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España es una herencia

El pacto que necesitamos no es con quien está al lado, sino con quien está enfrente

El líder del PP, Pablo Casado, tras los resultados, en la sede del PP en Madrid.
El líder del PP, Pablo Casado, tras los resultados, en la sede del PP en Madrid. AFP

Hace unas semanas, convocados por Nicolás Redondo, socialista vasco y gran político español, un grupo de amigos se citó en Madrid para hacer un llamamiento al acuerdo entre partidos constitucionalistas tras las elecciones. Del manifiesto que entonces se leyó, y que suscribo, lo que más me gusta es el título: “La España que reúne”. Me gusta porque trae al recuerdo el primer y vibrante artículo de la Constitución de Cádiz de 1812: “La nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”. Una bella y certera fórmula, puramente civil, que inauguró para nuestro país la era de una ciudadanía libre e igualitaria. El hecho de que los españoles estemos hoy agrupados principalmente en un solo hemisferio no resta nada de su fuerza a una proclama portadora de un ideal inconcuso: que una nación, para ser moderna, para ser democrática, ha de estar basada en la ciudadanía, porque todo lo demás —renta, raza y religión, sexo, lengua e ideología— separa, pero solo la ciudadanía reúne.

La Constitución de 1978 que hicieron nuestros padres y abuelos culminó ese camino de libertad e igualdad y regaló a mi generación, por vez primera en la historia, una España liberal e igualitaria, inclusiva de sus diferencias. Veamos dónde hemos parado cuarenta años después: una teórica Cámara ciudadana que, con doce partidos de ámbito no nacional, cuyo objeto es la defensa de intereses privativos, más parece, como ha visto Manuel Arias, una dieta tardomedieval. A la tensión disgregadora se une la polarización ideológica: un centro arrasado y fornidos populismos a derecha e izquierda. En suma: ingobernabilidad y discordia en un momento, además, en que las veletas económicas apuntan a una nueva fase contractiva.

Este escenario cadavérico no es el resultado de ninguna falla estructural sino de la pertinaz incuria de una clase política que lleva tiempo dando lo peor de sí. Es uno de los tópicos del lenguaje político decir que España es un proyecto; no es inexacto, pero antes que un proyecto, España es una herencia. Una herencia preciosa fruto de una larga cadena de cuidados, de la que el pueblo ciudadano y sus representantes se hicieron cargo por vez primera en Cádiz. Estamos arruinando ese patrimonio compartido. Para salvarlo, es hora de que PSOE y PP, como primogénitos responsables a izquierda y derecha, hagan lo que tuvieron que hacer ya en 2015, 2016 y abril de este año. La única conducta racional, la única respetuosa con la obra de nuestros mayores, la única capaz de dignificar la política como arte del bien común y no como mero turno en el usufructo de los cargos, es el pacto entre estos dos partidos. El pacto que necesitamos no es con quien está al lado, sino con quien está enfrente. La alternativa, cualquier otra alternativa, es malograr el país que nos legaron. España es una herencia: hay que cuidarla.

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