SANT JORDI

El Sant Jordi de la ilusión vuelve a la calle de manera ordenada

El sector del libro espera vender el 60% de una ‘diada’ normal y el de la rosa, la mitad, en una jornada con 800 tenderetes en toda Cataluña

Una parada durante el último Sant Jordi, en julio.
Una parada durante el último Sant Jordi, en julio.Albert Garcia

Con zonas perimetradas y controles de colas, no en todos los espacios tradicionales, con menos autores firmando y unas ventas de libros que rondarán el 60% de una jornada tradicional; la mitad, en el caso de las rosas. Sí, con una mano atada atrás, pero Sant Jordi volverá el viernes a la calle, en la que será una de las primeras grandes fiestas cívicas en Cataluña desde el inicio de la pandemia y la primera del año, punta de lanza pues para la esperanza, la ilusión del inicio del cambio de ciclo en la lucha contra el coronavirus. Así, al menos, lo presenta el sector, que afronta la jornada de manera muy distinta a hace un año, entonces con las librerías cerradas y el confinamiento generalizado.

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“Es el símbolo de que algo está cambiando en la lucha contra la pandemia”, ha apuntado el presidente de la Cambra del Llibre de Catalunya, Patrici Tixis, en la presentación del complejo dispositivo para celebrar el día del libro y de la rosa que, a pesar de todas las restricciones, sacará a la calle unas 800 paradas en toda Cataluña. La cifra no distará en exceso de las de una diada normal, en tanto todas las librerías podrán ubicar un tenderete frente a su tienda, separando bien el espacio para las codiciadas firmas de autores, que deberán tener ámbito, personal y cola propias. Excepcionalmente, y para evitar aglomeraciones, los tenderetes podrán instalarse ya desde el miércoles, en el que es una especie de Sant Jordi de tres días. Los permisos están limitados a profesionales del libro y la floristería para evitar aglomeraciones con tenderetes de entidades, excepto en localidades pequeñas sin librería alguna.

Más de la mitad de los puestos se contabilizarán en la capital catalana, que acogerá 490 paradas entre libros y rosas. De ellas, 180 estarán en 11 zonas acordonadas repartidas por siete de los distritos. En el Eixample habrá tres: paseo de Gràcia (en cuatro tramos entre Ronda de Sant Pere y Aragó), jardines del Palau Macaya y plaza Universitat; en Ciutat Vella habrá dos (paseo de Lluis Companys, tras el Arc de Triomf; y la plaza Reial); el mismo número que en Gràcia (Jardinets y la plaza de la Vila). El resto, en Sarrià (plaza de Sarrià); Sant Andreu (plaza Orfila), Poblenou (un espacio entre la Rambla y las calles Pallars, Llacuna y Pujades) y Les Corts (plaza de Valdívia, junto al centro comercial de L’Illa Diagonal).

“Hay que olvidarse este año de algunos de los lugares tradicionales de Sant Jordi”, apunta el secretario técnico del Gremi de Llibreters, Marià Marín, en alusión a la imposibilidad de acceder, en Barcelona, a lugares tan santjordiescos como La Rambla y La Rambla de Catalunya, entre otros. Las medidas, en los espacios perimetrados que habrá por grandes ciudades de toda Cataluña, serán rigurosas: gestión de colas, sentido único de circulación, separación de las firmas de autores y “equipos de personal específicamente formados”, recalca Marín. Los organizadores confían en que la dispersión de espacios y las paradas prediada de miércoles y jueves eviten aglomeraciones durante la jornada, que se desarrollará de 9 a 20 horas, si bien en esos espacios nunca se podrá superar el 30% del aforo. El planteamiento también será beneficioso para el comercio de proximidad, “a excepción de las librerías de zonas de mar y de montaña, que no podrán contar con la gente que les va de fuera de las comarcas por las restricciones de movilidad”, admite Mari Carme Ferrer, presidente de los libreros.

13 millones de euros en libros

Con todo, el cálculo de ventas es moderadamente optimista. En el sector del libro se calcula que se podría alcanzar “un 60% de la facturación de un Sant Jordi normal”, cifra Tixis, con los que, con parámetros de 2019, podría superar los 13 millones de euros. Un optimismo que avala la afluencia de público y el movimiento de caja que buena parte de las librerías catalanas ya han detectado desde el pasado jueves. La diada es capital para toda la cadena del libro, en tanto concentra las ventas en una horquilla, según tipología de librerías, que puede ir desde 4% a un 12% de su facturación en unos pocos días. Para la edición en catalán, se invierten los guarismos tradicionales: el 70% de los 1,5 millones de ejemplares que se venderán serán en esa lengua.

El sector de la rosa, por su parte, calcula que no pasará de la mitad de la facturación de otras ediciones, uno 10 millones de euros, resultado de la venta de entre 3,5 y 4 millones de rosas. Amén de los efectos colaterales de la pandemia, el gremio viene lastrado también por la reducción de flores ante las anómalas lluvias fruto del cambio climático que castigan las zonas productoras de Colombia y Ecuador, que concentran el 80% de las que aquí se venderán. Por ello, el presidente del Gremi de Floristes de Catalunya, Joan Guillén, alerta de que “quizá la cosa vaya justa por la diada y no tendremos margen para reponer; es mejor reservar ya”, lanza con habilidad comercial.

“Estamos haciendo un gran esfuerzo para mantener la actividad cultural a pesar de las dificultades sanitarias, y eso no es habitual en el resto de Europa”, recalca el teniente de alcalde de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona, Joan Subirats. La consejera de Cultura de la Generalitat, Àngels Ponsa, amén de resaltar el gran valor simbólico de la celebración callejera de Sant Jordi, en tanto “nos singulariza y universaliza ante el mundo”, hizo hincapié en la colaboración institucional. “La pandemia nos está llevando a trabajar más en alianzas y con mucha más previsión”, reconoció. Sin duda, un Sant Jordi de la ilusión.

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