CORONAVIRUS

Madrid se enfrenta al avance del coronavirus con una sanidad desbordada

La crisis tensa los límites del sistema público y lleva al Gobierno a suspender operaciones o clases y a comprar camas hospitalarias

Tres pacientes en las Urgencias del Gregorio Marañón. En vídeo, las declaraciones de Díaz-Ayuso en rueda de prensa.(Foto: Víctor Sainz | Vídeo: EPV)

La tensión que está provocando la extensión del coronavirus en el sistema sanitario público de la Comunidad de Madrid se mide en cifras y en problemas laborales. Desde que arrancó la crisis, el Gobierno regional ha tenido que hacer más de 300 nuevas contrataciones, ha asumido que tendrá que prolongar los 1.300 contratos de profesionales sanitarios originalmente destinados a la campaña de la gripe (que acaba el 31 de marzo) y ha visto cómo las pruebas saturaban la capacidad de análisis de los laboratorios: se empezó con cuatro, se pasó a cinco, luego hubo seis y ya hay siete instalaciones dedicadas a aclarar el futuro de miles de pacientes. Mientras el virus avanza, Madrid mide las consecuencias de los recortes de la crisis, las externalizaciones y la expansión de la sanidad privada.

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Madrid tiene 33 hospitales públicos y 50 privados, según el catálogo nacional de hospitales. Entre 2010 y 2018, su población ha aumentado en casi medio millón de personas, mientras que el número de profesionales de la sanidad pública decrecía en 3.300, según el Servicio Madrileño de Salud (Sermas). “Y faltan 2.000 sanitarios que prometieron documentalmente en la Mesa Sectorial para la campaña de la gripe y no contrataron”, dice Maria José Frontino, responsable de sanidad privada de CC OO. “Esto sí que puede provocar un colapso de las plantillas”.

Eso ahora se traduce en teléfonos que suenan sin respuesta, según denuncian ciudadanos sobre la línea habilitada para consultas del coronavirus; en hospitales desbordados, como el de Valdemoro; y en preparativos que avisan de lo que puede venir: la planta de cuidados intensivos de La Paz ha sido despejada para atender exclusivamente a contagiados por el virus.

“Llamé al número y no se ponía nadie”, cuenta Neus Ruiz, de 45 años y con una mascarilla puesta, en las puertas de Urgencias del Gregorio Marañón. “Fui a mi médico y me dijo que viniera rápidamente aquí. Yo estoy mal desde el jueves y no he estado en ningún sitio de riesgo”. Igual que Marga Sánchez, de 52: “Estoy con mi hija de 19 años, que está con fiebre desde el martes. Ella está dentro esperando los resultados. No me han dejado pasar”.

La ecuación es sencilla: el 80% de los casos en Madrid se pueden tratar sin ingreso hospitalario, el 15% lo requiere, y el 5% son críticos que deben ser atendidos en unidades de cuidados intensivos. ¿Cuál es la batalla ahora mismo? Evitar que el número de afectados crezca tanto como para desbordar la capacidad de las plantillas sanitarias; neutralizar las posibilidades de respuesta de los laboratorios que analizan las muestras; y superar el número de camas especializadas en los hospitales de la región, obligando a habilitar otras y poniendo en peligro la atención al resto de pacientes.

“Se trata de modular que no haya picos que desborden la capacidad del sistema sanitario, o su actividad normal”, explica José Manuel Freire, diputado del PSOE y exconsejero de Sanidad del País Vasco. “Es el sentido que tiene tomar medidas de restricción en lugares concretos”. Y añade: “En una situación de crisis, las camas de la UCI pueden ampliarse a las de reanimación, pero estamos muy lejos de ese escenario”.

En paralelo, trabajadores de distintos hospitales de la Comunidad han alertado a la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) del desabastecimiento que sufren en sus centros de medios de protección básicos como guantes y mascarillas, que según todos los protocolos, tanto del Gobierno central como del autonómico, deben utilizar al tratar a pacientes sospechosos por coronavirus.

Donde mayor está siendo el impacto en España es en el País Vasco, que tiene a un centenar de profesionales en cuarentena de 14 días (y otro centenar en vigilancia) e incluso ha recurrido a una convocatoria extraordinaria para reclutar a personal. “No son contratos para labores asistenciales, sino para participar en las investigaciones epidemiológicas y los estudios de los contactos de los enfermos”, explicaron fuentes del Servicio Vasco de Salud.

“Están desbordados y descontrolados. No se creían que esto iba a ser así. No tenemos mascarillas y las batas y los guantes hay que desinfectarlos”, denuncia Jesús López Villalba, portavoz del sindicato de Comisiones Obreras en el Gregorio Marañón. Un trabajador del Hospital Clínico San Carlos asegura que los guantes se los proporcionan de dos en dos, con lo que tras atender a dos pacientes tienen que volver a pedir más. Y con las mascarillas, más de lo mismo, ya que estas las tienen bajo llave los supervisores y se facilitan bajo demanda.

“Estamos agobiados. Llegan muchos casos de golpe. Han habilitado plantas para aislamientos respiratorios. Nos dan una mascarilla para todo el día”, cuentan dos celadoras del Marañón. “El tema es que te contagies y ya somos uno menos. Nos han dicho que si tenemos síntomas gripales que no vengamos”.

― ¿Cómo lo viven sus familiares?

― Mi marido no se arrima a mí. Me da el besito justito.

“Hay sensación de incertidumbre. Los materiales se están agotando y tenemos que gestionarlo muy bien porque muchos se han robado”, cuenta una médico residente. “Las mascarillas duran 8 horas y nosotros las usamos 24 horas porque no hay para todos. Los médicos adjuntos están sobrepasados. Falta gente. Se ha recurrido a los que trabajan en las plantas para que atiendan a los sospechosos. Ahora están tirando de residentes y esto no es lo adecuado porque nosotros tenemos que seguir viendo a los enfermos. No hay que olvidar que la gente se sigue infartando y sigue teniendo ictus”.

En las urgencias huele muchísimo a desinfectante. En casi todos los corrillos se habla del coronavirus. Los enfermos y familiares se levantan cada cierto tiempo a lavarse las manos con un gel que han puesto a la entrada. A 20 metros, está Isabel, de 56 años, que trabaja en una floristería desde hace ocho meses. “Algo pasa. Ya no vendo flores. Desde la semana pasada la calle está vacía”. Ella no usa mascarilla: "Los médicos y enfermeros dicen que no hace falta si no hay síntomas y hay que escucharles, que son los que saben”.

Información sobre el coronavirus

- Aquí puedes seguir la última hora sobre la evolución del coronavirus

- El mapa del coronavirus: así crecen los casos día a día y país por país

- Guía de actuación ante el coronavirus

- En caso de tener síntomas, la Comunidad de Madrid recomienda evitar acudir al centro de salud salvo casos de extrema necesidad y utiliza el teléfono 900 102 112

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