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EP Aventura BLOGS Por JOSÉ MIGUEL VIÑAS y ROSA M. TRISTÁN
CAMBIO CLIMÁTICO

Cuatro olas de calor en la península antártica

Este invierno (austral) ha sido el más caluroso en 30 años en esta zona del continente antártico, según los datos recogidos por investigadores chilenos

La isla Rey Jorge, en febrero de 2020, en una ola de calor antártica.
La isla Rey Jorge, en febrero de 2020, en una ola de calor antártica.

Desde enero a primeros de octubre, la península antártica ha sufrido cuatro olas de calor. La primera de ellas, en febrero pasado, tuvo lugar cuando la autora de este blog llegaba al continente con la XXXIII Campaña Antártica Española, como ya conté entonces, pero es que después ha habido otras tres olas más: una en el verano austral y dos más durante el invierno que ahora está terminando. La última, entre el 9 y el 11 de julio. Los datos, recogidos en la Isla Rey Jorge y analizados por los investigadores de la Universidad de Chile, revelan que está siendo el año más caluroso en esta zona del inmenso continente de hielo desde hace tres décadas y ello no augura nada bueno.

“Estamos hablando de una media de 2,73ºC más sobre las temperaturas típicas hasta agosto en toda la península y de un año récord en olas de calor antárticas, con anomalías de hasta 5ºC en junio y julio en casi toda ella. Desde que tenemos registros, es decir, desde los años sesenta, solo en 1982 y 1989 hubo temperaturas superiores. Esto significa que se está acelerando el ritmo de calentamiento en la Antártida, una mala noticia”, explica desde Santiago de Chile el climatólogo Raúl Cordero, que ha dirigido la realización de este informe.

Son muchos los datos que aporta el trabajo, que se centra en el sur de la península antártica porque es allí, sobre todo en la isla Rey Jorge, donde hay una mayor concentración de bases científicas que han tomado los registros. Por cierto, no lejos de las bases españolas situadas en isla Livingston e isla Decepción. Y estos datos, que han confirmado con los recogidos por la NASA, nos cuentan que pese a que en agosto hubo un bajón en las temperaturas —también por debajo de la media—, no bastó para compensar los 34 días de calor (en términos antárticos, claro) que llegó a haber en la zona en meses anteriores. De hecho, este 2020 ni siquiera se ha llegado a helar la bahía Fildes, que da acceso a Rey Jorge.

Gráfico que muestra las anomalías en temperatura y nevadas durante 2020 en la península antártica. ampliar foto
Gráfico que muestra las anomalías en temperatura y nevadas durante 2020 en la península antártica.

Así, la apreciación de que en la Antártida no se notaba el cambio climático, tan utilizada por los negacionistas, da paso a una preocupante tendencia: “Sabemos que en la segunda mitad del siglo XX hubo un intenso calentamiento en la Antártida, alcanzándose los récords en los años ochenta, pero luego se moderó a partir del nuevo siglo, se ralentizó mucho el ritmo, algo que se atribuye a oscilaciones naturales en estudios publicados en 2015. Ahora vemos que se están cumpliendo los modelos climáticos que decían que la situación en el continente iba a empeorar”, argumenta Cordero.

En realidad, que esa tendencia estaba cambiando ya lo habían detectado científicos españoles en los glaciares, en el aumento de especies invasoras, en la disminución del krill… y es visible en el debilitamiento de gigantes continentales como el glaciar Thwaites o el Pine Island, ambos en el mar de Amundsen, o en el desgarramiento y fracturas de grandes plataformas de hielo… Para el científico chileno, “lo que se ve ahora en la Antártida es la consecuencia de lo que hemos hecho al clima en los últimos 20 años, así que lo raro hubiera sido que se mantuvieran las temperaturas estables sin frenar la contaminación atmosférica. Este año de temperaturas tan altas nos indica ahora una tendencia muy preocupante”.

No es consuelo que el propio informe refleje que también ha sido un año de grandes nevadas, como ya viene ocurriendo desde 2010. En la isla Rey Jorge ha nevado incluso tres veces más que hace medio siglo. ¿Significa eso que habrá más hielo? La respuesta de estos invesigadores es que no. “Ese incremento de precipitaciones tiene también un reflejo del cambio climático. Si sube la temperatura superficial del mar, nieva más, pero eso no supone que vaya a haber más hielo porque se pierde por las temperaturas más de lo que cae. En 40 años, el ritmo de pérdida se ha sextuplicado. También hemos visto que más al sur, el mar de Weddell ha estado en 2020 más frío que otros años, pero sin embargo el mar de Amudsen estuvo más cálido”, explica Cordero.

Un paisaje 'verde' y sin casi hielo. Así se veía el pasado 11 de febrero a la isla antártica Rey Jorge desde el 'Hespérides'.
Un paisaje 'verde' y sin casi hielo. Así se veía el pasado 11 de febrero a la isla antártica Rey Jorge desde el 'Hespérides'.

Tampoco está siendo un buen año en el Ártico. Este verano pasado se han batido récords de deshielo en las tierras groenlandesas y también en el mar; de hecho, un nuevo rompehielos nuclear ruso bautizado Arktica acaba de llegar navegando al mismísimo Polo Norte. No es el primer barco en hacerlo, pero sí el que podría inaugurar una nueva ruta comercial ruso-asiática para el petróleo y el gas natural que vende al mundo el país que dirige Vladímir Putin.

La cuestión es que todo ello ya nos afecta a la vida en la Tierra, humana, animal y vegetal. A la humana, porque con el deshielo polar sube el nivel del mar y se calcula que solo en España afectará en apenas 30 años a más de 200.000 personas que viven en zonas costeras: sufrirán inundaciones periódicas. En el mundo serán muchos millones los que buscarán hogar. A la animal, ya está afectando en la misma Antártida, pese a ser el lugar más alejado de la acción humana. Para muestra, las conclusiones de un estudio publicado hace unos días, también realizado por científicos del Instituto Antártico Chileno y la Universidad Austral de Chile, reconfirman los impactos que los inviernos cálidos antárticos tienen en el crustáceo llamado krill, que alimenta a los pingüinos, ballenas, peces y otros animales. Los científicos piden que, ya que parece que solucionar el cambio climático va para largo, se reduzcan estas capturas pesqueras de esta especie y se creen áreas protegidas marinas para evitar que las poblaciones de afectadas, especialmente de los pequeños pingüinos barbijo  sigan bajando. Y ya han disminuido hasta un 50% en solo 30 años,

En todo caso, si las campañas del próximo verano antártico se realizan, que está por ver por la Covid-19, puede que los científicos encuentren más impactos que esté dejando en los hielos este caluroso 2020, repito, en términos polares.

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