A la última

El placer del ‘Hágalo usted mismo'

A través de sus kits y talleres, Fábrica de Texturas nos invita a redescubrir el placer de crear algo con nuestras propias manos

Gabriela Rodriguez y Xavier Robledo, creadores de Fábrica de Texturas en Madrid.
Gabriela Rodriguez y Xavier Robledo, creadores de Fábrica de Texturas en Madrid.Olmo Calvo

En el barrio de Chamberí, junto a un taller de coches, se levanta la persiana de otro taller de corte muy diferente. Salta a la vista nada más entrar: pinceles, pinturas, tijeras, rodillos, pantallas de serigrafía y varias máquinas de los años 60 (recuperadas de un antiguo taller de encuadernación en Soria) llenan la planta baja de este local ubicado en la calle Meléndez Valdés. Fábrica de Texturas se define como un proyecto 100% “Hágalo usted mismo” –de hecho, este lema cuelga de su pared en un cartel con letras fluorescentes– que gira en torno a la enseñanza y la divulgación de técnicas artesanales y artes plásticas.

El proyecto, que lleva en marcha desde 2012, consta de varias patas: una son sus famosos Kits Do It Yourself, que dentro de una sola caja incluyen los materiales necesarios –y las instrucciones– para experimentar en casa con diferentes técnicas como la estampación textil, el carvado de sellos o la cianotipia (procedimiento fotográfico monocromo en azul); otra son los talleres, que imparten en su local, aunque también cuentan con versiones online de algunos de sus cursos; y por último, las colaboraciones que realizan con marcas, artistas e instituciones y que les han llevado, por ejemplo, a estampar en directo en un festival de música o a diseñar un taller de marmolado en papel para una empresa de –obviamente– mármoles.

Detrás de Fábrica de Texturas se encuentran Gabriela Rodríguez y Xavier Robledo. Ellos son los creadores del proyecto, pero el equipo se ha ido ampliando a lo largo de los años y ahora hay tres personas más que trabajan junto a ellos. Gabriela es trabajadora social y antropóloga y, antes de Fábrica de Texturas, se centraba en la investigación y en la intervención con artes plásticas; Xavier es arquitecto y se dedicaba a la educación y la divulgación. “Estuvimos un tiempo viviendo en Latinoamérica –principalmente en Bolivia– y cuando volvimos a España empezamos a plantearnos lo que queríamos hacer aquí”. Fue al otro lado del Atlántico donde les picó el gusanillo de iniciar un proyecto relacionado con lo manual. Xavier había estado experimentando con la serigrafía y Gabriela llevó a cabo un proyecto de investigación sobre artes tradicionales y sabiduría ancestral. “Allí retomamos el contacto con cosas con las que ya habíamos trabajado antes, pero desde otra perspectiva”.

Empezaron creando dos kits, uno de tallado y otro de encuadernación japonesa. Los pusieron a la venta en ea feria de diseño Nómada Market y fueron todo un éxito. “El primer día se vendieron todos y tuvimos que hacer más esa noche”. En ese mismo mercado se les acercó una chica que les propuso hacer talleres en su tienda –La Antigua, en Malasaña–, y ahí es cuando consideraron por primera vez esta posibilidad. Con el tiempo, se mudaron a su propio local y fueron ampliando la oferta tanto de talleres como de kits, manteniendo siempre un mismo espíritu: centrarse en recuperar técnicas de artes plásticas y artesanales tradicionales haciéndolas más accesibles, de manera que la gente pudiera ponerlas en práctica en un entorno doméstico. Para ello intentan simplificar procesos y utensilios, sin perder nunca de vista la estética –muy cuidada– y la pretensión de que todo el mundo termine sintiéndose orgulloso de lo que ha creado con sus propias manos.

Las técnicas con las que trabajan permiten hacer tiradas limitadas de cualquier producto e invitan a una producción más cercana y responsable

¿Podemos definir entonces Fábrica de Texturas como un proyecto de manualidades? Sí y no, o al menos, no solo de manualidades. “Cuando empezamos, incluso para nosotros era una palabra un poco tabú, pero poco a poco ha ido adquiriendo más sentido”, explica Xavier. A sus talleres acude un público de lo más heterogéneo: “desde una señora jubilada que quiere hacer sus cosas, hasta una chica que tiene una pequeña marca y quiere ver cómo hacer estampados o un diseñador gráfico que busca llevar sus ilustraciones más allá de la pantalla”, cuenta Gabriela. La sostenibilidad es otro factor importante a la hora de diseñar sus kits y talleres. “Hay una tendencia a pensarse cada vez más el valor de las cosas y este tipo de talleres ayudan un montón a eso”. Las técnicas con las que trabajan permiten hacer tiradas limitadas de cualquier producto e invitan a una producción más cercana y responsable. “El proceso es importante, por eso, en la medida de lo posible, también intentamos trabajar con distribuidores locales”.

Durante el confinamiento, los videos de manualidades que han ido colgando en su Instagram le habrán salvado la tarde a más de una familia con criaturas pequeñas, pero paradójicamente, los niños nunca habían sido el público hacia el que habían orientado sus actividades. “Siempre habíamos intentado que los talleres y los kits fueran cosas un poco especiales, pero hacer esos vídeos durante la cuarentena, nos ha permitido crear cosas más sencillas y cercanas, y eso ha enganchado a otro público”. Ellos mismos tuvieron que ponerse más creativos de lo habitual durante este período, o más bien, simplificar y volver a las raíces. “En el taller tenemos de todo, pero en casa no. Para nosotros también fue un redescubrimiento sobre nuestra forma de hacer y de comunicar”.

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