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Lo nuevo es lo viejo

Bella Hadid, en Cannes, vestida de Roberto Cavalli.
Bella Hadid, en Cannes, vestida de Roberto Cavalli.

Las celebridades confirman el auge de las prendas de segunda mano de lujo: sostenibles y en sintonía con el revival estilístico de las marcas

Sucedió en la alfombra roja de los Oscar el pasado febrero. Penélope Cruz apareció con un chanel negro de 1995 y Jane Fonda con un elie saab que ya había utilizado en el Festival de Cannes en 2014. No fueron las únicas, ni tampoco las primeras —Julia Roberts ya recogió su estatuilla en 2001 con un valentino de 1992—, pero su elección confirma una tendencia que ya llevaba años apuntándose: el vintage de lujo como declaración de intenciones estética, medioambiental y hasta política. Porque, aunque pueda resultar perverso convertir un vestido valorado en decenas de miles de euros en un símbolo de compromiso social, esa fue precisamente la intención de Fonda y otras actrices como Margot Robbie o Lily Aldridge, que llevaron modelos de segunda mano a los premios de Los Ángeles. Si se trata de un gesto puramente marketiniano o de auténtica concienciación es otro debate.

Lo cierto es que nadie dijo que para frenar el desaforado consumo y posterior desperdicio de ropa solo se pudiese reciclar y reutilizar fast fashion. Cuando se desecha cualquier prenda, no solo se tira a la basura—o se enclaustra en el armario— el tejido, sino también todas las horas trabajo que se han invertido en su fabricación y diseño;que en el caso de las piezas de lujo son a veces incalculables.

Tres modistas bordando a mano un vestido durante cientos de horas para que una actriz —o compradora—lo luzca solamente seis parece a todas luces un despropósito. Hay kleenex que tienen una vida útil más larga. Pero no solo se trata de una cuestión de rendimiento. Un gran diseño no deja de ser relevante porque tenga 10 o 30 años. Y en el caso de las celebrities, escoger una prenda con peso y significado histórico también lanza un mensaje diferenciador. Dice “soy algo más que un maniquí de las marcas, una fashion victim, soy una connoisseur”. Las sitúa en otro nivel.

Jane Fonda, vestida de Elie Saab.
Jane Fonda, vestida de Elie Saab.

“Estas personas pueden tener literalmente todo lo que quieran. Así que no se trata de lo que cueste la ropa, sino de si la pueden conseguir, de la caza del vestido, de tener algo que los demás no pueden, algo único”, explica en Page Six Katy Rodriguez, responsable de Resurrection Vintage, una de las tiendas especializadas en ropa de lujo de segunda mano más importantes de Los Ángeles. Adquirir un vestido de la última colección de Chanel está al alcance de cualquiera con una cuenta corriente abultada; pero solo un puñado de personas en el mundo pueden presumir de atesorar el mítico modelo Oyster diseñado por el difunto Alexander McQueen en 2003. Entre ellas, Kim Kardashian, que lo utilizó en la fiesta pos-Oscar de Vanity Fair. “¡Supera eso!”, debió de pensar la empresaria.

“Esto es lo que significa realmente comprar lujo hoy. Se trata de una experiencia total: no solo adquieres un vestido, sino un pedazo de historia y un tema de conversación”, cuenta Marie Blanchet, consejera delegada de la tienda y distribuidora londinense William Vintage. Hace ya tiempo que la ropa de segunda mano dejó de identificarse con polillas, cuero cuarteado y falta de presupuesto. Y que la inmensa mayoría de los consumidores superaron ese recelo que se formulaba a través del clásico “Es que no sabes quién se lo ha puesto antes”. Pero cuando mujeres imitadas en todo el mundo, como Meghan Markle, abrazan sin complejos el uso de ropa antigua, la tendencia se dispara.

Margott Robbie, vestida de Chanel en los premios Oscar 2020.
Margott Robbie, vestida de Chanel en los premios Oscar 2020.

La prueba es que los ingresos de Vestiaire Collective —una de las mayores tiendas online de segunda mano—han pasado de 4 a 27 millones de euros en los últimos tres años. Además, hay algo que hace que las prendas de décadas anteriores resulten hoy especialmente atractivas.Y no se trata del precio, por lo general muy inferior a cualquier producto actual de la misma marca, sino de la estética en sí. Porque puede que una chaqueta ochentera de Claude Montana resultara ridícula en los noventa,pero no en 2020. La moda es, desde hace años, un gran catálogo vintage. La mayor parte de las marcas viven de resucitar éxitos del pasado. Apostar por el revival es casi la única forma de diseñar al vertiginoso ritmo que impone la industria textil y asegurarse una buena acogida comercial. Como resume Blanchet: “La moda no hace más que repetirse e inspirarse en épocas anteriores. Hoy no hay una tendencia porque todas se llevan a la vez. Así que cuando te compras algo vintage es imposible no estar a la moda".

Jennifer López, vestida de Versace.
Jennifer López, vestida de Versace.