AJEDREZ

La exquisita precisión de Guélfand

Con un peón de Shírov a punto de coronar, el israelí exprime sus recursos con gran tino y belleza

Leontxo García

Blancas: Dd1, Tf1, Rg1, Ae2, Cf3, Ag3, Tb7; peones en d4, e4, f2, g2 y h2.

Negras: Da2, Ta8, Cb8, Tf8, Rg8, Ag7, Ag4; peones en a4, e7, f7, h6 y g5.

Borís Guélfand (Minsk, 1968), emigrado de Bielorrusia a Israel en 1998, es unánimemente apreciado como persona y admirado como profesional por sus colegas de la élite. Tenía seis años cuando descubrieron en él eso que se llama talento, con el importante matiz de que -como le gusta subrayar a Gari Kaspárov- en este caso el talento incluye una enorme capacidad de trabajo: Guélfand y su entrenador, Alexánder Huzman, han trabajado juntos no menos de ocho horas diarias durante toda su vida profesional. Esos dos factores combinados fructificaron en que se mantuvo entre los 30 mejores del mundo durante 27 años (1990-2017) tras su gran salto a la fama, cuando ganó el Abierto de la GMA de 1989 en Palma de Mallorca. Aparte de sus numerosos triunfos en torneos y once Olimpiadas de Ajedrez disputadas, Guélfand ha jugado seis Torneos de Candidatos, y fue subcampeón del mundo en 2012 tras perder el desempate con Viswanathan Anand en Moscú.

El excampeón del mundo Vladímir Krámnik define así su aportación al ajedrez: “Guélfand no solo es uno de los poquísimos jugadores muy universales, capaz de rendir igual de bien en todo tipo de posiciones. Su inexorable consistencia en la realización de sus conceptos estratégicos es, en mi opinión, su principal rasgo”. Es muy coherente, por tanto, que sea uno de los conocedores más profundos de los sistemas contra la Defensa Gruenfeld, como se demuestra en la joya inmortal que glosa este vídeo, producida en el torneo de Polanica Zdroj (Polonia) en 1998 frente a un genio, el hispano-letón Alexéi Shírov.

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