“A Virginia Woolf no la mató la depresión, la mató Hitler”

Al escritor Gonzalo Torné y a la traductora Itziar Hernández Rodilla les ha unido el interés por la icónica escritora británica. Acaban de conocerse aunque han trabajado juntos en el libro ‘Virginia Woolf. Escenas de una vida: matrimonio, amigos y escritura’

El escritor Gonzalo Torné y la traductora Itziar Hernández Rodilla, en la Quinta de Torre Arias, en Madrid.
El escritor Gonzalo Torné y la traductora Itziar Hernández Rodilla, en la Quinta de Torre Arias, en Madrid.Matías Uris

Gonzalo Torné e Itziar Hernández Rodilla se acaban de conocer en persona. De desvirtualizarse. Se seguían en redes, conocían sus respectivos trabajos y compartían interés por Virginia Woolf. Además, acaban de colaborar en el libro Virginia Woolf. Escenas de una vida: matrimonio, amigos y escritura (Clave Intelectual), prologado por Lucía Lijtmaer y publicado en abril. Un acercamiento prismático a la icónica intelectual, nacida en 1882, así como a su querido círculo de Bloomsbury; un libro apto para iniciarse y también para iniciados en la Woolf. “Es una buena puerta de entrada a la autora porque es un material muy accesible ―chismorreos de alta literatura―. A la vez, es un libro que no existía como tal”, dice Torné (Barcelona, 1976), autor de, entre otros títulos, El corazón de la fiesta (Anagrama).

El escritor se sumergió en los diarios de la británica, que fueron publicados por primera vez por su viudo, Leonard, en 1953. Torné usó los cinco volúmenes editados por Anne Bell, que narran casi tres décadas de la vida de Woolf, de 1915 a 1941. Durante el primer año de pandemia seleccionó pasajes, los tradujo y los reordenó en capítulos dedicados a sus amigos, su escritura y su vida. A partir de ese trabajo, la traductora Hernández Rodilla (Bilbao, 1976) elaboró un cuidado censo de personajes de la época (Auden, Gertrude Stein, E. M. Foster…). “Para los anexos partí del texto de Gonzalo para ver qué podía aportar”, agrega ella. Firma también dos cronologías —una biográfica y otra literaria— que aportan un rico contexto. “La vida y obra de Woolf están interrelacionadas”, cuenta, “escribe en momentos clave, consecuencia de lo que ha vivido”.

Y Virginia Woolf vivió mucho. Una infancia en una familia de clase alta victoriana, cuyo padre (Leslie Stephen) no permitió ni a ella ni a sus hermanas ir a la universidad (sus hermanos sí acudieron); la muerte de su madre a los 13 años; la de su hermana después; la Gran Guerra; se casó con Leonard Woolf, se codeó con Katherine Mansfield, Bertrand Russel o Wittgenstein; y asistió a la aparentemente inexorable expansión del nazismo. “Recibe toda clase de estímulos de la época, los condensa y los tamiza a través de su mente, que es singularísima. Sus reflexiones son hiperinteligentes y al mismo tiempo todo es cotidiano”, resume Torné el tono del volumen, que aporta una interesantísima lectura cronoemocional de la autora. “Estaba preocupadísima por el fascismo emergente. No solo la mató la depresión, la mató Hitler”, agrega. Antes de cargarse de piedras y sumergirse en el río Ouse, ella y Leonard (de origen judío) habían ensayado su suicidio con gas en su garaje. “Muchos intelectuales alemanes huyen a Inglaterra, por lo que el nazismo tuvo que estar muy presente en sus conversaciones”, remarca la traductora. “A Virginia Woolf el mundo se le oscurece”.

Actualizada como icono feminista y LGTBIQ por su relación con la poeta Vita Sackville-West (”se mitificaban mucho. Ellas cuentan que hubo dos intercambios carnales”, acota Hernández Rodilla), ambos definen su lucha por los derechos de la mujer como muy personal. “Ve que para sus hermanos todo es más fácil. Para ella el feminismo implica conquista de espacios: poder hacer lo que los hombres”, explica la traductora. “Sus personajes femeninos tienen mucha fuerza”, continúa el escritor: “Una novela sofisticadísima como La señora Dalloway va de una mujer preocupada por cómo poner la mesa”. Ambos llevan tiempo sumergidos en el universo Woolf. El escritor conocía a Hernández Rodilla por las traducciones que ella había hecho para Akal de Al Faro (2020) y Orlando (2018): “Me parecía chispeante, muy de Bloomsbury, divertida y a la vez estirada”, bromea Torné. “La selección que ha hecho Gonzalo es muy buena; convierte a Virginia Woolf en la amiga perfecta para criticar a tus amigos mientras tomas un té”, dice la traductora.

“Ese revival feminista es muy merecido por un texto fundamental [Una habitación propia], pero es que… ¡es una gran escritora!”, zanja Torné. Para él, es la base de que ahora siga interesando: “Necesitamos seguir pensándola y leyéndola porque nos atañe. Woolf es una gigante sin discusión”. “También hay un factor importante”, recuerda Hernández Rodilla: “Caducan sus derechos de traducción”.

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