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Solo 220 metros cuadrados para exponer la obra del mejor científico español de la historia

El CSIC exhibirá por fin parte de la obra de Santiago Ramón y Cajal, cuyo legado almacenó en 1989 en cajas de galletas y bolsas de plástico

Una fotografía del Legado Cajal muestra al científico con su familia en Madrid en 1905.
Una fotografía del Legado Cajal muestra al científico con su familia en Madrid en 1905.

Santiago Ramón y Cajal hizo un llamamiento a todos los profesores de España el 20 de diciembre de 1899, tras la pérdida de Cuba y Filipinas en el Desastre del 98. “Junto al microscopio, poned la bandera nacional que os recuerde constantemente vuestra condición de guerreros (porque función de guerra, y hermosísima y patriótica, es arrancar secretos a la naturaleza con la mira de defender y honrar a la patria)”, proclamó el investigador. Siete años después, Cajal ganó el Nobel de Medicina por revelar la individualidad de las neuronas, “las mariposas del alma”. Sin embargo, casi un siglo después, en 1989, su amada patria apiló el legado del mejor científico español de la historia en cajas de galletas y de vermú Cinzano en un sótano del madrileño Instituto Cajal, junto al animalario.

Tras tres décadas de olvidos y polémicas intermitentes, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) habilitará por fin una sala en su sede central de Madrid para exponer “la parte más relevante del Legado Cajal”, según confirma un portavoz de la institución a EL PAÍS. El archivo del padre de la neurociencia está compuesto por 22.000 piezas, sobre todo dibujos de células nerviosas, manuscritos, cartas y fascinantes fotografías. Cajal, nacido en 1852 en la aldea navarra de Petilla de Aragón, se veía a sí mismo como un “Robinsón Crusoe” que avanzaba con su microscopio por la isla salvaje del cerebro humano. Los sabios de la época, como el británico Charles Sherrington, tuvieron que aprender español para leer sus asombrosos descubrimientos. Igual que el explorador Américo Vespucio dio nombre a América, Cajal pudo dar su apellido a la neurona. “No se le ha hecho la justicia de darle su nombre”, reconoció Sherrington, ganador del Nobel de Medicina en 1932.

El CSIC habilitará una antigua biblioteca en su sede madrileña de la calle Serrano

La nueva sala de exposición ocupará 220 metros cuadrados en la antigua biblioteca del Centro de Física Miguel Antonio Catalán, en la calle Serrano, 123, en la sede central madrileña del CSIC. Las obras empezarán a mediados de este mes, según detalla el portavoz del organismo, que prefiere evitar la palabra museo dada la obvia falta de ambición. Todas las fuentes de la institución consultadas admiten que el espacio no está a la altura de Cajal. “Es una buena idea, porque menos es nada”, opina Ricardo Martínez, actual director del Instituto Cajal, el centro del CSIC que gestiona el archivo. Cuando Martínez fue nombrado por primera vez responsable del lugar, en 1996, “el legado estaba en un estado lamentable, con los dibujos metidos en bolsas de plástico y la bata de Cajal colgada en una puerta metálica cerca del animalario”.

Emplazamiento de la futura sala de exposición en la sede central del CSIC.
Emplazamiento de la futura sala de exposición en la sede central del CSIC.

En la actualidad, los 22.000 objetos permanecen almacenados en una habitación del Instituto Cajal del CSIC, pero ya inventariados desde 2008 y con condiciones de humedad y temperatura controladas. La medalla de oro del Nobel y otros galardones valiosos están custodiados en una caja fuerte del Banco Santander. El Instituto Cajal es un centro de investigación en neurobiología situado a 15 minutos a pie del estadio de fútbol Santiago Bernabéu, pero el CSIC ha tomado la decisión de trasladarlo al Instituto de Medicina Molecular Príncipe de Asturias, un faraónico edificio de 30.000 metros cuadrados que está vacío desde que se construyó en 2011 en Alcalá de Henares. El resto del legado de Cajal se custodiará allí, según el plan del CSIC, presidido por la química Rosa Menéndez.

Alberto Ferrús, exdirector del Instituto, es muy crítico con el nuevo proyecto. “Una sala de 220 metros cuadrados para Cajal es ridícula. Es una vergüenza que no exista un auténtico Museo Cajal en Madrid”, lamenta.

"Prefiero que el legado se exponga en una sala de 220 metros cuadrados a que esté embalado en cajas", opina una bisnieta

La última nieta viva del ganador del Nobel, María Ángeles Ramón y Cajal Junquera, falleció en marzo de 2018. En una nota publicada junto al Epistolario (La esfera de los libros) de su abuelo hace un lustro, Angelines se defendió de las acusaciones de haber “secuestrado a Ramón y Cajal” con sus batallas por la propiedad del legado. “Se equivocan aquellos que creen que su figura y memoria histórica, e incluso su nombre, es patrimonio nacional que pertenece a todos los españoles. Santiago Ramón y Cajal, como cualquier español, se pertenece a sí mismo y a sus descendientes”, advirtió la nieta, que llegó a acusar al CSIC de “delitos de apropiación indebida”.

Poco después de su fallecimiento, han nacido dos proyectos para exponer la maltratada obra de Cajal. A comienzos de este año, el Colegio de Médicos de Madrid anunció que dedicará 1.500 metros cuadrados de su sede a la creación de un Museo Cátedra Ramón y Cajal. Allí, en el número 51 de la calle Santa Isabel, el neurocientífico impartió clase durante 30 años en un aula con bancos corridos de madera que permanece prácticamente intacta.

Ese emplazamiento —un edificio histórico monumental en el eje museístico de Madrid, junto al Reina Sofía— era ideal para un museo nacional dedicado a Cajal y sus discípulos, pero el CSIC ha preferido montar su propia sala de exposición. Tras décadas de olvido, Madrid tendrá de golpe dos museos incompletos consagrados a Cajal. “Esto es un insulto a la inteligencia”, opina Santiago Ramón y Cajal Agüeras, un patólogo del Hospital Universitario Vall d'Hebron, en Barcelona, que comparte nombre con el hermano de su bisabuelo. “Esos 220 metros cuadrados son un espacio totalmente insuficiente. Necesitamos un único museo nacional”, sostiene.

Teresa Ramón y Cajal, bisnieta del genio y oncóloga del hospital barcelonés de la Santa Creu i Sant Pau, es pragmática: “Prefiero que el legado se exponga en una sala de 220 metros cuadrados a que esté embalado en cajas. Ya es más de lo que se ha conseguido en 30 años”.

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