MOVILIDAD URBANA

Los dueños de los vados se indignan con los nuevos carriles bici de Barcelona

Colau ha eliminado desde 2015 un 18% de las plazas de aparcamiento de zona azul

Dídac, mecánico de un taller de la calle de València de Barcelona, ayuda a maniobrar a un cliente sobre el nuevo carril bici.
Dídac, mecánico de un taller de la calle de València de Barcelona, ayuda a maniobrar a un cliente sobre el nuevo carril bici.Albert Garcia / EL PAÍS

La habilitación de carriles bici en Barcelona durante la crisis del coronavirus impacta en los vados que parkings o negocios tienen en calles como Pau Claris, Roger de Llúria, València, Castillejos o Indústria. Aunque la tasa se paga por “el uso restringido de la acera para la entrada y salida de vehículos de edificios”, especifica la web del Instituto Municipal de Hacienda, de facto muchos se emplean también como aparcamiento para los clientes.

A sus propietarios, que en el Eixample pagan unos 1.200 euros por vado, el carril bici les ha modificado el día a día, porque no pueden hacer uso del espacio como antes de tener bicicletas circulando delante del negocio, y algunos están que trinan. El Ayuntamiento recuerda que pagar un vado solo da derecho de paso.

En la calle de València, casi tocando con Independència, el responsable del taller de cambio de neumáticos Tuning S.L. está encendido: delante de su vado han habilitado un carril bici que ha dejado la calle en tres carriles: dos para coches y uno para autobuses y taxis. Se llama Dídac y explica que desde que tiene el carril bici se tiene que “discutir con todo el mundo: ciclistas en contra dirección, ciclistas que pitan a los clientes, coches que se enfadan con los ciclistas o cuando les digo que se esperen a que el cliente salga marcha atrás”. “Antes los clientes pisaban un carril, ahora dos, todo el mundo se enfada ¡y aquí quien paga 1.500 euros de vado soy yo!”, se sulfura. En una calle como València, que se utiliza para conectar con Meridiana y salir de la ciudad, la reducción del carril genera atascos y, vistas las actitudes y bocinazos, más nervios entre los conductores.

También en la calle de València, pero a la altura de Sagrada Família hay otro taller. Aquí el dibujo de los carriles es distinto: acera, carril bici, aparcamiento en calzada, carril para coches y otro para autobuses. Tousseef Amjad regenta con su hermano el taller AutoBros, un local largo y estrecho. “Nosotros para sacar un coche tenemos que hacerlo marcha atrás y mover dos o tres más”, lamenta: “Ahora lo tenemos más difícil porque en las maniobras invadimos el único carril de circulación y no todo el mundo tiene paciencia”. “El carril bici nos ha costado 4.000 euros para comprar dos elevadores para maniobrar al fondo del taller”, explica.

En la calle de Pau Claris el nuevo carril bici afecta al día a día de otro taller: Nivel Moto. “Antes las grúas paraban delante del local con motos averiadas, pero ahora o se ponen encima del carril bici, o cortan un carril de tráfico de los dos que han quedado, o descargan en la esquina, y si la moto está roto tenemos que arrastrarla. Una moto pesa 200 kilos” relata Joan Garrido. Más difícil todavía es en Castillejos, donde ha quedado un solo carril para circulación y cualquier maniobra para el tráfico.

Fuentes municipales reportan que en los tramos de los nuevos carriles bici hay 110 vados: 16 son de entrada a aparcamientos de rotación y el resto a parkings privados. Las mismas fuentes señalan que “el vado permite el acceso a un espacio privado, pero en ningún caso conlleva la reserva de plaza de aparcamiento en la calzada para uso particular” y precisan que si algo lo hacía era “de forma ilegal e incumpliendo la normativa”. A parte, señalan que 45 de los vados están en calles donde no hay aparcamiento, por lo que estacionar “puede comportar un riesgo para la seguridad viaria”.

En la misma línea de ganar espacio público o para movilidad activa, el gobierno de la alcaldesa Ada Colau eliminó entre 2015 y la actualidad 3.500 plazas de aparcamiento regulado en la calle. El mayor porcentaje, un 18% corresponde a plazas en zona azul, las que utilizan más las personas de fuera de la ciudad. Las de área verde de residentes cayeron un 3,5% y las blancas, para vecinos de cascos antiguos, un 9,4%.

La actual concejal de Movilidad, Rosa Alarcón, señala que la reducción de aparcamiento “se explica porque cada metro cuadrado de espacio público es oro”. “Se trata de ir sacando de la calle plazas itinerantes allí donde hay aparcamiento en subsuelo, igual que estamos aumentando las tarifas de la zona azul”, argumenta y recuerda que en paralelo el área verde para residentes se está extendiendo en las zonas periféricas de la ciudad donde todavía no estaba regulado el aparcamiento en superficie. “La idea es llegar a un 90% de plazas reguladas en 2022, proteger a los vecinos donde no hay aparcamiento en subsuelo”, apunta.

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