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MOVILIDAD URBANA

El fin del Segway

Tras veinte años de existencia, este dispositivo eléctrico ha dejado de producirse

Turistas en Segway en París, 2008. Ampliar foto
Turistas en Segway en París, 2008. Wikimedia Commons

A finales de 2001 se introdujo el Segway como el invento del nuevo milenio para resolver el problema de la movilidad en las grandes ciudades. El Segway apareció como una gran novedad. Consistía en un transportador humano auto-balanceado, con giroscopios internos que intuían la dirección a tomar; un dispositivo alimentado por baterías que inicialmente adquiría una ligera velocidad. Sus creadores ya vaticinaron la idea de ocupar los centros urbanos con estos vehículos de uso personal para que cada individuo pudiese alquilarlo para llegar a su puesto de trabajo u oficina.

Pero, la idea inicial de convertir los principales centros de las ciudades estadounidenses en un mar de Segways quedó en una mera ilusión. Su costo era considerablemente elevado, así como su peso, complejidad y habilidad para conducirlo. No solo eran caros, sino que dejaban al usuario totalmente expuesto a los elementos de la vía pública. Es decir, estos dispositivos ofrecían pocas ventajas prácticas en comparación a los vehículos ligeros de toda la vida como son las bicicletas o los monopatines convencionales.

Con el paso del tiempo, los Segways tuvieron más éxito dentro de los cuerpos institucionales, grandes organizaciones y departamentos de policía (principalmente en Estados Unidos) que para el uso personal. Pero cabe destacar que su mayor logro fue su inmersión en la industria turística: los operadores de tours urbanos de las principales ciudades del mundo vieron la oportunidad para utilizarlos como una alternativa para conocer nuevos lugares a otro ritmo, en un principio, sin ningún tipo de control.

Pero gradualmente, los Segways fueron regulados e incluso prohibidos en algunas urbes, como es el caso de San Francisco. Fue a mediados de la década de 2010, cuando otras como Barcelona y Praga adoptaron prohibiciones parciales en respuesta a las quejas de muchos locales, siendo objeto de críticas dentro del mercado del turismo.

Sin embargo, los años pasaron y la idea original del Segway la tomaron otras compañías y productos. Así nacieron otros dispositivos de motor de uso personal para intentar entrar en el ecosistema de la micro-movilidad urbana como los patinetes y bicicletas eléctricas. Estos nuevos dispositivos eran más asequibles, más ligeros y más seguros para el conductor (aunque igual de peligrosos para los transeúntes) y muchos fueron vendidos como un nuevo transporte económico y sostenible para hacer desplazamientos cortos en entornos urbanos. Pero la realidad es que estos nuevos vehículos no tienen nada de económico ni sostenible, tal y como ya lo hablamos en este blog.

Las ciudades rápidamente sufrieron una masificación y avalancha de pequeños vehículos eléctricos de distintas formas, tamaños y colores circulando sin norma alguna por carriles bici, aceras y calzadas ante la mirada pasiva de las autoridades. La incorporación de cualquier vehículo de motor en la esfera pública necesita ir acompañado de ciertas políticas, normas, regulaciones, o al menos, incorporar ciertas directrices para consensuar el espacio común en la vía pública. Y, lamentablemente, su utilización incluye un vacío legal en muchas ciudades que llena de dudas a los transeúntes, conductores y autoridades.

La crisis de la COVID-19 junto a la actual proliferación de e-scooters (patinetes eléctricos), bicicletas eléctricas, e-skateboards y hoverboards ha hecho que la revolución prometida de la movilidad eléctrica por parte de Segway se considere ya, como un fracaso. Hace poco más de dos meses se hizo pública la noticia de que Segway Inc. terminaría la producción del producto más icónico de su compañía: el transportador personal de dos ruedas auto-balanceadas, el Segway PT. De ahí, que la compañía haya decidido dedicarse a la producción y diseño de patinetes eléctricos.

Hoy por hoy, veinte años más tarde, el mismo entorno desordenado de políticas públicas sigue siendo un tanto ambiguo para la movilidad. Bicicletas eléctricas y patinetes siguen circulando por las aceras, así como en espacios por y para el transeúnte. Si bien en los últimos años ha mejorado la provisión de ciclovías en muchas ciudades, tanto la infraestructura como las políticas públicas siguen siendo limitadas y deficientes. ¿Deberían este tipo de vehículos de motor requerir de licencia, matrícula y seguro, por ejemplo?

En 2020, al igual que 2001, la planificación del transporte sigue privilegiando en gran medida al automóvil. Tal vez el Segway no fue la revolución que prometieron sus creadores, pero generó una avalancha de nuevos dispositivos y modelos de motor que definitivamente necesitan regulación y control. Quizá sea el momento de reconsiderar esta acción tomada por esta compañía y de alguna manera, tomarse la desaparición del Segway como una seria oportunidad para mejorar radicalmente la vida urbana. Recuperar el espacio del automovil que no se supo aprovechar, dotar de más carriles, imponer normas de circulación a estos vehículos de motor, así como implementar una regulación y multar a todos aquellos que incumplen las normas de tráfico.

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