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Las inquietudes de Yolanda Ramos, la payasa de ‘MasterChef’

La cómica, que triunfa en el concurso de televisión, en ‘Paquita Salas’ y se une a ‘La Llamada’, asegura: “Me gusta hacer reír”

La actriz Yolanda Ramos.
La actriz Yolanda Ramos.

Habla claro desde el principio: está muy cansada. Acaba de volver de Santander y en unos minutos le toca ensayar toda la tarde. Yolanda Ramos se pondrá durante solo cinco noches en la piel de la madre Bernarda en La Llamada, la exitosa obra musical de Javier Calvo y Javier Ambrossi en el teatro Lara de Madrid. Es precisamente gracias a Los Javis por lo que esta actriz de comedia vive un momento actual “muy guay". "Paquita Salas me ha dado muchas alegrías”, asegura la intérprete. En la serie creada por la pareja de directores, Ramos interpreta a Noemí Argüelles, una peculiar community manager en la agencia de representación de actores de la inefable Paquita. Un personaje que ha dejado los momentos más icónicos y las frases más memorables de la última temporada y que ha supuesto un antes y un después para la barcelonesa a sus 51 años. Lleva un año que no para, y esta temporada sigue arrancando carcajadas a la audiencia entre los fogones del programa MasterChef Celebrity.

“No sé si vivo mi mejor momento, pero sí diferente. Quizás es porque ya tengo 51 y me noto distinta por dentro. Noemí Argüelles sí me ha dado un salto en popularidad, por el hecho de emitirse en una plataforma que se puede ver en todo el mundo. Tengo conocidos en Argentina que ven Paquita Salas. Antes esto solo les pasaba a las estrellas de Hollywood, pero ahora tenemos esa suerte”, comenta Ramos. Ha probado casi todo desde que hace 20 años empezó a ser conocida en el programa Homo Zapping. Desde trabajar para Almodóvar en Volver, a formar parte del programa Hable con Ellas, donde protagonizó una discusión en directo con José Luis Moreno, al que acusó de no haberle pagado un trabajo. Le gusta la ficción televisiva, los programas, el cine, pero reconoce que la tele es “una bolsa de trabajo, porque te ayuda a ser conocida”.

Como su personaje en Paquita Salas, una experta en poner tuips (tuits) y jascas (hashtags), admite que las redes sociales no son para ella, pero ha entrado en el universo millennial “completamente” gracias a Los Javis. “Con ellos me encontré a unos directores que me entienden. Ya había tenido alguno como Paco León, pero de repente descubro un espacio para crear, una libertad que te hace relajarte… Participas en el proceso, aunque la obra sea suya… Y, sobre todo, me siento más moderna, parte de una modernidad que no me correspondería ni por edad ni por forma de ser”, explica la actriz. Para ella la pareja de creadores son artífices de una revolución. “Ellos huelen a fresco, a hacer las cosas de forma diferente. Teníamos demasiadas series con familias perfectas, con vidas perfectas sin un punto de vista diferente. Algo así tenía que llegar, para nosotros y para los espectadores”, defiende.

Yolanda Ramos, que se incorpora 'La llamada'.
Yolanda Ramos, que se incorpora 'La llamada'. GTRES

En dos décadas de carrera también reconoce que ha olido a rancio en más de una ocasión. “Claro que he sufrido machismo, y no me daba cuenta, porque lo tenía interiorizado, veía muchas cosas como normales. Ahora tomamos conciencia de todo lo que hemos tragado, incluso de aquellos que iban de modernos sin serlo para nada”, confiesa. También ha vivido fracasos: “Me han enseñado que siempre son pasajeros y anticipan algo bueno”. Pero nunca se ha cansado de ser cómica. “Me encanta hacer reír. Lo mejor es que ves al momento si estás gustando o no. Cuando haces drama no sabes si estás aburriendo”, comenta. Aunque esos momentos malos también la han curtido. “Me guardo muchos secretos, y cada vez calculo más con quien estoy hablando. No quiero encontrarme más con titulares del tipo ‘el lado oscuro de Yolanda Ramos’. Ya no soy tan generosa con los periodistas”, sentencia.

Vive con emoción y nervios a partes iguales su regreso al teatro. “Es el único trabajo que no me da pereza, aunque sea en sábado. Además… ¡Es tan poquito rato!”, comenta entre risas. Aclara que no es que haya dejado de saber cocinar por culpa de MasterChef, sino que como ya sabe que lo hace mal, solo podía "desaprender para volver a aprender”. Es socia de su pareja, Mario Matute, en un bar restaurante de Madrid que se llama Esperanza, pero solo va como clienta y no cocina, por lo que no sintió ninguna presión en lo personal por ir al programa. Con él tiene una hija, Charlotte, de seis años. La pequeña nació en un momento en el que ella llevaba dos años sin trabajar y llegó a pasar dificultades en plena crisis económica. Hoy no ve ningún impedimento laboral por su edad o por ser madre: “La experiencia me ha hecho marcar unas pautas que antes no me permitía. Respecto a la escasez de papeles o la discriminación, suelo hacer personajes intemporales, universales y, por ello, creo que no me afecta el tema de la edad. Creo que al final depende del director y la productora”.

Pese a haber superado muchas adversidades, critica duramente a los políticos por la falta de ayudas a las madres trabajadoras, ya que asegura que todas están todas “agotadas y muchas tienen que renunciar a realizarse”. Tampoco soporta las injusticias del día a día: “La sociedad es lo que quieren unos cuantos, y estamos dormidos". Sigue encontrando retos y sueños de futuro: "¿Sabes qué me gustaría? Que me hicieran un ‘Yolanda por el mundo’ en la tele. Conociendo a gente extraña por todo el mundo. Haciendo de mí y no uno de mis personajes, porque Yolanda ya es bastante personaje. Me entregaría al reality, sin duda”. Asegura que no se parece a lo que ve el púbico. “Soy mucho más seria y agonías de lo que la gente piensa. Puedo tener en un solo día las mismas emociones que una persona en media vida. Soy muy complicada”. Y se despide desvelando una afición que pocos conocen: “Me gusta hacer punto de cruz. Soy muy hogareña y me encanta hacer punto y ganchillo. He aprendido a través de tutoriales de Internet. Lo cuento y nadie se lo cree, pero así es. ¿Lo de hogar, dulce hogar? Pues eso”.

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