La crisis del coronavirus

La crisis de las residencias dispara la demanda de cuidadoras domésticas

Las agencias de colocación de gerocultoras han doblado su negocio y ya tienen detrás a fondos de inversión. Mientras, los geriátricos notan una pérdida de confianza entre las familias

Exterior de la residencia de Mayores San Marcos en San Martín de la Vega, Madrid, el 6 de agosto. En esta residencia se registró un brote de coronavirus con 47 casos, entre ellos un fallecido.
Exterior de la residencia de Mayores San Marcos en San Martín de la Vega, Madrid, el 6 de agosto. En esta residencia se registró un brote de coronavirus con 47 casos, entre ellos un fallecido.David Fernández / EFE

Las residencias de mayores aseguran haberse blindado contra el virus para evitar que se repita la tragedia de primavera, pero ninguna promesa daría paz ahora mismo a familias madrileñas como la de Enrique Raduan. La ola de coronavirus en marzo le pilló justo cuando buscaba residencia para su madre, Antonia, de 76 años. En seguida cambió de plan. Antonia se quedó en su piso de siempre en Villafranca del Castillo ―a 27 kilómetros al oeste de Madrid― y desde abril pasa ocho horas al día con su cuidadora, Charo, que le ayuda a asearla y acostarla.

“Ahora no me planteo ingresarla en una residencia bajo ningún concepto, después de todas las muertes y con las reticencias que ya tenía por las críticas al servicio”, afirma el hijo de Antonia. La opción de las cuidadora, a tiempo parcial o internas, se ha disparado durante la pandemia. Las agencias de colocación de cuidadoras han notado que familias temerosas están sacando a sus mayores de los geriátricos. Cuideo, que gestiona una bolsa de 70.000 empleadas en toda España, dice que ha doblado el negocio con respecto al año pasado. Empleada en Casa, con 10.000 cuidadoras en Madrid, ha crecido un 40%.

Una asociación de empresarios del sector, la Federación Española de la Dependencia, confirma el trasvase hacia el cuidado doméstico. Su presidente, Ignacio Fernández Cid, lamenta el daño a la reputación que supuso la ola de muertes en primavera. Este empresario, que ha criticado a las comunidades por impedir las hospitalizaciones en primavera, se siente frustrado por esta situación. La semana pasada recordó en la Asamblea de Madrid la impotencia de aquellos días: “Gente llorando por las esquinas, no se puede usted imaginar, y encima diciendo ¿qué estamos haciendo mal?, se nos están muriendo... Esa era nuestra realidad, totalmente desbordados. Y después a las nueve nos culpaban en el telediario”.

La desventura de unos ha resultado ser una bonanza para otros. “Por desgracia, para nosotros este está siendo un buen año”, dice Mercedes Zaballa, una empresaria del sector de internas. Zaballa, directora de MSoluciona en Las Rozas (Madrid), cree que las residencias han entrado en una crisis prolongada. “Creo que la gente les ha cogido mucho miedo y por el precio que pagas te sale más económica una interna”. Tener en casa a una interna de MSoluciona cuesta de media a una familia 1.100 euros al mes, casi la mitad del precio medio de una residencia en Madrid, que asciende a 2.044 euros. La sucursal de MSoluciona en Las Rozas tiene una bolsa de 1.000 cuidadoras y ha experimentado un aumento de demanda del 25%.

Hasta hace no mucho, este mercado lo gestionaban parroquias que mediaban entre las familias y las empleadas que les dejaban su currículum. Ahora están aterrizando grandes capitales internacionales. La barcelonesa Cuideo cerró este verano una ronda de inversión de 1,6 millones para expandirse a Francia y la madrileña Empleada en Casa dice estar en negociación con dos fondos españoles. Incluso grandes del sector de las residencias como DomusVi y Sanitas han creado sus propios servicios de cuidadoras domésticas. Otras empresas de residencias como Clece, propiedad de Florentino Pérez, o gigantes como las constructoras Sacyr o Ferrovial, tienen divisiones “sociales” que viven de adjudicaciones de contratos de ayuda a domicilio por parte de ayuntamientos y autonomías. Las 20 primeras empresas de ayuda a domicilio en España atendían en sus casas en 2019 a más de 315.000 mayores, según un estudio de Alimarket. Mientras, había 372.985 plazas de residencias en todo el país.

Todos los factores son favorables para el mercado de cuidadoras domésticas. La Comunidad de Madrid y el Gobierno central quieren potenciar las prestaciones de dependencia para cuidado en domicilio. Algunos estudios en España han mostrado que el 82% de los mayores prefiere envejecer en casa y hay expertos que creen que las nuevas tecnologías lo harán posible. Las cámaras, sensores y la domótica hacen mucho más fácil el cuidado de un mayor en su propio hogar.

Hay agencias de internas que se venden en Internet como “la alternativa a las residencias” pero, aunque estas pierdan algo de mercado, no van a ser desaparecer. Cuando un mayor sufre alzhéimer avanzado, las familias no tienen más remedio que ingresarlo en un geriátrico. Por eso, el sector de la dependencia cree que las residencias no van a sufrir una grave crisis económica. De hecho, las residencias ya están ocupando sus vacantes con mayores de las largas lista de espera.

Se avecinan años de envejecimiento poblacional y habrá mercado para todos, para las cuidadoras domésticas y las residencias, según Josep de Martí, director del portal online Inforesidencias. “Viene un tsunami demográfico”, explica. “Hemos visto recientemente la entrada en residencias de la gente que nació durante la Guerra Civil. En las próximas dos décadas le tocará el turno a la generación del baby boom”. “Las residencias cubren una necesidad. Es un error creer que estas familias abandonan a sus mayores”, dice Gustavo García, consultor del sector.

En todo caso, está por ver si la crisis de confianza de las residencias en Madrid puede llevar a la quiebra a algunos centros. Hay voces que dicen que el sector está “en bancarrota”. En Madrid murieron entre marzo y julio uno de cada cinco residentes (11.555 personas, la mayoría a causa de la covid-19). Las patronales de residencias se quejan de que han sido demonizadas por los políticos y los medios de comunicación. En Madrid se vieron claramente perjudicadas por los protocolos de la Comunidad, que negaron la atención sanitaria a miles de mayores, pero casi ninguna empresa denunció el rechazo por parte de los hospitales. Durante las semanas de bloqueo muchas prefirieron callar para ocultar las muertes masivas. Así evitaban titulares negativos en prensa.

La segunda ola en Madrid es por ahora mucho menos severa. Hasta el lunes habían muerto en las residencias a causa del virus 33 mayores, según la Comunidad. Esta vez sí hay traslados a hospitales, mascarillas y test. Pero las familias que han dado la espalda a las residencias temen nuevos brotes mortales y, también, la depresión por el aislamiento. Las visitas están restringidas y en algunos casos prohibidas. Los hijos que sacan a sus padres de un geriátrico tienen mucho miedo al deterioro emocional, según Claudia Gómez, consejera delegada de la agencia de cuidadoras Empleada en Casa. “Notan que en casa están más contentos y eso les da mucha confianza”, afirma.

“Aprendiz de esclava”

En la iglesia de Santa María de Caná en Pozuelo de Alarcón también comentan que más familias tocan a su puerta pidiendo internas. Esta parroquia gestiona una de las mayores bolsas de empleo doméstico de la región. “Nos dicen que les parece cruel no poder visitarlos”, afirma el popular cura don Jesús Higueras. Pero hay quien considera crueles sus condiciones de trabajo. “Son contratos de aprendiz de esclava", censura José Manuel Martínez, presidente de la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales.

Hay hijos que, gracias al teletrabajo, han sacado a sus padres de las residencias para cuidarlos ellos mismos en casa, según las asociaciones de familias Pladigmare y Ademaf. Mercedes Arribas, una interiorista de 52 años, cuenta que todo el mundo le dijo que estaba loca cuando se llevó a su madre a su piso en Madrid. “Me decían que iba a hipotecar mi vida, pero yo tenía la sensación de que me iba a ir bien”. Fue en septiembre del año pasado, cuando renunció a la plaza en la residencia pública Vista Alegre y compró una grúa en Wallapop por 1.500 euros. “No es tan difícil, me ocupa entre tres y cuatro horas al día, el mismo tiempo que empleaba en ir a verla a la residencia”, cuenta la hija. En primavera, murieron 23 de los 204 residentes de Vista Alegre.

Otros usuarios esa residencia han sacado a sus padres en estos meses, algunos tras visitar a Mercedes y conocer su buena experiencia. “Todos me dicen que qué bien he hecho”. Ahora se plantea subir un vídeo a YouTube con la idea de animar a hijos de toda España a que cuiden a sus padres en casa. Pondrá imágenes de su madre en la residencia y de ahora. “Le ha cambiado la mirada y se ríe todo el tiempo”.

¿Conoces casos de discriminación o irregularidades en una residencia de la Comunidad de Madrid? Contacta con el reportero de la sección de Madrid fpeinado@elpais.es o mándale un mensaje por Twitter a @FernandoPeinado

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