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¿Es otra moda posible?

¿Es otra moda posible?

Glenn Martens ha convertido Y/Project en la firma independiente más relevante
del momento. Y lo ha hecho dinamitando los estereotipos y apostando por la diversidad y la sostenibilidad. Hablamos con el visionario belga sobre el futuro del lujo y la crisis de creatividad del sector.

En mitad de la entrevista por Zoom, al ordenador de Glenn Martens (Brujas, Bélgica, 35 años) se le empieza a agotar la batería y el diseñador de ­­Y/­Project sale corriendo en busca del cargador. Esto, que desde hace siete meses es tan normal como cerrar la puerta de casa y recordar que la mascarilla está dentro, resulta extraordinario si el protagonista es el director creativo de una marca que factura 10 millones de euros ­anuales. En estas conversaciones online —­tam­bién en las presenciales—, sus homólogos suelen querer arroparse por jefes de prensa y asistentes, a los que hacer convenientemente responsables del estado del portátil o del cambio de las fases de la Luna. Pero Martens representa otra forma de hacer moda y de entenderla, fuera de los estándares de los grandes conglomerados que dominan el sector, pero rentable y exitosa; lo que convierte a su enseña en una de las más interesantes y meritorias del inestable momento actual.

Si hubiese que resumir su historia en un tuit, podría decirse que, desde que tomó las riendas de Y/Project hace siete años, Martens ha transformado a la firma francesa en la más comercial de las marcas independientes. Una posición “difícil” —como él mismo reconoce— pero influyente, porque conecta lo underground con el sistema. Así, algunos de los caminos que ayudó a abrir —la apuesta por prendas sin género, los desfiles inclusivos y el compromiso medioambiental— son ahora transitados con más o menos honestidad por firmas consagradas: prueba de que su visión sobre el sector puede tener valor de diagnóstico.

Propuesta para la colección primavera-verano 2021.
Propuesta para la colección primavera-verano 2021.

“Empecé en la moda por gente como Martin Margiela o ­Phoebe Philo, que eran capaces de crear otro tipo de belleza y, en cierta forma, un universo particular y mágico. En los últimos años estamos viendo todo lo contrario: marcas que se han hecho gigantescas porque están muy orientadas al producto, que hacen fundamentalmente branding, ­merchandising”, explica Martens.

El belga no se muerde la lengua. Y eso es aún más excepcional que entrevistar a un creador a solas. Se nota que tuvo un buen maestro: Jean Paul Gaultier —una de las voces más libres de la moda—, en cuyo equipo de diseño comenzó a trabajar tras graduarse en la prestigiosa Academia de Bellas Artes de Amberes. Fue el primero de su promoción. En 2010, se convirtió en asistente de Yohan Serfaty, fundador de Y/Project, y tras la muerte de este, tres años después, tomó las riendas de la enseña, que hasta entonces era masculina, abriéndola al mercado femenino y posicionándola como una de las mejor conectadas con el consumidor milenial. Aunque el universo en el que supuestamente se desenvuelve esta nueva generación no es precisamente de su agrado.

Las prendas de Glenn Martens (arriba) juegan a reformular su función. “Nuestro objetivo es empujar los límites de la creatividad”, explica el diseñador.
Las prendas de Glenn Martens (arriba) juegan a reformular su función. “Nuestro objetivo es empujar los límites de la creatividad”, explica el diseñador.

“Estamos en la era de la gente que no hace nada pero vende. Dentro de unas décadas no se recordará a Nicolas Ghesquière, sino a Kim Kardashian”, se queja. En esta sociedad hiperconsumista, denuncia, “se ha perdido la creatividad y el concepto de lujo”. Una valoración que comparten personajes en principio tan opuestos a él y a su proyecto como el presidente de Chanel, Bruno ­Pavlovsky, que antes del confinamiento denunciaba en una entrevista con El País Semanal la depreciación del sector. “Cada marca interpreta el lujo de una forma distinta. Para algunas está en el concepto, y para otras, en la forma de ejecutarlo; pero en lo que todas estamos de acuerdo es en que tiene que ver con la exclusividad. En otras disciplinas esa exclusividad se protege: los artistas numeran sus obras, los vinos tienen denominación de origen, pero en la moda no pasa”, reflexiona Martens antes de lanzar la pregunta del millón: “¿Puede considerarse exclusivo un bolso del que se fabrican 30.000 unidades? ¿Es lujo o solo un producto de alta calidad?”.

Quizá no exista una respuesta correcta, pero sí debe haberla para una de las cuestiones claves en la supervivencia del sector: “¿Cómo podemos recuperar el respeto por lo que hacemos?, ¿cómo debemos comunicarnos con el cliente para hacerle entender que este no es solo un producto más que consumes y desechas?”. Que las marcas empiecen a respetar su propio trabajo supone para Martens un buen comienzo. “Algunas de nuestras prendas merecen estar más de una temporada en las tiendas, porque detrás de cada una, hasta de la camiseta más sencilla, hay un twist, un guiño, una intención”, reclama.

Propuesta para la colección primavera-verano 2021.
Propuesta para la colección primavera-verano 2021.

En su caso, la fórmula para conseguirlo ha sido crear una nueva línea, Evergreen, de prendas sostenibles y responsables —elaboradas en fábricas de Europa donde se respetan los derechos laborales—, que están siempre a la venta y nunca de rebajas. Se trata de una selección de diseños que “representan los fundamentos de la marca”, pero que resultan más atemporales —“fáciles de poner en el día a día”— que el grueso de las colecciones de Martens. Incómodas y desafiantes, sus propuestas experimentan con el trampantojo y la noción de funcionalidad: las camisas se retuercen al abrocharse, los abrigos se reconvierten en faldas y los pantalones son en realidad alforjas que dejan entrever bragas vaqueras. Una revisión conceptual del streetwear con el regusto de la escuela de Amberes que ha seducido a mujeres en principio tan distintas como Rihanna y Juliette Binoche.

Su colección permanente se actualizará cada temporada con nuevas piezas; prendas a las que Martens quiere regalarles más tiempo, que es lo que, en su opinión, le falta hoy a la industria de la moda. Tiempo para diseñar, producir e incluso vender. “Las prendas de verano, especialmente las femeninas, llegan a las tiendas en abril y dos meses después ya están rebajadas. No hay margen suficiente para comercializarlas adecuadamente y por eso casi nadie hace dinero ya con las colecciones de mujer”. Pero el calendario de los descuentos está fijado a nivel internacional, “da igual que seas pequeño o grande, que vendas cafeteras o vaqueros”. Se impone un cambio de ritmos, fechas de entrega más racionales, aunque Martens es poco optimista. “No creo que los grandes conglomerados vayan a modificar su velocidad de fabricación porque les funciona muy bien. Los cambios se producirán en las pequeñas y medianas firmas, porque nos vemos arrastradas por unas agendas imposibles de seguir sin sus equipos y presupuestos. Cada una debe encontrar la fórmula para sobrevivir y ahí es donde van a surgir soluciones interesantes”, augura. Pero Martens no es un ingenuo, sabe que esas marcas independientes son las que se encuentran en una posición más frágil en general, y durante la pandemia en particular. “Hay que ir muy poco a poco; si cambias todo de golpe y no sale bien, lo más seguro es que tengas que cerrar tu empresa. Y a mí me gusta que mis 25 trabajadores reciban su cheque todos los meses”.

¿Es otra moda posible?

Aunque no es el propietario, Martens ha modelado Y/Project a su imagen y semejanza, insuflándole los valores en los que cree. Porque sí, el belga es de los diseñadores que consideran que “es un lujo trabajar en el lujo” y que todo gran privilegio conlleva una gran responsabilidad. “Mi madre es enfermera y lo que hace es mucho más importante que lo que hago yo. Pero, además de su carrera, crio a dos niños y nunca ha tenido mucho tiempo para pensar en el reciclaje o la diversidad”. Él sí ha podido hacerlo y también formar parte de un negocio que influye en la sociedad. “Mi marca no solo impacta en aquellos que compran mi ropa; nos sigue mucha gente. Así que he de ser responsable y ofrecer los mensajes adecuados. Por ejemplo, siempre me ha gustado mezclar en la pasarela gente que encarna distintos cánones de belleza, porque es importante que todo el mundo se vea representado”.

A diferencia del 99% de los diseñadores, Martens habla con naturalidad de su familia y su vida privada. Tiene un novio murciano y en julio, cuando se hizo esta entrevista, estaba a punto de visitar la región por primera vez. Tampoco esquiva la pregunta que ningún creador quiere contestar: ¿qué marca le tentaría para abandonar su proyecto actual? “Estoy muy feliz donde estoy” es la respuesta automática, pero él va más allá. Si se fuese, tendría que ser a una firma con un gran legado histórico: “Dior, Chanel, Givenchy… Su historia, la posibilidad de poder trabajar la artesanía, podría ser muy emocionante. Pero es triste, porque hoy en día no veo que pasen muchas cosas emocionantes en marcas con un gran patrimonio”. Esperemos que, en cualquier caso, siga siempre enchufando su propio ordenador. —

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