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Arsal no es pueblo para mujeres ni niñas

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En esta localidad fronteriza entre Siria y el Líbano vivían alrededor de 37.000 libaneses en 2014, pero a finales de ese año ya contaba con más de 77.000 nuevos habitantes sirios. En el campo de Al-Abra 4, donde vive Hiam, no tienen escuela ni centro de salud y el acceso al agua es cada dos días

  • Arsal es una ciudad libanesa a 124 kilómetros de Beirut, la capital. En 2014 duplicó su población con la llegada de familias sirias que escapaban de la guerra. En este pueblo vivían alrededor de 37.000 libaneses, pero a finales de ese año ya contaba con más de 77.000 nuevos habitantes sirios.
    1Arsal es una ciudad libanesa a 124 kilómetros de Beirut, la capital. En 2014 duplicó su población con la llegada de familias sirias que escapaban de la guerra. En este pueblo vivían alrededor de 37.000 libaneses, pero a finales de ese año ya contaba con más de 77.000 nuevos habitantes sirios.
  • Durante los últimos ocho años de guerra en Siria, en Arsal se han construido 117 campos de refugiados. Uno de ellos se llama Al-Abra 4. En este espacio de 8.000 metros cuadrados se han instalado 160 tiendas de campaña, hechas de lona blanca, poco resistente al frío. Aquí es donde vive Hiam.
    2Durante los últimos ocho años de guerra en Siria, en Arsal se han construido 117 campos de refugiados. Uno de ellos se llama Al-Abra 4. En este espacio de 8.000 metros cuadrados se han instalado 160 tiendas de campaña, hechas de lona blanca, poco resistente al frío. Aquí es donde vive Hiam.
  • Al-Abra 4 es un campo en el que viven más de 600 personas, un 60% son mujeres, niños y personas con discapacidad. “Aquí vivimos unos 400 sirios. No tenemos escuela, tampoco un centro de salud”, explica Hiam.
    3Al-Abra 4 es un campo en el que viven más de 600 personas, un 60% son mujeres, niños y personas con discapacidad. “Aquí vivimos unos 400 sirios. No tenemos escuela, tampoco un centro de salud”, explica Hiam.
  • Las niñas y adolescentes que viven en Al-Abra 4 no tienen un fácil acceso a la escuela. Por eso, la batalla de Hiam es cambiar el destino de las niñas en los campos de refugiados de Arsal. Ella ha visto cómo cada vez más familias optan por pactar el matrimonio de sus hijas como una salida de la pobreza y un salvavidas que aporta seguridad.
    4Las niñas y adolescentes que viven en Al-Abra 4 no tienen un fácil acceso a la escuela. Por eso, la batalla de Hiam es cambiar el destino de las niñas en los campos de refugiados de Arsal. Ella ha visto cómo cada vez más familias optan por pactar el matrimonio de sus hijas como una salida de la pobreza y un salvavidas que aporta seguridad.
  • Las mujeres refugiadas son el principal motor de la economía en estos campos. Najwa Frossine, activista de la League for Lebanese Women’s Rights (LLWR), denuncia que aún existes innumerables barreras para que las mujeres formen parte activa del ámbito público. Frossine denuncia esta situación con un ejemplo claro: “En el Líbano, solo seis de los 128 escaños parlamentarios los ocupan mujeres y las que están pueden estar allí porque han heredado el cargo de su padre, marido o familiar masculino fallecido”.
    5Las mujeres refugiadas son el principal motor de la economía en estos campos. Najwa Frossine, activista de la League for Lebanese Women’s Rights (LLWR), denuncia que aún existes innumerables barreras para que las mujeres formen parte activa del ámbito público. Frossine denuncia esta situación con un ejemplo claro: “En el Líbano, solo seis de los 128 escaños parlamentarios los ocupan mujeres y las que están pueden estar allí porque han heredado el cargo de su padre, marido o familiar masculino fallecido”.
  • Muchas adolescentes comienzan a trabajar ante la falta de acceso a la escuela. Pero la espiral de violencia no termina en el matrimonio. Hiam asegura que algunas de estas adolescentes después sufren agresiones físicas, sexuales y psicológicas por parte de sus maridos. “Es una cadena negativa porque luego quedan embarazadas y cada vez sus vidas se vuelven más limitadas”
    6Muchas adolescentes comienzan a trabajar ante la falta de acceso a la escuela. Pero la espiral de violencia no termina en el matrimonio. Hiam asegura que algunas de estas adolescentes después sufren agresiones físicas, sexuales y psicológicas por parte de sus maridos. “Es una cadena negativa porque luego quedan embarazadas y cada vez sus vidas se vuelven más limitadas”
  • En Al-Abra 4 se vive entre tierra y residuos desde hace ocho años. Hiam conoce como nadie este lugar. Porque desde que llegó no ha parado de implicarse en la lucha pública, tras toparse con una montaña de problemas que afectan a las mujeres como ella. Por eso, decidió formar parte de cada protesta, organizar reuniones vecinales, visitar a las organizaciones internacionales y a los políticos locales para exigir una respuesta a las demandas de sus vecinos.
    7En Al-Abra 4 se vive entre tierra y residuos desde hace ocho años. Hiam conoce como nadie este lugar. Porque desde que llegó no ha parado de implicarse en la lucha pública, tras toparse con una montaña de problemas que afectan a las mujeres como ella. Por eso, decidió formar parte de cada protesta, organizar reuniones vecinales, visitar a las organizaciones internacionales y a los políticos locales para exigir una respuesta a las demandas de sus vecinos.
  • Las temperaturas de calor y frío hacen que los refugiados busquen cómo protegerse. Estas condiciones han obligado a las familias sirias a vivir inviernos de extrema dureza, con capas de nieve han llegado a cubrir hasta dos metros de altura y temperaturas que han alcanzado los 10 grados bajo cero.
    8Las temperaturas de calor y frío hacen que los refugiados busquen cómo protegerse. Estas condiciones han obligado a las familias sirias a vivir inviernos de extrema dureza, con capas de nieve han llegado a cubrir hasta dos metros de altura y temperaturas que han alcanzado los 10 grados bajo cero.
  • Hiam en su casa. Aquí recibe a muchas mujeres que buscan en ella un apoyo para denunciar la violencia que viven a diario. En Al-Abra 4 se creó un comité de refugiados hace cuatro años. Hiam no es solo una de las fundadoras, sino también es la única mujer que forma parte de este grupo. Un hecho poco común en un país en el que la mujer no suele tener acceso a la vida pública, ni mucho menos política.
    9Hiam en su casa. Aquí recibe a muchas mujeres que buscan en ella un apoyo para denunciar la violencia que viven a diario. En Al-Abra 4 se creó un comité de refugiados hace cuatro años. Hiam no es solo una de las fundadoras, sino también es la única mujer que forma parte de este grupo. Un hecho poco común en un país en el que la mujer no suele tener acceso a la vida pública, ni mucho menos política.
  • El Estado libanés exigió a finales del 2019 la destrucción de las tiendas de campaña que no cumplían con las condiciones mínimas. Cada tienda mide 24 metros cuadrados, distribuidos entre un salón (que sirve de habitación), una letrina y una cocina. El acceso al agua se da una vez cada dos días y la electricidad es tan precaria como inconstante.
    10El Estado libanés exigió a finales del 2019 la destrucción de las tiendas de campaña que no cumplían con las condiciones mínimas. Cada tienda mide 24 metros cuadrados, distribuidos entre un salón (que sirve de habitación), una letrina y una cocina. El acceso al agua se da una vez cada dos días y la electricidad es tan precaria como inconstante.
  • Hiam lucha para que las mujeres en este campo de refugiados tengan su propia voz. Pese a que no puede acceder a un puesto remunerado, lleva los últimos años recogiendo las denuncias de esta realidad laboral. Ella es un puente entre las decenas de mujeres refugiadas y el Estado libanés. “Yo misma sé lo que es ser empleada sin papeles, que se aprovechen. Trabajé en una tienda desde las 7 de la mañana hasta las 9 de la noche, me ofrecieron 100 euros al mes que al final ni me pagaron. Pues esto lo tienen que saber las autoridades. Por ello, lo denuncio”.
    11Hiam lucha para que las mujeres en este campo de refugiados tengan su propia voz. Pese a que no puede acceder a un puesto remunerado, lleva los últimos años recogiendo las denuncias de esta realidad laboral. Ella es un puente entre las decenas de mujeres refugiadas y el Estado libanés. “Yo misma sé lo que es ser empleada sin papeles, que se aprovechen. Trabajé en una tienda desde las 7 de la mañana hasta las 9 de la noche, me ofrecieron 100 euros al mes que al final ni me pagaron. Pues esto lo tienen que saber las autoridades. Por ello, lo denuncio”.