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Cómo ganar espacio vital cuando el confinamiento nos encierra en casa

Las zonas exteriores de las viviendas se han erigido como lugares imprescindibles a la hora de adquirir o cambiar de habitáculo. El colectivo VIC inventa el 'soldo', un híbrido de suelo y toldo

Un sistema reversible, modular, de fácil instalación y precio asequible
Un sistema reversible, modular, de fácil instalación y precio asequible

Hemos visto, durante los pasados meses del confinamiento, cómo en cientos de artículos periodísticos se constataba un aumento de búsquedas de viviendas que poseyeran espacios exteriores: jardines, terrazas, balcones, patios… Los espacios exteriores de las viviendas se han erigido como lugares imprescindibles a la hora de adquirir o cambiar de vivienda, máxime cuando la ventilación de los mismos contribuye en gran medida a mitigar el riesgo de contagio vírico.

En la actualidad esa tendencia sigue al alza, incluyendo la movilidad centrífuga de las grandes ciudades hacia espacios peri urbanos o rurales, que gracias al teletrabajo y el miedo a un nuevo confinamiento —más cercano y rápido de lo que preveíamos pueda dar lugar a otro encierro doméstico. Y este replanteamiento sigue vigente, para los que se lo puedan permitir, debido a que mucha población vive en espacios domésticos de muy poca superficie, con una gran densidad de población, sin lugares exteriores y con mucha movilidad asociada, lo que hace muy difícil la convivencia, la salud física y mental y el propio riesgo de contagio.

Y es que muchas de las ciudades en las que vivimos, de tipo mediterráneo, pese a contar con grandes ventajas sobre otros modelos densidad, proximidad, hibridación de usos, red de transporte público…— siguen requiriendo grandes transformaciones hacia un nuevo modelo de “ciudades saludables”, en las que consigamos incrementar, cuantitativamente y cualitativamente, el espacio para sus habitantes.

Si bien esa reivindicación de la mejora de espacios ha estado vinculada a los espacios públicos, el virus ha provocado la traslación del foco hacia los espacios privados, por lo que la salud de nuestras ciudades se juega en ambas esferas. El replanteamiento de nuestras viviendas debe ser prioritario ante la consolidación de que la lucha contra el virus se prolongue en el tiempo y que dicha lucha deba ejercerse, mayoritariamente, en nuestras viviendas. Lo que antes parecía una respuesta coyuntural debe ser un eje central de las políticas de vivienda en busca de una ciudad saludable para sus habitantes y visitantes.

Los módulos más simples contarían con cerca de 7 m2 de superficie y un precio más asequible

Si ya conocemos el diagnóstico entonces habrá que cambiar muchas cosas para transitar hacia ciudades más saludables. Esto nos implica a todos los agentes participantes en la producción de ciudad: profesionales, legisladores, promotores, consumidores. Tenemos que repensar los espacios urbanos para ser más resilientes, frente a pandemias como la covid-19, pero también frente a otros fenómenos y dinámicas urbanas existentes, como la turistificación, la gentrificación, la expulsión, el vaciamiento, el metabolismo urbano, la relación con lo rural, el precio de la vivienda, las reservas de vivienda pública, etc.

Pero en el mientras tanto debemos recurrir a propuestas y soluciones imaginativas y creativas, que permitan desplegar acciones disruptivas al nivel de lo disruptivo que ha supuesto la aparición e impacto del virus. En ese mientras tanto el tránsito hacia la ciudad saludable pensamos en cómo hacer que nuestras viviendas ofrezcan nuevos espacios exteriores seguros en los que sobrellevar los confinamientos -parciales o totales.

Ya conocemos el diagnóstico… ¿y la solución?

1. Las ciudades

La combinación permite que las viviendas multipliquen su superficie y generen espacios exteriores
La combinación permite que las viviendas multipliquen su superficie y generen espacios exteriores

Vivimos en ciudades de tipo Mediterráneo: ciudades compactas, con espacios de sociabilidad y cercanía a servicios que permite la cohesión social y la vida en comunidad, haciendo de este modelo una ciudad más sostenible y equilibrada.

En Madrid, el distrito centro posee el 83% de las viviendas construidas antes de 1900, por lo que es el distrito más representativo de la ciudad histórica. Si atendemos a la densidad de población, el distrito Centro posee 26.900 habitantes por kilómetro cuadrado (cinco veces más que la media de la ciudad) con el segundo barrio más denso de Madrid (Embajadores).

2. Las manzanas

Las manzanas históricas poseen gran ocupación, con calles circundantes estrechas, patios de luces de mínima dimensión y alta densidad de ocupación.

La vivienda media en Madrid ronda los 85 m² construidos, con más de un 20% total del parque de viviendas por debajo de los 50 m² construidos. El distrito Centro (ciudad histórica) es, con diferencia, el distrito con viviendas más pequeñas de toda la ciudad. (38% de las viviendas de menos de 30 m² de todo el municipio). Además, es el distrito que cuenta con mayor porcentaje de apartamentos -viviendas de una sola habitación (26% del total)

3. Las viviendas

Vivimos, predominantemente, en pisos con una de las medias más bajas de superficie por habitante de la región. Esto se agrava en las grandes ciudades y centros históricos, donde el precio por m2, la especulación y la turistificación densifican la ciudad -baja superficie y alta ocupación-.

Según la encuesta continua de hogares ECH de Madrid -2019- los hogares con viviendas menores de 46 m² (una gran parte) cuentan con 1,6 personas de media (28,75 m² por persona). Esta situación se agrava en hogares con familias de 2 y 3 hijos: el 31% y 50% de estos hogares, respectivamente, cuenta con menos de 20 m² por ocupante.

4. La crisis del coronavirus

Gran parte de nuestras vidas se desarrolla fuera de la vivienda, por lo que las carencias de esta pueden complementarse con espacios y tiempos de esparcimiento y socialización en calles, plazas, parques naturaleza.... Habitualmente entre nueve y 13 horas de cada día se desarrollan en espacios exteriores.

El confinamiento provocado por la covid-19 ha ocasionado que el 99% de nuestro tiempo lo pasemos en nuestras viviendas (pequeñas), anulando el uso del espacio público (vacío), excepto labores esenciales que se realizan con criterios de proximidad y rapidez (seguridad).

¿Por qué no aumentar excepcionalmente nuestras viviendas a través del único espacio de crecimiento existente: las ventanas?

5. El soldo: un espacio retráctil para períodos de confinamiento

En períodos extraordinarios, como el confinamiento, los soldos se abaten de las fachadas exteriores: el único borde de la envolvente que permite "ensanchar" la casa. Una rótula inferior abate el soldo creando un nuevo espacio exterior que invade la calle (poco usada en pandemias), aumentando la superficie de la vivienda a través de un nuevo espacio accesible por ventanas.

El soldo —toldo de suelo es un elemento levadizo adosado en fachada o embutido que contiene el hueco de la vivienda. El bastidor metálico plegado coexiste en la misma, mimetizado en las fachadas históricas, durante los períodos ordinarios.

Los módulos más simples contarían con cerca de 7 m² de superficie y un precio más asequible. A partir de ahí puede crecer en tamaño, prestaciones, acabados, calidades y costes. Se pueden habilitar tantos soldos como ventanas existan, combinando módulos (dobles, enfrentados), capotas, colores y materiales.

La combinación permite que las viviendas multipliquen su superficie, generen espacios exteriores y modifiquen la estética de las fachadas urbanas. Un sistema reversible, modular, de fácil instalación y precio asequible.

Los soldos podrían ser una solución reversible de emergencia para un período de pandemia, asociados a una ordenanza particular propia de singularidades puntuales. A través de la expansión de las viviendas hacia espacios públicos se generarían espacios saludables interiores en los que mejorar las condiciones de habitabilidad de los habitantes, proponiendo espacios exteriores seguros y ventilados, y generando nuevas imágenes urbanas propias del ciclo que sufrimos, habilitando identidades propias de nuestra época.

Miguel Jaenicke, Esaú Acosta, Beatriz López y Miguel Zoya forman parte del colectivo VIC Innovación Urbana

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