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La Marsellesa de Hong Kong

Nace una nación cuando el pueblo arrebata la soberanía a quien se la ha hurtado, sea la monarquía francesa, sea el partido comunista

Manifestantes prodemocracia se reúnen en un centro comercial de Hong Kong para cantar el himno.
Manifestantes prodemocracia se reúnen en un centro comercial de Hong Kong para cantar el himno. AP

Todo va llegando. Como si este movimiento siguiera un viejo manual. Ahora es el himno, lleno de épica y de entusiasmo, una Marsellesa surgida en las redes y seguida en las concentraciones y enfrentamientos con la policía, al igual que el Cántico de guerra para el ejército del Rin,la denominación original del cántico que acompañó en 1792 las primeras batallas del pueblo francés, constituido como nación en armas.

Para que nazca la nación hace falta un pueblo, el demos político que arrebate la soberanía a quien se la ha hurtado: la monarquía en el caso de Francia y el partido comunista de China en el caso de Hong Kong. Los manifestantes empezaron expresando su ira por una legislación que permitía la extradición a los tribunales de la República Popular de China y sustraía la competencia judicial al sistema garantista e independiente heredado de la colonización británica. No bastó luego que el débil Ejecutivo de la ciudad, encabezado por Carrie Lam, retirara esta legislación, pues el pueblo ya estaba en marcha en pos de la reivindicación democrática más elemental. Los hongkoneses quieren un Gobierno surgido de las urnas, a través del voto directo de los ciudadanos, en vez del actual sistema parcialmente corporativo e indirecto, que proporciona la última palabra a Pekín.

Hong Kong cuenta con un peculiar sistema, en el que hay división de poderes, libertad de prensa y un sistema económico capitalista, incluso una moneda propia y una floreciente bolsa que ahora se plantea la eventualidad de quedarse con el parqué de la City. Pero no es un pueblo constituido y que se gobierne a sí mismo a través del voto. El camino trazado en 1984, cuando Deng Xiaoping y Margaret Thatcher firmaron el traspaso de soberanía, iba a regirse por el eslogan Un país, dos sistemas. Aunque el texto constitucional del territorio autónomo alumbró una democracia muy restringida, los más optimistas esperaban una lenta pero firme evolución de toda China hacia la democracia plena con la excolonia como vanguardia. Los hechos lo han desmentido, de forma que el régimen comunista se ha endurecido y Hong Kong se ha estancado. Hasta la actual explosión, cuando la cuestión central candente se ha planteado de nuevo.

Si China no es capaz de responder a las exigencias democráticas, Hong Kong seguirá pugnando por arrebatar al partido comunista algo que el partido comunista no puede ceder. Si cediera en Hong Kong, nada podría impedir que cediera en toda China. Sería una enorme noticia.

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