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La trama rusa

La sanción al deporte ruso castiga algo más que casos individuales de dopaje; denuncia la existencia de una estructura organizada para ocultar pruebas

Craig Reedie, presidente de la Asociación Mundial Antidopaje
Craig Reedie, presidente de la Asociación Mundial Antidopaje FRANCE PRESS

La Agencia Mundial Antidopaje (AMA) acaba de condenar a Rusia con cuatro años de sanción; los deportistas rusos no podrán estar presentes en los Juegos de Tokio, ni en los de Pekín ni en el Campeonato Mundial de Fútbol de Qatar, si no es bajo bandera neutral. El país tampoco podrá ser candidato a la organización de torneos internacionales. Las razones, descritas con detalle por la AMA y por su presidente, Craig Reedie, se resumen en una: la agencia antidopaje rusa (Rusade) no solamente no funciona sino que las autoridades deportivas han organizado un sofisticado sistema de alteración de pruebas y destrucción de expedientes para ocultar la proliferación del dopaje en ese país.

La sanción ha provocado una respuesta política airada por parte de Moscú. Era de esperar que Vladímir Putin echara mano de la teoría de la conspiración para denunciar una conjura planetaria contra el deporte ruso. También era previsible la controversia sobre si la sanción es excesiva o suave. Lo relevante de este caso es que la limpieza del deporte ruso está en cuestión, que una de las dos grandes potencias deportivas del mundo lleva demasiado tiempo bajo la sospecha de dopaje institucionalizado y que las autoridades rusas han persistido en seguir usándolo y en ocultar los casos de fraude a pesar de las advertencias de los organismos mundiales.

Craig Reedie lo ha explicado con claridad: “Rusia ha renunciado a poner su casa en orden y volver a unirse a la comunidad global antidopaje”. Rusade fue suspendida en 2015 por prácticas de ocultación o destrucción de pruebas de dopaje. Fue readmitida en 2018 y ahora, como resultado de las investigaciones que revelan un fraude masivo del control del dopaje en el país, ha vuelto a ser puesta en cuarentena. La dirección del deporte ruso, con fuertes anclajes políticos, puesto que el deporte forma parte de la imagen de superpotencia que se quiere dar en el exterior, no ha escarmentado. Las advertencias han caído en saco roto, como confirma el hecho de que buena parte de las pruebas ocultadas y los archivos destruidos se refieran a competiciones celebradas con un año o poco más de antelación.

La credibilidad de la limpieza competitiva en el deporte se basa precisamente en las actitudes de firmeza ante casos como el de Rusia. Porque lo que se ventila en este caso no es tanto la sanción a deportistas que, a título individual, han recurrido a los estimulantes ilegales, sino a una organización estructurada, instalada en las instituciones deportivas rusas, cuyo objetivo era esconder el uso sistemático de sustancias prohibidas. Este es pues un problema político; Rusia tiene ahora la oportunidad de recuperar la credibilidad para su deporte admitiendo que la trama de dopaje es consecuencia de decisiones políticas y del encubrimiento organizado.

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