarse a algo vinculado a la vocación, aunque no siempre se podrá encontrar el trabajo soñado a la primera. “Yo siempre les digo que habrá épocas en las que tendrán que trabajar en otras cosas, pero que no renuncien nunca a esa vocación si lo tienen claro”, concluye Palomino.

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