COVID-19

La epidemia pone en jaque al comercio de proximidad de Barcelona

El pequeño comercio pide ayudas para remontar el cierre y lamenta que tenga que pagar impuestos y los gastos fijos

Un comercio de Barcelona durante el estado de alarma.
Un comercio de Barcelona durante el estado de alarma.Albert Garcia

La frase del “Al barri hi ha de tot” corre el riesgo de convertirse en un eslogan desfasado. En papel mojado. Esa es la sensación que tienen muchos comerciantes que bajaron la persiana en Barcelona el 16 de marzo con la declaración del estado de alarma para frenar el avance del coronavirus. En la capital catalana hay algo más de 14.000 comercios no alimentarios y cerca de 8.000 alimentarios que son los únicos que están abiertos. La incertidumbre de cuánto durará la crisis sanitaria, la débil estructura de la mayor parte de los negocios y las obligaciones económicas se configuran como una seria amenaza para el modelo de comercio proximidad.

Son negocios más bien pequeños, muchos familiares. La media de trabajadores es de 2 o 3 con un propietario que es autónomo. “Los que son trabajadores se han ido a sus casas con un ERTE y según los casos y las circunstancias se les ha completado el paro hasta el 100%”, según la fotografía que hace del sector Salvador Vendrell, presidente de la entidad Barcelona Comerç que agrupa a 24 ejes comerciales de la ciudad en los que hay 25.000 negocios, desde restauración a todos los diferentes sectores comerciales. Una entidad que estos días echa humo por la diversidad y cantidad de consultas que les hacen sus asociados, unos 5.500. Desde los sindicatos apuntan que es imposible saber el número de ERTEs de negocios pequeños por la atomización del sector.

Desde el 16 de marzo sus cajas registran cero euros de ingresos, se les suma el tener que hacer frente las facturas de los proveedores, el pago de los autónomos, el alquiler del local, el pago de impuestos- el IVA trimestral y el IRPF- además de los suministros energéticos y las deudas financieras. “La batería de medidas que hemos pedido a las administraciones en su gran mayoría no han sido atendidas”, añade Vendrell. “Las medidas que se han anunciado son generalistas hace falta ver cómo se materializa una inyección de dinero que es lo necesario”, subraya.

Tanto el Instituto de Crédito Oficial (ICO), dependiente del Ministerio de Economía, como el Institut Català de Finances (ICF), su homólogo del departamento de Economía de la Generalitat han aprobado líneas de crédito para que los comerciantes puedan tener liquidez. “A medida que pase más tiempo, será más complicado volver a levantar la persiana. Puede ser un golpe y el comercio de proximidad, en gran medida, puede desaparecer”, añade Vendrell. Desde Barcelona Oberta, una entidad que agrupa a asociaciones de comerciantes del centro de la ciudad, el diagnóstico es igual de negativo: “Es una situación muy incierta, no hay liquidez y la solución del endeudamiento no será buena, ya veremos qué negocios subsisten”, opina Gabriel Jené, presidente de la entidad.

No quiere ser tan pesimista Montserrat Ballarín, concejal de Comercio del consistorio de Barcelona: “El comercio de proximidad es un elemento definitorio de la ciudad, parte de su modelo. Por lo tanto, cuando la alarma se haya superado será una prioridad y será necesario un auténtico plan de shock para dinamizar la economía de la ciudad”. Ballarín reconoce las dificultades del pequeño comercio y añade que el consistorio ha aplazado el pago de tasas municipales para aligerar la carga.

“Yo lo que sé es que tengo 15.000 euros fijos al final de mes entre el alquiler, los seguros sociales, nóminas y suministros, sin contar con el pago de los proveedores”, explica Sergio Moral, que tiene un negocio de papelería y material de oficina en el Eixample que funciona desde hace 30 años. Se trata de una empresa familiar y tienen tres trabajadores a los que les han complementado el subsidio del ERTE. “Este mes hemos conseguido aplazar la mitad del alquiler para más adelante, pero, y el siguiente? ¿Qué hago con el pago a los proveedores?” se pregunta.

David Pou, con una tienda de colchones en els Encants de Barcelona que regenta con su mujer, comenta que lo que ha pasado está siendo más duro que el decrecimiento de la crisis económica; “Si entonces bajamos de 100 a 50, ahora hemos pasado de 50 a 0 de golpe y eso es más difícil de sobrellevar”. Cuenta que tiene la suerte de que el local es de su suegro al que le ha pedido el aplazamiento del pago del alquiler y que planteará un aplazamiento de la liquidación a proveedores y el del pago del IVA: “Ahora habrá que buscar fórmulas, pedir préstamos, pero casi que lo que más preocupa es el después, no lo veo nada claro”.

LLuis Llanas es comerciante del eje de Creu Coberta con dos negocios, uno de cortinas y otro de decoración. Tiene que pagar el alquiler de uno -ya está negociando la rebaja con el propietario- y la cuota de la hipoteca del otro. “Los trabajadores se han acogido al ERTE pero tenemos gastos fijos que son altos y los préstamos del ICO y del ICF todavía no son efectivos para poder ampliar la póliza de crédito. Eso sí, tenemos que presentar la declaración del IVA sí o sí y seguir pagando los recibos de la luz con los negocios cerrados”, desgrana enfadado.

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