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El fin de la burla y misoginia: una nueva generación reivindica y ensalza a las ‘fans’ adolescentes

Nuevas voces se empeñan en hacer justicia a esas fans adolescentes, cuya forma de relacionarse con sus objetos de deseo y con otras fans esconde códigos mucho más ricos y profundos de lo que muchos quisieron creer

One Direction.
One Direction. Foto: Getty

Desde el punto de vista del fervor de sus fans, no hay apenas diferencias entre Elvis Presley o The Beatles y fenómenos contemporáneos como BTS o Jonas Brothers. Pero la historia del pop la han escrito señores que sistemáticamente se han dedicado a explicarnos no solo qué es música de verdad y qué no, sino también a enseñarnos cómo hay formas de adoración correctas y otras que no tanto. Desde hace un tiempo, nuevas voces se han empeñado en hacer justicia a esas fans adolescentes, cuya forma de relacionarse con sus objetos de deseo y con otras fans esconde códigos mucho más ricos y profundos de lo que hasta hace poco podíamos creer.

Backstreet Boys.
Backstreet Boys.

Hace dos siglos, no había mujer u hombre que se resistiera a los encantos del compositor y pianista Franz Liszt. La fiebre fue tal que el poeta y ensayista alemán Heinrich Heine acuñó, en 1844, un término para denominar aquel fenómeno: Lisztomania. Su biógrafo más importante, Alan Walker, recoge en Franz Liszt: The virtuoso years 1811-1847 uno de los momentos que más se han citado para hablar de los precedentes en la creación del fandom: “Liszt había tirado una colilla en la calle bajo la atenta mirada de una mujer enamorada. Ella, con enorme reverencia, apartó las malas hierbas de la cuneta, recogió aquel cigarrillo y lo encerró en un relicario con el monograma F.L. en diamantes”.

Así fue como lo filmó Ken Russell en Lizstomania (1975), donde el músico húngaro fue interpretado por Roger Daltrey, el incendiario vocalista de The Who. La historia está plagada de anécdotas protagonizadas por groupies a las que casi siempre se describe con un tono despectivo. Esta posición que está empezando a ser cuestionada por diferentes autoras.

*NSYNC.
*NSYNC.

Hannah Ewens es editora de la revista Vice UK y responsable de Fangirls: Scenes from modern music culture ("Las fans: escenas de la cultura de la música moderna"), un libro que se adentra en la experiencia de aquellas mujeres que en algún momento de sus vidas han sido seguidoras de un grupo de música. “Quería descubrir la riqueza del mundo que rodea al fandom y que yo recordaba de cuando era adolescente”, apunta la autora. “Empecé a ir temprano a los conciertos, a investigar qué sucedía allí, a hablar con fans y me di cuenta de que había muchas cosas sobre las que no se había escrito correctamente”. En su ensayo, compuesto de cientos de entrevistas a mujeres jóvenes y no tan jóvenes, Ewens habla de sexualidad, salud mental, hermanamiento. “Mi libro no es del todo positivo”, continúa. “Hay muchas críticas que se pueden hacer, particularmente a la cultura stan [acrónimo de stalk y fan, que viene a significar espía], pero en última instancia es muy esperanzador”.

New Edition al completo.
New Edition al completo. Foto: Getty

El 22 de mayo de 2017, a las 22:33, hubo una explosión en el Manchester Arena que dejó tras de sí 23 muertos y casi mil heridos. La actuación que debía celebrarse en el recinto era la de Ariana Grande y su público estaba formado mayoritariamente por mujeres adolescentes y miembros de la comunidad LGTBIQ+. Ewens cuenta en su libro cómo de importante fue la relación que Grande consiguió establecer con sus fans, aislándose de los medios y tratando de reponerse psicológicamente ante la tragedia. Lo que pretende dejar claro es el fuerte vínculo, casi de camaradería, que se establece entre muchas de estas jóvenes. La experiencia de asistir a un concierto, como el que describe en otro episodio de Justin Bieber en Río de Janeiro, comienza con las noches de espera –en algunos casos, hasta 50 días para ver al astro canadiense– y las relaciones de afinidad entre las seguidoras mayores y jóvenes. “Mi historia favorita fue la de una fan de Elvis que vivía cerca de Graceland”, recuerda. Aquella mujer se haría amiga del guardia de seguridad que protegía la finca de Memphis y terminaría conociendo al propio Elvis. “Es fascinante que a pesar de los avances tecnológicos ser una fan siempre haya sido lo mismo. Sus historias son únicas pero están hechas del mismo material, esperanzas y temores”.

The Four Tops.
The Four Tops. Foto: Getty

El movimiento de las fangirls no puede disociarse de las boy bands. Maria Sherman acaba de publicar Larger than life: A history of boy bands from NKOTB to BTS (Más grandes que la vida: una historia de las boy bands desde NKOTB hasta BTS), su primera obra. Se centra en aquellos grupos compuestos por chicos cuyos inicios se pueden rastrear en las formaciones de armonías vocales de las barberías norteamericanas. “Quería demostrar que puedes ser entusiasta y también tener una consideración crítica”.

Lo que comenta la portorriqueña, colaboradora de medios como Pitchfork, Rolling Stone o Jezebel, es importante porque pone el ojo en la percepción que se ha tenido durante décadas de este tipo de agrupaciones. “Las bandas de chicos todavía no reciben la misma consideración que otras músicas. Hay una variedad de razones para ello: la misoginia interna que devalúa los intereses de las adolescentes o el carácter prefabricado de muchos de estos grupos”. Un hecho, el del buen gusto y los prejuicios en el pop, que Carl Wilson valoró desde otro ángulo en Música de mierda (Blackie Books). Sherman cartografía de forma concisa el universo de las boy bands, marcando el origen de la expresión en la Alemania de los años ochenta y narrando la negra historia que se sitúa sobre personajes como Lou Pearlman, creador de Backstreet Boys o *NSYNC, o de Maurice Starr, artífice de las carreras de New Edition o New Kids On The Block. Pearlman ha sido recientemente noticia por un documental, The boy band con., que narra una vida llena de excesos y fraudes; lo que le llevó a la cárcel –donde falleció con 62 años– por una estafa estimada de 300 millones de dólares.

El grupo Menudo.
El grupo Menudo.

Larger than life abraza la causa de los juveniles Menudo, cuyos integrantes eran expulsados al cumplir los 15 años o crecer más de la cuenta; y abarca géneros como la bachata, con Aventura, el grupo de Romeo Santos, como principales representantes. Todo ello sin dejar de lado el pasado y a conjuntos que sí tuvieron el respaldo de la crítica al no ser vistos por muchos como boy bands, desde algunos grupos de la Motown hasta The Beatles.

Los Jonas Brother.
Los Jonas Brother. Foto: Getty

Para Sasha Geffen, autora de uno de los ensayos más estimulantes de este año, Glitter up the dark: How pop music broke the binary (Iluminar la oscuridad: cómo la música pop acabó con lo binario), los de Liverpool fueron capaces de jugar con cortes de pelo flexibles para una época muy estricta, poner en valor los grupos de chicas –incluyeron en su primer disco versiones de las Shirelles y las Cookies– y mantuvieron relaciones homosociales, como le gusta comentar a Geffen. Muchas de sus actitudes serían copiadas y llevadas al extremo por las boy bands. Entre ellos BTS, el supergrupo de pop coreano, cuyos fans se han movilizado en tiempos del Black Lives Matter para desactivar hashtags racistas. Hace un par de meses, Amanda Petrusich reseñaba en The New Yorker el valor de este tipo de gestos y daba voz a Sherman: “Cualquier percepción de que el pop coreano es apolítico resulta errónea y probablemente es una extensión de la creencia de que cada boy band o grupo de chicas es frívolo y poco serio”.

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