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Ángel Gabilondo, un profesor de Hermenéutica

A quienes lo criticaron porque se le veía poco en la oposición hay que decirles que no es que se le viera poco, es que a los demás se les veía demasiado

Cartel electoral del PSOE. En vídeo, Ángel Gabilondo, visto por Juan José Millás.

Ángel Gabilondo, que conoce la dialéctica hegeliana, aspira, piensa uno, a erigirse en la síntesis de la dicotomía tesis/antítesis representada por Pablo Iglesias e Isabel Ayuso respectivamente. Ahí es donde se ha colocado este profesor de Hermenéutica, aunque también de Ontología y Teodicea. Desde esa posición alcanzó logros académicos inestimables y desde ella ganó asimismo las elecciones a la Asamblea de Madrid en 2019. No llegó a gobernar porque Ciudadanos y Vox no tienen ni idea de Metafísica, rama de la filosofía que trata sobre los fundamentos últimos de la realidad y de la que nuestro hombre era catedrático cuando abandonó la universidad para dedicarse a la política.

Aparte de sus hazañas intelectuales, logró, siendo ministro de Educación, la de convencer al PP de la necesidad de un pacto educativo para una década que se resumió en 12 objetivos, apoyados por una financiación estable, y cuya firma se frustró en el último segundo debido a cálculos electorales miserables de María Dolores de Cospedal, responsable de la materia de Educación del PP. Pasaría a la historia como “el pacto acordado, pero no firmado”.

¿Significa todo lo anterior que hay que votar a Gabilondo? Claro que no, cada uno vota a quien le da la gana. Tampoco sería obligatorio votar a Aristóteles, si se presentase a estas elecciones, que creo que no. Pero los hechos son los hechos. Quizá por ello convenga añadir que, si de experiencia de gestión se trata, Gabilondo ha sido rector de la Universidad Autónoma de Madrid, además de presidente de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE). Dirán algunos que insistimos mucho en el currículum. La culpa no es nuestra, sino de Gabilondo, por tenerlo. Si hubiera sido el community manager del perro de Esperanza Aguirre, lo pondríamos también. Se omitió por piedad en el caso de Ayuso.

Ahora bien, y por volver a lo que nos ocupaba: ¿Votaría yo a Aristóteles? Hombre, hombre, no sé, tendría que pensarlo y estudiar detenidamente su programa, sobre todo si se presentara también Platón, que era partidario de una república en la que estaban prohibidos los poetas. Y no es que tenga nada contra ellos, contra los poetas, los leo desde la mañana hasta la noche, pero están todos de los nervios porque venden poco.

Gabilondo también vende poco, pero lo lleva bien porque conoce sus límites. ¿Es bueno para un político conocer sus límites? No sabríamos decir, pues Ayuso sigue primera en las encuestas pese a ignorar los suyos. A quienes lo criticaron porque se le veía poco en la oposición hay que decirles que no es que se le viera poco, es que a los demás se les veía demasiado. Es el problema de elegir el lugar de la síntesis: que renuncias al protagonismo inherente a la tesis, que es muy ruidosa, y a la antítesis, que es muy de Telecinco.

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