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ENTREVISTA

Laurent Fabius: “La socialdemocracia se olvidó de la naturaleza”

El político que fraguó el celebrado Acuerdo de París denuncia que los países firmantes no cumplen

Laurent Fabius en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales en Madrid el pasado 4 de diciembre.
Laurent Fabius en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales en Madrid el pasado 4 de diciembre.

Laurent Fabius (París, 1946) es un hombre de Estado que ha presidido los tres poderes democráticos en Francia: el Ejecutivo, como el jefe de Gobierno más joven de Europa con 37 años, el Legislativo (dos veces presidente de la Asamblea Nacional) y, desde marzo de 2016, preside el Consejo Constitucional, que traducido al español aunaría el Consejo de Estado y el Tribunal Constitucional, corte de la que carece el sistema francés. Este miércoles participó en un seminario internacional organizado por la Universidad de Castilla-La Mancha y la Carlos III de Madrid sobre la crisis climática. Como ministro de Asuntos Exteriores presidió la COP 21, la conferencia sobre el clima que condujo al celebrado Acuerdo de París de 2015, firmado por 180 países, cuando todavía Donald Trump no presidía el país más poderoso y contaminante de todos. Con raya diplomática y corbata gris, atendió a EL PAÍS tras su intervención en el seminario subtitulado Del pacto global a la convención sobre el delito de ecocidio.

PREGUNTA: Los últimos informes científicos alertan de la aceleración del deterioro provocado por el cambio climático. ¿Quienes nos alertaban fueron demasiado optimistas?

RESPUESTA: Sobre todo han sido muy poco escuchados. Pero lo dramático es que sigue ocurriendo. Los científicos han hecho un gran trabajo. Los estados también han realizado una labor muy importante, que se materializó con el Acuerdo de París. Por primera vez, todos los países del mundo, 180, aceptaron los objetivos: no más de 1,5º o 2º C de aumento de la temperatura de aquí a 2100. Pero, y es un pero mayúsculo, cuando observamos la realidad, los compromisos no se respetan y continúa el deterioro. La pregunta es: ¿quién es responsable y qué podemos hacer para modificarlo? Yo creo que ciertos estados y ciertos dirigentes tienen una responsabilidad particular

¿Como quiénes?

R: Bueno, no vamos a entrar en eso. Pero todos pensamos de inmediato en el presidente estadounidense. Yo pienso también que el sector en torno a la energía (el carbón, el petróleo, el gas) tiene una responsabilidad particular. A la inversa, porque hay que fijarse también en las esperanzas, hay elementos positivos. Los avances tecnológicos que hacen que las energías renovables sean cada vez menos caras frente a las fósiles; la movilización de la juventud, que es algo extremadamente positivo. Y está la toma de conciencia sobre este fenómeno. Cada vez más —y espero que sea el caso al final de esta COP 25— hay un mayor compromiso de Europa. A menudo me preguntan: ¿usted es optimista o pesimista? Soy voluntarista. No hay otra elección.

En 2020 “habrá satélites capaces de medir en tiempo real el volumen y origen de las emisiones”

P: Sí, pero hay incluso quien defiende una “realidad alternativa”. Y la desinformación campa a sus anchas. ¿Todo eso no va a perjudicar aún más esa lucha tan necesaria?

R: Sí, el mayor contratiempo que nos hemos encontrado es que en determinados sectores hay quien ya no distingue la verdad de la mentira. Pero, en materia climática, no es el caso. Ahora mismo, salvo ciertos grupos en EE UU o en Brasil, en la inmensa mayoría de los países, la población no cuestiona el fenómeno. Y los científicos aportan elementos que no pueden cuestionarse. 

P: ¿Qué tipo de política se necesita para abordar un fenómeno así en un tiempo como el nuestro?

R: La información, la educación, la movilización, dar relevancia a los científicos, los procedimientos de evaluación, el uso de tecnologías. Por ejemplo, a partir del año próximo van a estar en circulación satélites que serán capaces de medir en tiempo real el volumen y el origen de las emisiones de CO2. Un país no podrá decir, no, este CO2 viene del vecino, yo no tengo nada que ver. Todo lo que pueda hacer avanzar la información sobre la realidad científica es muy importante. Pero no es suficiente. Hay que poner ejemplos de cosas que pueden modificar en un sentido positivo.

P: ¿Qué ejemplos pueden servir?

“Si queremos tener éxito contra el cambio climático hay que preocuparse de los aspectos sociales”

R: Las formas de consumo y del mundo agrícola, donde vamos a recuperar ciertos paisajes, o en las relaciones humanas, la economía circular, que va a permitir también reutilizar ciertas cosas que hasta ahora se derrochaban.

P: El retorno de los nacionalismos es uno de los desafíos que afronta la Unión Europea. ¿Qué camino deben recorrer quienes siguen creyendo en el proyecto europeo?

R: No es simplemente un desafío para la UE, es un desafío para el mundo entero. Hay que aspirar al multilateralismo en un momento en el que, desgraciadamente, está en cuestión. Por lo que a Europa respecta, debe dar ejemplo. Europa no es la mayor productora de CO2, pero todo el mundo tiene que poner de su parte. Y añado un punto que para mí es muy importante. No podemos abordar de manera útil la cuestión climática si no abordamos también las consecuencias sociales de luchar contra el cambio climático. Es lo que llamamos la “transición justa”. Es verdad que si, aquí mismo en España, por ejemplo, se van a cerrar las centrales de carbón, hace falta que los que trabajen en ese sector encuentren un asidero. Si queremos tener éxito, y es absolutamente necesario tener éxito en la lucha contra el cambio climático, no hay que preocuparse solo del aspecto técnico o tecnológico, sino también de los aspectos sociales.

Los socialdemócratas no tuvieron en cuenta el elemento “naturaleza”. ¿Por qué? Porque la socialdemocracia nació para defender a los obreros

P: Varios de los fenómenos que usted señala se ven acompañados además de la crisis de la socialdemocracia, que ha sido su familia política durante toda su vida. ¿Qué análisis hace de esa crisis?

R: Bueno, ahora que soy presidente del Consejo Constitucional no me puedo pronunciar sobre cuestiones políticas. Y no es una manera de escapar a su pregunta. Ahora bien, desde un punto de vista más bien histórico, casi filosófico, la socialdemocracia se definió por su compromiso social, el rol de los sindicatos, la conciliación entre el capital y el trabajo. ¿Y qué vemos hoy? De una parte, los socialdemócratas no tuvieron en cuenta el elemento “naturaleza”. ¿Por qué? Porque la socialdemocracia nació para defender a los obreros que trabajaban en condiciones extremadamente difíciles y había una discusión entre capital y trabajo, pero el elemento naturaleza no entraba en absoluto en esa discusión.

P: ¿Y ese fue su gran error?

R: Fue un error colectivo, en todo caso. Esa ha sido la aportación de los ecologistas: hacer comprender que el elemento “naturaleza” era determinante. Pero eso, que supone una larga discusión filosófica, no fue cosa solo de los socialdemócratas. Era la fórmula del filósofo francés René Descartes, “el hombre es el dueño y poseedor de la naturaleza”. Ahora vemos que el hombre mismo es un elemento de la naturaleza y que debe contar con la naturaleza, y ahí están todos los trabajos de Michel Serres sobre el contrato natural. Y eso, la socialdemocracia, no lo ha integrado. Comienza a hacerlo. Otro aspecto es que la socialdemocracia ha trabajado a nivel nacional, a veces europeo, pero muy poco a nivel internacional. Por supuesto, estaba la idea del internacionalismo, pero bueno. Hoy día, en un mundo globalizado, ¿cuál es la respuesta socialdemócrata a lo que pasa en China, en Estados Unidos, en América Latina? Yo creo que la idea de que la justicia social debe acompañar al progreso económico y al progreso ecológico. La conciliación de esos tres elementos sigue siendo deseable, pero no ha sido el modelo de la socialdemocracia tradicional.

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