Columna
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Una catarsis colectiva

'Un violador en tu camino' es una protesta dirigida al patriarcado. No se dirige únicamente a los violadores, se dirige al contexto: a la masculinidad que produce las violaciones

Mujeres protestan en Chile el pasado 29 de noviembre.
Mujeres protestan en Chile el pasado 29 de noviembre.Getty

El canto y el baile de LasTesis tuvo una explosión y expansión transnacional porque nombra una experiencia colectiva. Empezó en la Plaza de Armas en Santiago de Chile el día de la violencia en contra de la mujer, días después la colectiva convocó por Instagram a ser parte de la acción en las calles en otras ciudades y ahí explotó. La colectiva LasTesis se formó hace año y medio en Valparaíso, Chile, con el objetivo de llevar teorías feministas al performance para darles una mayor audiencia.

Un violador en tu camino, basada en textos de Rita Segato, pronto pasó al mapuche, francés, alemán, griego, inglés; retumbó en el Zócalo y la FIL en México, en Bogotá, Los Ángeles, Sídney, en España, Perú, Argentina, Grecia y en Estambul donde, por cierto, la policía detuvo a varias participantes. Miles de mujeres han tomado las calles para cantar y bailar colectivamente, para adaptar según su contexto el fragmento que LasTesis tomaron con sarcasmo del himno de los carabineros de Chile, y ahora hay una buena cantidad de variables: “Duerme tranquila, niña inocente, sin preocuparte del bandolero, que por tu sueño dulce y sonriente vela tu amante carabinero”.

Miles de mujeres y disidencias han tomado las calles para apropiarse de este performance justamente en las calles, ese espacio donde los hombres nos vulneran: el mismo espacio donde ocurren las violaciones, el mismo espacio donde matan a las mujeres ahora es el espacio de la protesta, el canto y el baile. Allí donde nos sentimos inseguras con ombligueras negras y allí donde sería impensable estar con los ojos vendados –además del significado político que tiene–, al bailar y cantar se resignifica el espacio. Durante la duración de este performance las calles se vuelven un espacio de confianza. Y esa resignificación momentánea es resistencia.

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Muchos hombres se han sentido injustamente señalados cuando miles de mujeres cantan: “El violador eres tú. El violador eres tú”. Tal vez pensando “yo no violé a nadie, no soy agresor, no está dirigida a mí”. Pero quizás también sea momento de escuchar con atención, quizás sea buen momento para preguntarse por qué cientos, miles de mujeres y disidencias se juntan para apropiársela, resignificarla, cómo es que al multiplicar las voces se hace más potente.

¿A quién está dirigida? Es buen momento para preguntarse esto para ser capaces de actuar. La acción pública es una protesta dirigida a los hombres, al patriarcado. Además de lo explícito cuestiona, implícitamente, las relaciones entre los hombres. No se dirige únicamente a los violadores, al estado o al presidente, se dirige al contexto: a la masculinidad que produce las violaciones. Esa relación entre hombres que construye su masculinidad, los memes misóginos que circulan en sus chats de WhatsApp, el solapar los tratos abusivos en los espacios de trabajo, en las relaciones afectivas, los pactos de silencio, el involucrarse en conversaciones que cosifican a las mujeres. Todo esto es parte del mismo engranaje.

Vivimos en países en los que se castiga lo feminizado, la homosexualidad, lo trans. Y se castiga con la opresión, con la necesidad de dominar. A menor y mayor escala. Si se hace algo que no gusta al patriarcado, se castiga. Con la violación, por ejemplo. Dice Virginie Despentes en Teoría de King Kong: “Se domestica a las niñas para que nunca hagan daño a los hombres, y las mujeres las llaman al orden cada vez que se saltan esa regla. […] Estoy furiosa contra una sociedad que me ha educado sin enseñarme nunca a golpear a un hombre si me abre las piernas a la fuerza, mientras que esa misma sociedad me ha inculcado la idea de que la violación es un crimen horrible del que no debería reponerme.” Y este performance es genial en parte también porque es una catarsis colectiva, porque nos repone, nos acuerpa. La repetición y la suma de voces en varios países, en varios idiomas nos une y da fuerza.

La acción pública es una denuncia, tiene un destinatario y al mismo tiempo es una experiencia, un exorcismo, porque abandonar el lugar de la víctima arrebata el poder al agresor. Este performance no se trata de ellos, no trata solamente de los violadores, es también un ritual de sanación colectiva, de ahí que el coro sea tan potente: “Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía”. Y la fuerza de repetirlo, escucharlo una y otra vez y que cada vez sea distinto según dónde y en qué contexto se lleve a cabo el performance. Ese es su poder. En México, por ejemplo, “el Estado opresor es un macho violador” es una frase a la que podemos añadir que el Estado es un macho feminicida.

Como la masculinidad se aprueba y se va consolidando con familiares, amigos, con compañeros de trabajo, es buen momento para escuchar de cerca esta canción, de ver este performance en el que las palabras son protagonistas. No hay caras reconocibles,y de eso se trata, hay mujeres que ponen el cuerpo para dar voz a las palabras. Es importante callar ante la potencia de las voces y la repetición de las palabras. Que se escuche una y otra vez Un violador en tu camino. Que no se burlen como hicieron los jugadores de fútbol de la sub-17 del América. Ellos no son los espectadores del performance, no están en condición para burlarse, de hecho, no se pueden burlar porque al hacerlo forman parte del problema. Así es como se puede actuar: escuchando. Porque escuchar es también una acción. Escuchar es el primer paso para pensar qué podemos hacer en nuestra casa, en nuestro espacio de trabajo, en nuestro entorno para cuestionar este engranaje.

Lo festivo del performance no es solo la alegría y la energía que puede suponer reunirse en plazas públicas a ensayar hacia dónde alzar el brazo o que pierna va primero, no es solo lo bien, lo divertido o la fuerza que puede suponer ser parte del performance, sino también es ejemplo de cómo la fiesta, la unión y la alegría son también formas de resistencia. Nos recuerda la colectividad de la que formamos parte. Una expansión veloz solo posible en tiempos de Internet. Y si algo maravilloso nos dice el surgimiento de esta acción pública es que estamos juntas y que somos muchas. Porque nombrar el engranaje es señalar con palabras esta experiencia colectiva que nos une. Y que siga creciendo. Que explote.

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